domingo, 20 de septiembre de 2026

LA TRANSCANTÁBRICA: UN VIAJE DE FARO A FARO_2026

 


Las mejores salidas son aquellas que, por mucho que las hayas preparado sobre el mapa, todavía consiguen sorprenderte cuando empiezas a recorrerlas. Son esos viajes en los que cada curva puede esconder un paisaje inesperado, una carretera perdida entre montañas, un valle que no imaginabas, un río, una playa o una pequeña cala que aparece de repente ante tus ojos.

Y si hablamos de recorridos capaces de ofrecer todo eso, La Transcantábrica ocupa, sin duda, un lugar especial. Un auténtico paraíso para disfrutar de la moto, de las carreteras y, sobre todo, de unos paisajes que parecen diseñados para ser recorridos sobre dos ruedas.

La Transcantábrica es un impresionante viaje en moto de Este a Oeste por el norte de España. Un recorrido de poco más de 1.200 kilómetros que atraviesa los paisajes de Euskadi, Cantabria, Asturias y Galicia.

Una ruta de faro a faro, desde el faro de Cabo Higuer, hasta el faro de Ortigal o el de Finisterre, pasando por algunos de los lugares más espectaculares de la costa cantábrica y del interior del norte peninsular.

El punto de partida se encuentra en el faro de Cabo Higuer, en Fuenterrabía, Guipúzcoa. Un lugar de una belleza especial, casi solitario, rodeado por un lado por el intenso verde de las montañas y, al otro lado, por la inmensidad del mar Cantábrico.

Desde allí comienza un trazado que forma parte de algunos de los recorridos moteros más completos, variados y espectaculares del norte de España.

A medida que avanzamos, la carretera comienza a serpentear entre montañas, laderas y bosques para, en cuestión de kilómetros, asomarse a acantilados, playas y pequeñas calas. Un escenario cambiante que parece extraído de una fantasía.

En ocasiones, La Transcantábrica se introduce en el corazón de profundos valles,  para poco después, comenzar a ascender hacia algunos de los puertos de montaña más altos, para seguidamente descender hasta el nivel del mar, siguiendo una sucesión de playas y calas, que aparecen ante nosotros como auténticos regalos del camino.

Es una ruta que atraviesa una naturaleza que todavía conserva buena parte de su carácter salvaje, pero que al mismo tiempo ofrece una belleza difícil de olvidar. Quizá por eso, cuando la recorres en moto, resulta fácil comprender por qué la Transcantábrica consigue enamorar a quien se atreve a recorrerla.

Entre las muchas joyas que encontramos durante el recorrido destaca el desfiladero de Beyos.

Un profundo, estrecho y serpenteante cañón fluvial de aproximadamente 12 kilómetros de longitud, por el que discurren las aguas del río Sella.

La carretera se abre paso entre enormes paredes de roca y una vegetación exuberante, creando un escenario tan espectacular que resulta difícil concentrarse únicamente en conducir. Es uno de esos lugares en los que, inevitablemente, te ves obligado mirar dos veces.

-Porque hay paisajes que simplemente los atraviesas y otros, que se quedan en la memoria.

El proyecto

En principio, Alfonso e Isidoro decidimos embarcarnos en este faraónico proyecto: recorrer la Transcantábrica de principio a fin.

Pero queríamos hacerlo de una manera un poco más ambiciosa.

Nuestro viaje tendría algo más de 3.300 kilómetros, partiendo desde Murcia rumbo al faro de Higuer, donde comenzaríamos oficialmente La Transcantábrica. A partir de ahí, alternaríamos recorridos por el interior con tramos costeros, buscando no solo completar la ruta, sino disfrutar al máximo de cada kilómetro, de cada paisaje, de cada lugar.

El objetivo final: llegar al faro de Finisterre y después, poner rumbo de nuevo hacia Murcia atravesando el interior de España, pasando por lugares como la Ribiera Sacra, Salamanca, Toledo, Hellín y otros muchos puntos del camino. ¡Pero esa ya será otra historia!

Preparando la aventura

Todos los viajes en moto que se precien, comienzan mucho antes de arrancar los motores, en la confección de un proyecto que culminará en el viaje real.

Primero decidimos las fechas. Después tocó consultar la previsión meteorológica. Preparar los tracks. Estudiar los recorrido. Calcular las etapas. Buscar alojamientos y reservar los primeros hoteles.

Y, por supuesto, ese interminable listado de pequeños detalles que siempre aparecen cuando preparas un viaje de varios días en moto.

Queríamos conocer la Transcantábrica en profundidad, sin limitarnos simplemente a recorrerla por carreteras más o menos turísticas, por el contrario nuestro objetivo fue salir de ellas y transitar por esas que no son las habituales, las comerciales, las turisticas.
Por eso decidimos dedicarle cinco días, intentando coronar el mayor número posible de puertos, visitar los faros más importantes y detenernos en aquellos lugares que realmente merecieran la pena.

Sobre el papel, una media de 300 kilómetros diarios no parece una cifra especialmente exigente.

Pero una cosa es hacer 300 kilómetros por carreteras rápidas y otra muy diferente recorrerlos por carreteras de montaña, caminos rurales y trazados costeros plagados de curvas.

Aquí, cada kilómetro cuenta de una manera diferente y cada curva puede convertirse en una pequeña aventura.

Las cinco etapas de la Transcantábrica

Primera etapa
Faro de Higuer – San Sebastián – Liérganes

Segunda etapa
Liérganes – Reinosa – Cangas de Onís

Tercera etapa
Cangas de Onís – Gijón - Luarca

Cuarta etapa
Luarca – A Coruña

Quinta etapa
A Coruña – Finisterre

A estas cinco etapas habría que añadir los kilómetros necesarios para llegar desde Murcia hasta el faro de Higuer y, posteriormente, regresar desde Finisterre hasta casa.

En la vuelta tenemos previsto atravesar Galicia y Castilla y León, pasando por Monforte de Lemos, Salamanca, Toledo, Hellín…

Pero esos kilómetros de ida y vuelta son, en realidad, otra aventura.

Se acerca el día de salida, todo estaba preparado.  Los tracks cargados, las etapas estudiadas, los alojamientos reservados y las motos listas.

La fecha elegida: domingo 6 de septiembre. La hora: 7:00 de la mañana. El punto de encuentro: la E.S. Las Salinas, nuestro lugar habitual de reunión del grupo.

Por delante nos esperaban siete días de viaje, más de 3.300 kilómetros y un recorrido a través de todo tipo de carreteras, paisajes y lugares.

Pero, sobre todo, nos esperaba la incertidumbre de saber qué encontraríamos a lo largo del recorrido, porque esa es, al fin y al cabo, la verdadera esencia de viajar en moto:

tener un recorrido marcado en el GPS, pero dejar siempre un pequeño espacio para que el camino te sorprenda.

-. Y nuestro camino comenzaba rumbo al norte.



Día 6 septiembre 2026 (domingo):

Nos encontramos un poco antes de la hora de salida en el lugar habitual la E.S. Las Salinas; tras el saludo, comentarios y un vistazo a las motos, nos colocamos el casco, activamos  el GPS, ponemos el track correspondiente al día de hoy, arrancamos las motos e iniciamos la aventura.
Nos dirigimos hacia la localidad alicantina de Pinoso, para continuar por Yecla hasta Almansa, una magnífica y solitaria carretera, que es muy conocida para todo el grupo de RIDERS OF MURCIA.
La mañana se presenta fresca, con una ligera brisa y el cielo completamente despejado. Las motos avanzan de forma fluida y ágil por estas carreteras, enlazando curvas con facilidad y transmitiéndonos una agradable sensación de confianza, ya que los neumáticos nuevos nos permiten aprovechar al máximo el agarre en cada trazada, disfrutando de una conducción cada vez más suelta a medida que acumulamos kilómetros.

Rápidamente alcanzamos Almansa y, gracias al escaso tráfico, cruzamos con facilidad las localidades de Ayora, donde hacemos nuestra primera parada para descansar y almorzar. 


 Tras esta corta parada continuamos hacia Cofrentes, dominada por las dos colosales torres de refrigeración de su Central Nuclear, y posteriormente Requena y Utiel.


Desde aquí, la N-330 nos conduce hacia un paisaje cada vez más abierto y montañoso, alternando largas rectas con tramos sinuosos entre campos, barrancos y suaves sierras. Atravesamos Sinarcas y Talayuela, para continuar después hacia Villel, donde el paisaje se vuelve más agreste y sus montañas de un color rojizo y las carreteras comienzan a ganar protagonismo sobre las montañas.



Finalmente, tras recorrer este largo tramo de la N-330, desembocamos en Teruel. Desde aquí y siguiendo la carretera N-234 nos dirigimos directamente a Calamocha y Daroca. Para seguir por la AN-330 y posterior N-122, cruzando las localidades de Cariñena, donde paramos a comer, Fuendejalón y Mallen. A partir de aquí seguimos las carreteras convencionales NA-126 y NA-134 entre Mallén y Valtierra (Navarra) conduciendo principalmente por paisajes llanos y de carácter rural, atravesando la Ribera de Navarra. Una carretera que nos sorprende porque discurre por un lado entre paisajes de campos de cultivo y por el otro un paisaje de grandes Badlands, terrenos arcillosos muy erosionados, de formas onduladas y barrancos, que ofrecen un paisaje árido y singular, a su vez, esta carretera tiene pocas curvas y desniveles suaves.

El ánimo está muy alto, las motos funcionan a la perfección y nosotros nos encontramos con muchas ganas de seguir avanzando, de llenar nuestras retinas de paisajes, aunque a pesar de que el tiempo nos está acompañando, el calor empieza a notarse.
Desde Valtierra seguimos por la N-121, pasan rápidamente las localidades de Olite, Tafalla y sin darnos cuenta entramos el ciudad de Pamplona, capital de la Comunidad Foral de Navarra.
Tras atravesar esta ciudad seguimos por la carretera N-240A, poco después y tras un despiste debido al cansancio, entramos en la autovía de pago AP-15, para abandonarla poco después y tras un breve recorrido por la N-240A, llegamos a Irurzun, nos encontramos en medio de la merindad de Pamplona, a la salida de esta localidad volvemos a entrar en la autovía A-15 y seguimos por ella hasta la salida 166 Hernani.
Este tramo de autovía tiene una longitud aproximada de 52 kilómetros, atravesando un paisaje muy montañoso, discurriendo entre las sierras de Aralar y montañas de la zona de Larraun. Vemos una masa forestal compuesta por robledales y hayedos. La autovía discurre en parte por el corredor del valle de Leitzaran, aquí el paisaje se torna todavía más cerrado y húmedo. Es un tramo especialmente bonito, repleto de paisajes de montaña con profundos barrancos y densos bosques cubiertos de vegetación.
Dejamos la A-17 y seguimos en dirección a Astigarraga, para ir en busca de la pensión del mismo nombre, donde nos atiende una agradable y muy simpática recepcionista que nos dá unas agradables y limpias habitaciones. Las motos nos deja meterlas en un garaje interior y sin coste alguno.
Tras una reconfortante ducha y unos instantes de descanso sobre una cómoda cama de matrimonio, quedamos para acercarnos a un bar/restaurante próximo llamado Iretzs. Tras tomar algunas cervezas con su correspondiente pincho volvemos, para descansar y estar preparado para la primera etapa de La Transcantábrica 2026.

Día 7 septiembre 2026 (lunes):

Arrancamos por la mañana en Astigarraga y tras atravesarla bajo un cielo encapotado, tomamos la carretera GI-2132, circunvalamos Errenteria, famoso por su pasado industrial. Seguimos el recorrido por la carretera GI-636 hasta llegar a las puertas de Hondarribia y desde aquí por la GI-3440 y con un precioso paisaje de la playa de Hondarribia y el mar Cantábrico, llegamos a nuestro primer punto de destino y salida de La Transcantábrica_2026.





Tras las fotos de rigor y con una gran ilusión que se manifiesta en nuestras caras, comenzamos el itinerario de hoy descendiendo hasta un cruce en el cual giramos a la derecha y nos introducimos por unas sucesión de calles, hasta alcanzar la calle Baserritar Etorbidea, en el barrio de Akartegui. Nos introducimos por ella y pronto descubrimos que sigue una serie de estrechas y empinadas cuestas que discurren entre preciosos y densos bosques, atravesando esta zona de Akartegui desembocando en la carretera GI-3440.



A partir de aquí seguimos por una preciosa carretera paisajística que discurre a través de la sierra de Erramuz, la niebla aun se mantiene.  Conducimos por una carretera que va bordeando las faldas del monte Jaizkibel y desde su cumbre comenzamos un suave y sinuoso descenso hasta el puerto de Pasaia. A lo largo de este tramo nos acompañan a un lado laderas de un verde intenso donde pastan ovejas, vacas y algún caballo, mientras que al otro lado tenemos unas panorámicas del mar Cantábrico.



Como estamos sin tomar nada, aprovechamos y hacemos una parada para almorzar en esta población de Pasaia; tostadas y café con leche, para no perder la costumbre y tras ello de vuelta a las motos.
Desde aquí seguimos una confortable carretera que en poco más de 11 kilómetros nos deja en la famosa playa de La Concha en San Sebastián. A partir de aquí conducimos suavemente disfrutando de las vistas hasta llegar al final de la misma, pasado un corto túnel. Aquí paramos para hacernos unas fotos y disfrutar del entorno marino.







Después de este corto receso, volvemos a nuestras monturas y proseguimos el recorrido por el paseo de Kristobál Balenciaga, en honor a este célebre diseñador de alta costura. Esta estrecha y sinuosa vía es en realidad una carretera de montaña reconvertida en paseo residencial y turístico. Serpentea de forma ascendente por la ladera del Monte Igeldo y discurre a través de una frondosa vegetación arbórea con algunos prados y caseríos tradicionales. Según vamos ascendiendo por ella tenemos unas preciosas vistas del mar Cantábrico.

Pasado Igueldo y en un cruce poco o nada señalado, nos lo pasamos y al rectificar nos equivocamos de carretera, debido a ello volvemos a San Sebastián. Desde aquí y para no perder mucho tiempo tomamos la autovía AP-8 hasta la salida 38 en Inurritza. En esta localidad volvemos a tomar el recorrido original y continuamos por la carretera N-634. Esta carretera discurre junto al mar, a través de un entorno de acantilados, es una carretera sinuosa, llana, con bastante tráfico que nos obliga a ir despacio siguiendo las muchas autocaravanas que nos encontramos a lo largo de este recorrido.
Es un tramo corto, cómodo y regulado por las velocidades propias de una travesía urbana, que se pasa rápido por las vistas de la mar que tenemos en todo momento.



Para darle descanso a las motos y a sus pilotos, hacemos algunas paradas para disfrutar de las vistas náuticas y dejar que avancen las autocaravanas.


Siguiendo en todo momento esta carretera N-634 llegamos a la localidad de Zumaia, cruzamos el río Narrondo, que es un pequeño afluente del río Urola, a partir de aquí dejamos atrás la costa, pero por poco tiempo, y ponemos rumbo a la localidad de Elorriaga Auzoa, una pequña aldea rural perteneciente a un barrio de Deba. El recorrido por este tramo tiene algo menos de curvas, paisajes amplios y verdes.
Cruzamos la población de Itzia y desembocamos en la población pesquera de Deba. Una encantadora localidad costera situada en la desembocadura de río Deba. Como hasta ahora, el entorno combina los paisajes costeros con montes verdes.
Ahora el recorrido vuelve a llevarnos nuevamente a la costa, en esta ocasión a la población pesquera de Ondarroa. Entramos atravesando un amplio puente metálico próxima a su puente Viejo y al salir giramos a la derecha, para continuar por una de las principales calles, el paso de las motos es rápido y el sonido de las mismas atraen las miradas de los que se encuentran sentados en las terrazas de los varios bares que se encuentra a lo largo de la calle. Al salir de esta población con sabor medieval y marinera, apreciamos a nuestra derecha su puerto y la pequeña playa de Arrigorri.

Continuamos costeando por la carretera GI-3438 hasta alcanzar la localidad de Lekeitio, este tramo de carretera que discurre a través de un entorno rural muy verde y costero, con un relieve bastante accidentado, disfrutando de unas vistas privilegiadas ya que pasamos cerca de acantilados y calas.
A partir de aquí proseguimos por la cómoda y bonita carretera BI-3238. Poco después pasamos por la histórica localidad de Gernika-Lumo, para continuar por Amorebieta y llegar seguidamente a Portugalete, donde entramos en la autovía A-8.
Pasamos por Ortuella, Castro Urdiales y poco después salimos en la localidad de Islares, con el fin de buscar un lugar para comer, y lo hacemos en el restaurante “taberna de Elisa” un lugar agradable, donde somos tratados con mucha amabilidad y comemos un menú abundante y rico, probamos de postre una suave tarta de queso con orujo, pero sin alcohol. ¡Estaba riquísima y muy recomendable!
Tras la suculenta comida, algo más descansados y con el espíritu alto, volvemos a la A-8 y continuamos hasta la salida 202/Pámanes.
Desde aquí y por la CA-160 hasta el Hotel en Liérganes.

-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 280 km.

Tras una reconfortarle ducha y unos momentos de relajación, nos dedicamos a recorrer esta preciosa e histórica localidad.



Liérganes tiene el orgullo de ser clasificada como uno de los pueblos más bonitos de España; declarado de interés histórico-artístico nacional en 1978, concentra una valiosa arquitectura clasicista de los siglos XVII y XVIII, fruto del auge económico de la fábrica de cañones.



Liérganes y su historia están ligados a la leyenda del Hombre-Pez, que como todas las leyendas tiene algo de real (su protagonista, Francisco de la Vega) y algo de ficción (su variado final). Francisco de la Vega nació en esta localidad en 1660 y, tras arrojarse al río Miera, desapareció en el Cantábrico. Cuentan que fue localizado años después, perdida la razón y el habla, en la bahía de Cádiz.
Una estátua recordando a este personaje se encuentra junto al puente romano sobre el río Miera. 





La parte vieja de Liérganes (El Mercadillo) es conjunto histórico-artístico e incluye, además de las casonas populares, el Palacio de Rañada o Cuesta-Mercadillo, la iglesia de San Sebastián, la parroquial de San Pedro Ad Víncula, las casas de los Setién y los Cañones, las capillas del Humilladero y el Carmen y el puente nuevo.






Día 8 septiembre 2026 (martes):

Nos levantamos pronto y salimos temprano, hay previsión de lluvia a partir de las 5 de la tarde, y pretendemos llegar a Cangas de Onís antes de esa hora.
Lo primero es volver a la localidad de Pámanes para llenar los depósitos de combustible en la única gasolinera que se encuentra abierta a estas horas.  Aprovechando para desayunar un tazón de café con leche y un croasen.
Volvemos a las motos y reandamos lo andado hasta Liérganes, a partir de aquí proseguimos por la carretera CA-260. Aún no ha amanecido y la mañana es fresca, tenemos algo de niebla que se va espesando según vamos ascendiendo. 
A esta hora de la mañana se ve poco, pero se aprecia en parte los lugares por donde pasamos, los bosques que atravesamos, las pequeñas localidades que cruzamos sin nadie en sus calles, el ambiente es tranquilo y el silencio lo inunda todo, tan solo roto por el sonido de nuestros motores a su paso.

Vamos conduciendo por una estrecha y sinuosa carretera casi sin elementos de señalización ni arcén, comenzamos un sinuoso ascenso hasta alcanzar el alto del Caracol, un puerto de montaña de 815 metros de altitud que une los valles del Pisueña y del Miera.
Hace tiempo que ya ha amanecido, pero a pesar de que la luminosidad ha mejorado, la niebla persiste y no nos deja apreciar los paisajes desde esta altura. 

Vista del Alto del Caracol.

Alto del Caracol.

Continuamos ascendiendo por esta serpenteante carretera ahora con mejor firme y algo más ancha, llegamos al mirador de Campillo; aquí nos encontramos con un impresionante punto panorámico situado en el barrio del Campillo, perteneciente al municipio de Selaya, en Cantabria. 

Vista de El Castro Valnera.

Seguimos por esta preciosa y serpenteante carretera, para poco después llegar a la localidad de Selaya. Desde aquí comenzamos un suave descenso, para poco después llegar al puerto de Braguía y volver a paramos en el mirador del mismo nombre.  Situado a 750 metros de altitud, la niebla se va disipando momentáneamente, por lo que, nos permite contemplar una panorámica de parte del valle del Pas, con prados verdes y cumbres como el castro Valnera.
Circulamos muy despacio y muy atentos al encuentro entre la niebla de alguna de las muchas vacas que pastorean por la zona o caballos que pacen.   La niebla vuelve a cubrirlo todo y se hace aún más espesa, no nos podemos distraer ni un momento, la circulación por esta carretera ahora es sumamente complicada y arriesgada. Es evidente que no podemos apreciar los paisajes por la densa niebla, y es por ello, que ponemos todos nuestros sentidos en la carretera.

Puerto de Bragui.


vistas de Valle del Pas, desde el Puerto de Praguia.

Vistas del valle del Pas, desde el Puerto de Braguia.

Proseguimos por esta carretera de montaña que discurre por la zona de Entrambasmestas, una vía estrecha y muy sinuosa, con numerosas curvas cerradas y tramos donde la visibilidad es limitada. En este tramo especialmente la niebla se hace aún más espesa, por lo que disminuimos la velocidad y aumentamos la atención.
Antes de desembocar en la carretera N-623, pasamos primero por el Puerto de La Magdalena, con una altitud de 952 metros y que marca el límite entre Burgos y Cantabria.

Llegada al Puerto de La Magdalena.




Después de una fuerte y corta pendiente descendente, confluimos en la carretera N-623 junto al enorme embalse del Ebro; ahora seguimos por ella para conocer el famoso monumento de un pasado reciente que fue la guerra civil española, queremos visitar la “Pirámide de los Italianos”.
Es un imponente mausoleo de 20 metros de altura situado en el puerto del Escudo, en la provincia de Burgos, construido entre 1938 y 1939 con forma piramidal, se levantó por orden del régimen franquista e italiano, con el fin de acoger los cuerpos de los 400 soldados italianos ( Corpo di Truppe Volontarie) caídos en combate en la zona.



Debido a la densa niebla no podemos apreciar dicho monumento, pero si percibimos una fuerte sensación de misterio y respeto, por la historia militar que acaeció en este punto.
Volvemos al cruce anterior y tomamos la carretera CA-171 en dirección Reinosa, momento en que apreciamos que la niebla va desapareciendo, dejando ver el inmenso embalse de aguas azul turquesas del Ebro.
Semejante a un mar en miniatura, el embalse del Ebro es una de las masas de agua artificiales más grandes y con mayor volumen de España. Es un paraíso ornitológico en el que numerosas especies de aves, especialmente acuáticas, utilizan sus aguas y humedales como zonas de cría y de invernada. 
La carretera discurre por la margen Norte de dicho embalse, ancha, con buen firme y abundante señalización. Estas características y la desaparición de la niebla favorecen el aumento de ritmo y el disfrute de la conducción con las vistas de las aguas del embalse.
Nuestro próximo destino es la localidad de Reinosa, una distancia de poco más de 23 kilómetros que separan el anterior cruce con esta localidad burgalesa, durante los cuales cruzamos las pequeñas localidades de La Población, La Costana y Orzales, entrando en Reinosa.
Reinosa es una pequeña población de apenas 22 habitantes censados, perteneciente a la comunidad de Castilla y León, con una pequeña iglesia, una fuente de piedra y un lavadero público.
Pero lo que sí encontramos es un lugar propicio para descansar, a la entrada y junto a una buena Estacion de Servicio, encontramos la cafetería “Las Ruedas”, donde tienen una buena colección de tortillas de patatas de diferentes sabores. Son rápidos y eficientes en atender al público, que en esos momentos se encuentra bastante concurrido. Nos pedimos unos pinchos de tortilla de las muchas que tienen y un buen tazón de café con leche.
Recuperados volvemos a las motos y proseguimos por la carretera CA-183 en dirección hacia el valle de Cabuérniga, para ir en busca de una de las joyas de la ruta de hoy, me refiero al desfiladero de La Hermida.
Pero antes pasamos por el Puerto de Palombera.
La carretera asciende entre preciosos y extensos bosques de haya que cubren las laderas.



Este alto de montaña está situado a 1.260 metros de altitud en la Cordillera Cantábrica, dentro del Parque Natura de Saja-Besaya, en la carretera CA-280. En este punto los árboles altos desaparecen para dejar paso a amplias praderas donde vemos que pastan con tranquilidad algunos caballos.



Paramos las motos y nos preparamos para disfrutar de los paisajes. El ambiente en este lugar es de absoluta tranquilidad, con un profundo silencio roto solo por el viento y el paso de algún ciclista.
Desde aquí tenemos una vista panorámica espectacular y despejada sobre la inmensidad verde del Valle de Cabuérniga y la Reserva del Saja.


La magia y la paz de este lugar se rompe en el instante que aparece otro grupo de moteros, que también han elegido este lugar para hacer una parada de descanso y poder disfrutar de estos paisajes.

Tras saludar al grupo motero seguimos carretera y poco después llegamos a otro de los abundantes miradores que por esta zona se encuentran, en esta ocasión es el Mirador de Cardosa.
Este se encuentra a una altitud de 1040 metros, consiste en una pequeña plataforma de piedra y madera, un espacio accesible, tranquilo y silencioso, desde donde admirar una espectacular panorámica de la Cantabria más verde e indómita de estos barrancos y valles altos de Saja, Nasa y Campoo.




Desde aquí el paisaje es impresionante: debajo de nosotros aparece una sucesión de laderas cubiertas de bosques de hayedos y robledales, con el valle al fondo y las montañas cerrándolo todo.

Nos ponemos los cascos, ajustamos los guanes, arrancamos y dejamos que las motos comiencen a caer suavemente hacia el valle, sin prisa, disfrutando de esta belleza de panorámicas.

Seguimos por esta sinuosa carretera CA-280 que continúa retorciendose, no buscamos velocidad y trazadas rápidas, sino por el contrario, ir despacio para poder admirar estas montañas. Este suave descenso nos lleva hacia el Valle de Cabuérniga.

Según vamos descendiendo la masa forestal se hace más densa, en ocasiones la sensación es casi de túnel vegetal.
A esta hora aún el cielo permanece casi totalmente despejado, la temperatura es idónea para ir en moto, el asfalto está totalmente seco y el ánimo muy alto. Tenemos intención de seguir al ritmo que nos permite la carretera y las condiciones, porque sabemos que al final de la tarde, tenemos previsión de lluvia y queremos que nos pille la menor cantidad de tiempo posible.

A medida que perdemos altura el bosque se abre, apareciendo más prados y zonas abiertas. El verde intenso se va transformando en colores ocres, amarillos y rojizos.
Pasamos la pequeña localidad de Saja y seguimos hacia la aldea de El Valle, la carretera es más cómoda, con tramos más rectos, a lo largo de este trecho no encontramos casi tráfico, algo que nos permite disfrutar mucho más del recorrido, pero sin olvidar que seguimos en una sinuosa carretera de montaña.

Cruzamos la localidad de El Valle, desde aquí la carretera toma una dirección hacia el Oeste, continuando hacia la población de Puentenansa. Esta tranquila población ubicada en lo más profundo de este valle por donde discurre el río Saja y confluye el arrollo Rubial, tiene una gran riqueza paisajística y su población se encuentra muy vinculada a la agricultura y ganadería.


En esta localidad hacemos otra pequeña parada para descansar a la vez que aprovechamos para repostar en una gasolinera de Petronor.
Cruzamos el puente y la carretera toma ahora un rumbo Oeste en dirección a la localidad de La Hermida, nos dirigimos hacia uno de los tramos más hermosos e interesante de la ruta de hoy y de la Transcantábrica, me refiero al desfiladero de La Hermida, que junto con el de Beyos son las joyas de la corona.



Seguimos ahora por una vía estrecha y sinuosa de montaña durante unos 30 kilómetros, que nos separan de la población de La Hermida. Un tramo con muchas curvas algunas de ellas cerradas y con fuertes desniveles, pero en compensación observamos una gran belleza paisajística y rural.
Atravesamos los términos de Quintanilla, La Fuente, Rionansa, Lamasón, Peñarrubia, Piñeres y Linares; en esta última hacemos una pequeña parada para descansar y la aprovechamos para refrescarnos con un acuario y una cerveza sin alcohol, en el restaurante “El Garaje”, -donde nos clavan bien-. 
El cielo comienza a cubrirse de nubes, no amenazantes por ahora, pero si notamos el aire más fresco y húmedo, síntomas de una no muy lejana tormenta.
Seguimos por esta preciosa y curvilínea carretera durante unos 5 kilómetros, en los cuales afrontamos algunas curvas muy cerradas, casi de 180º, me recordarón a los famosos Tornanti de los Alpes Italianos.  Seguidamente llegamos a la localidad de La Hermida.
La Hermida es una pequeña población de casas de piedra y tejados de teja roja, que se encuentra en el fondo del desfiladero del mismo nombre, un profundo cañón de altas paredes esculpido por el río Deba.
Una tranquila y apacible localidad que vive del turismo rural activo, es famosa por su balneario termal, sus rutas senderistas y su vía ferrata, que realicé junto con Rosario en el año 2018.


Cruzamos el río Deba por un puente para continuar por su otra margen, siguiendo la carretera N-621 en dirección a Potes.
Nada más pasar al otro lado hacemos otra nueva parada para admirar este desfiladero de paredes de roca caliza de más de 600 metros de altura a lo largo de más de 20 kilómetros, formando el desfiladero más largo de España.


Vista del río Deba.



Este tramo es corto pero el entorno por donde discurre es espectacular, es una carretera que sigue el curso del río Deba, con curvas, algún túnel y tramos muy estrechos, su firme es bueno y nos permite circular con normalidad, disfrutando del paisaje, pero con atención.
Al llegar a la altura de Lebeña, el valle comienza a abrirse y aparecen las primeras panorámicas de Liébana, ya queda poco para alcanzar la localidad de Potes.
Vamos sin prisas, pero sin pausa, más por la proximidad de la lluvia que por ganar tiempo, pero eso no es óbice de disfrutar de las vistas y cuidar la conducción por esta vía de montaña.
A partir de Potes la carretera se hace más sinuosa y comienza un fuerte ascenso hacia el Puerto de San Glorio, uno de nuestros objetivos y de cualquier motero que se precie.
Durante el ascenso al mirador de San Glorio, siento una mezcla de adrenalina, libertad y emoción, mientras la carretera serpentea entre montañas, valles y paisajes cada vez más imponentes. Una vez arriba, en el mirador, es el momento de la recompensa: nos inunda una sensación de plenitud, con los Picos de Europa extendiéndose ante nosotros.



Paramos junto a otros moteros y disfrutamos del momento, de las vistas y como no, de la sesión de fotocall.










Aunque el momento es grande y el ánimo muy elevado, tanto como la altitud de este puerto de montaña, 1609 metros, nos despedimos del lugar y sus gentes, volvemos a las motos y proseguimos la marcha.
Seguimos por la misma carretera nacional, llegamos al punto más alto de este puerto y comenzamos un sinuoso y tranquilo descenso hasta la localidad de Riaño, de la cual nos separan unos 35 kilómetros de una vía convencional de montaña, de un carril por sentido, con buen asfalto, amplias curvas y paisajes atractivos.
Poco después alcanzamos la entrada a la localidad de Riaño, una población perteneciente a la provincia de Leon, junto al embalse del mismo nombre. El pueblo actual fue reconstruido en los años 80 tras la construcción del embalse, que inundó el antiguo Riaño y varios pueblos cercanos.

Antes de entrar en dicha localidad tomamos un desvío y continuamos en dirección a la entrada de otra de las joyas del recorrido de hoy, me refiero al desfiladero de Beyos.
A la entrada de este desfiladero decidimos hacer una nueva y última parada, para gozar con las vistas hacia el embalse de Riaño y su espectacular entorno dominado por el esbelto Pico Gilbo, conocido también como “el Cervino leonés”.




Tras un breve descanso y algunas fotos, proseguimos por la carretera N-625 en dirección al Puerto del Pontón. Nos introducimos en el desfiladero de Beyos.
El cielo está totalmente cubierto de nubes negras, el ambiente es muy húmedo y un viento suave que presagian la próximidad inminente del inicio de la lluvia.  Se ha retrasado un poco de la hora prevista, y eso nos dá cierto aliciente para continuar y ver si podemos llegar a Cangas de Onis antes de mojarnos.






Iniciamos este último tramo a través de una de las carreteras de montaña más espectaculares del recorrido de hoy.
Volvemos a las motos y comenzamos un sinuoso ascenso progresivo hacia el Puerto del Pontón, situado alrededor de los 1.280 m., de altitud.

Una vez dentro de esta carretera el paisaje cambia, conducimos por una vía con muchas curvas, algunas muy cerradas, el firme es bueno y apenas encontramos tráfico. Avanzamos despacio disfrutándo del paisaje de los valles de Burón y Sajambre. Cruzamos la localidad de Vegacerneja, antes de afrontar la subida final al puerto. No paramos en el porque ya ha comenzado la esperada lluvia.  Muy cerca y en una curva cerrada vemos la Fuente del Infierno, considerada como el lugar de nacimiento del río Sella.
La lluvia empieza a ser cada vez más fuerte y decidimos que es el momento de parar para ponernos los impermeables.



Poco después de pasar el Alto del Pontón comenzamos un descenso suave, el asfalto es bueno pero está mojado y conducimos despacio, seguimos en dirección a Cangas de Onis.

Pasamos la localidad de Oseja de Sajambre, conducimos despacio, sin prisas, continua la lluvia y eso nos impide disfrutar totalmente de este atractivo tramo, que discurre por una carretera de montaña estrecha, sinuosa y encajada entre enormes y altas paredes calizas.
La carretera discurre casi en paralelo al curso del río Sella por un lado y por el otro, nos encontramos altas paredes con una abundante vegetación, es un entorno muy natural y poco urbanizado.
-Me recuerda mucho al paso por el cañón de Añisclo en Aragon, esculpido durante millones de años por el río Bellós- 
Tras cruzar la pequeña localidad de Santillan, teníamos previsto visitar el puente romano de Los Grajos, pero la lluvia arrecia y lo dejamos para mejor ocasión, queremos llegar cuanto antes, porque la previsión es que la intensidad de lluvia aumente a estas hora.
Desde este puente nos quedan a penas 10 kilómetros para alcanzar Cangas de Onis y con ello la llegada al hospedaje y fin de la etapa de hoy.

-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 335 km.


Día 9 septiembre 2026 (miércoles):

Después de una noche lloviendo fuerte y un buen descanso reparador, nos levantamos temprano y a las 7,30 ya estamos en marcha.  La ruta de hoy es fácil y relativamente corta, tenemos por delante una recorrido de 220 kilómetros, casi todos ellos siguiendo la costa Cantábrica. La carretera está totalmente mojada, aún persisten una fina lluvia que nos obliga a salir con el impermeable puesto.
Sabemos que la gasolinera de Repsol más próxima está abierta desde las 06.00 de la mañana y vamos a ella a llenar los depósitos.
La previsión meteorológica de hoy es de lluvia prácticamente todo el día, sin embargo y por un golpe de suerte, parece que se van a equivocar y vamos a tener una jornada sin agua.
Una vez repostados nos vamos a visitar el puente medieval de Cangas de Onis, posiblemente construido entre los siglos XIII y XIV, sobre un antiguo paso romano, de ahí que algunos lo conozcan como “el Puente Romano de Cangas de Onis”. En su arco central por donde discurre el río Sella, cuelga la característica cruz asturiana, con los símbolos alfa y omega, que significan el “Principio y el Fin”.



Seguimos ahora en dirección Arriondas, donde tenemos intención de tomar café. Pero parece ser que por estos lugares, las cafeterías, bares, restaurantes, etc., abren a partir de las 8,30, por lo que nuestro gozo en un pozo, no encontramos ningún lugar donde desayunar.


Atravesamos Arriondas y continuamos por una estrecha y sinuosa, pero preciosa carretera rural, que discurre entre un denso bosque formado por eucaliptos, hayas y robles. Por esta vía nos encontramos el asfalto aún mojado y algo de niebla, pero que no nos impiden seguir a buen ritmo y admirar los paisajes.


Seguidamente llegamos a otro de los lugares previstos, en esta ocasión el mirador de Fitú; un curioso balcón de hormigón construido en plena Sierra del Sueve, famoso por su estructura circular suspendida sobre un profundo cortado y que se eleva sobre el paisaje. Tiene una visión de 360º, desde la que se puede ver el mar Cantábrico, así como los Picos de Europa.







Un mirador encajado en medio de un bosque, que, a esta hora de la mañana, con algo de niebla y todo mojado, le da una apariencia casi fantasmal. Desde el se observan unos profundos valles verdes y las cumbres del Parque Nacional de los Picos de Europa.




Estando en ese precioso lugar empieza a mostrarse el arco iris, señal que nos alegra, porque es síntomas de que no volverá a llover.



Abandonamos este lugar y continuamos por la misma carretera rural ahora en dirección hacia Colunga y posteriormente Villaviciosa, la capital de la sidra asturiana.

Esta sinuosa carretera comienza con un suave descenso hacia el interior, atravesando brevemente algunas poblaciones y áreas rurales, los paisajes que atravesamos son verdaderamente atractivos, combinando en ocasiones las vista al mar con otras de verdes bosques y profundos valles.
Cruzamos las pequeñas poblaciones de Duesos, Colunga, Venta del Pobre, etc., para desde aquí desviarnos hacia la playa de Rodiles.




Vista playa de Rodile.

Esta playa es amplia y de arena dorada, rodeada de dunas, bosques y naturaleza. Se encuentra junto a la desembocadura de la ría de Villaviciosa e impresiona su entorno, sus olas y su ambiente tranquilo y natural.

Ria de Villaviciosa

Vista de la ría de Villaviciosa

Este lugar se merece un descanso más amplio, para disfrutar del entorno y de la ría de Villaviciosa, decidimos dar un paseo por una pasarela de madera que discurre paralela a una de las márgenes de la ría.

Vista de la desembocadura de la ría de Villaviciosa.

Desembocadura de la ría de Villaviciosa, bosques y parte de un playa.

Tras este descanso, de algunas fotos y del disfrute del lugar, volvemos a las motos y reandamos el tramo de carretera que nos ha traído hasta aquí, para continuar por la anterior carretera, ahora sí, en dirección a Villaviciona, que apenas la tenemos a 5 kilómetros.
Pasamos junto a la fábrica de la famosa sidra el Gaitero, la sidra asturiana, etc., cruzamos la población y continuamos por la carretera AS-256, que vuelve en busca de la costa.
Poco después dejamos esta carretera y nos desviamos por la VV-3; que nos lleva por distintas localidades y zonas rurales, entre ellas Villaverde la Marina y Careñes, con el fin de llegar y conocer la Playa España.


La playa de España: es una pequeña y tranquila cala a pocos kilómetros de Gijón. Está rodeada de verdes bosques de eucaliptos y otras especies, con acantilados bajos y vegetación atlántica. Hacemos otra nueva parada, tenemos tiempo de sobra, y nos dedicamos a pasear un poco por ella para disfrutar del paisaje, fotografiar y contemplar el Cantábrico.




Observamos que la carretera continúa ascendiendo por un acantilado que se encuentra a la izquierda de la playa y a través de un tupido bosque de eucaliptos.



¡Es una verdadera preciosidad el recorrido de hoy!
 
La carretera continúa ahora volviendo a introducirse un poco por el interior, para más tarde volver a la costa en dirección a la ciudad a orilla del Cantábrico y con gran tradición marinera, que es Gijón.
Circunvalamos lo mas posible su centro, pasamos junto al enorme complejo arquitectónico, conocido como La Universidad Laboral de Gijón. Construida en 1948 por el arquitecto Luis Moya, inicialmente se concibió como un orfanato para hijos de mineros fallecidos, para más tarde convertirse en un centro de formación profesional. En el cual tuve el placer de estar concentrado durante 2 semañana, preparando el campeonato de España de Piragüismo.
Tras callejear un buen rato, salimos por la zona Oeste de Gijón y tomamos la carretera AS-19, para confluir algo más adelante en la nacional AS-118 y continuar costeando en dirección a Cabo Peñas.



Pero antes hacemos otra nueva parada en el área recreativa mirador de Llumeres, aquí nos encontramos con una simpática pareja que acababan de estrenar una BMW R1300 GS de color negra. ¡Preciosa!
Desde este mirador tenemos unas preciosas vistas de la costa y de unas abandonadas casas que recuerdan el pasado minero de este lugar.





Continuamos por esta carretera que va dibujando la costa, con acantilados de cuarcita que superan los 100 metros de altura, el paisaje es prácticamente llano, cubierto de verdes prados, la carretera es muy buena, con señalización, amplias curvas que combina con alguna sorprendente recta y lo que más me llama la atención, el poco tráfico que encontramos a lo largo de ella.

Dejamos este lugar y continuamos hacia el Cabo Peñas, que lo tenemos a tan solo unos 4 kilómetros.
Ponemos rumbo a este mítico faro que toma el nombre del cabo donde está ubicado y que fue construido en 1852.  Para ello tomamos la carretera local GO-1 que atraviesan un paisaje eminentemente rural. El recorrido es especialmente atractivo, la carretera de acceso es estrecha y discurre a través de un paisaje abierto de praderas, que desemboca en un aparcamiento habilitado junto al faro. 


Tiene varias pasarelas de madera que permite recorrer la zona, nosotros tomamos una de ellas y nos introducimos en una zona poco más que abandonada y repleta de vegetación que nos impide acceder hasta los mismos acantilados, pero aún así, desde la zona del aparcamiento se puede disfrutar del paisaje que ofrece el mar Cantábrico en un día soleado y totalmente despejado.





Volvemos por la misma carretera en busca de la local AS-328 y continuamos por ella hasta la pequeña localidad de Camporiundo, donde tomamos la GO-9 que discurre siguiendo el perfil de la costa hasta llegar a la ciudad pesquera y comercial ligada a la pesca de Aviles.
Avanzamos por la parte industrial y portuaria de la ciudad, cruzamos la ría de Aviles por el puente de San Sebastián, también conocido como el puente de los Colores, y enlazamos con la carretera N-632.
Esta vía discurre siguiendo casi exactamente el perfil de la costa entre Aviles y Luarca, lugar de destino de esta etapa.
Es una carretera que transita siguiendo el trazado costero, una vía bastante sinuosa y que regala unos paisajes costeros encantadores.



Saliendo de Aviles la carretera nos lleva por un paisaje costero asturiano, con playas, prados, pequeñas colinas y antiguos núcleos mineros, como Arnao. Cruzamos las localidades de Soto del Barco, cruzamos el río Nalón por el puente de la Portiella, pasamos por la Pumariega, el paisaje empieza a ser mucho más espectacular, con acantilados, playas y bosques.
Continuamos hacia Las Dueñas y en el punto donde la carretera hace un giro de 90º a la izquierda, hay un pequeño espacio utilizado como mirador natural y desde el se puede ver la playa de La Concha de Artero.


A partir de aquí noto que la carretera es más sinuosa y por ello más divertida.
Dejo que la moto vaya sola, trazando las curvas con precisión y saliendo de una para encarar la siguiente, en un baile fluido entre la carretera, la moto y yo.

Cruzamos las localidades de Castañedo, Soto de Luiña, Novellana, Santa Marina, etc. La carretera continúa siendo estrecha, sinuosa, con continuas subidas y bajadas, atravesamos zonas boscosas y en numerosos momentos circulamos al lado de la A-8, incluso bajo los grandes viaductos de esta autovía.

Llegamos a la localidad de Cadavedo y continuamos carretera hacia Luarca.  Es prácticamente medio día y el estomago comienza a quejarse.  

 

Por fin entramos en la localidad pesquera de Luarca, la llamada Villa Blanca de la Costa Verde, con su puerto, casas blancas, barrios marineros y el cementerio situado sobre un promontorio que domina el Cantábrico.

Nada más entrar en este precioso pueblo pesquero llenamos los depósitos en una estación de Repsol que encontramos al inicio del mismo, seguidamente vamos en busca del hotel Rico, en el cual tenemos reservada la estancia para esta noche y lo encontramos en la plaza de Alfonso X el Sabio.

RECORRIDO POR LUARCA:

Tras llegar a la habitación del hotel, de una ducha reparadora y relajante, decidimos buscar un sitio para comer, son las 15,30 y el estómago no cesa de recordarnos que hay que comer. 
Decidimos ir a un restaurante que hemos visto junto a la estación de servicio Repsol, con el nombre “Estación café bar” y a pesar de la hora y de estar la cocina casi cerrada, muy amablemente nos sirven un estupendo menú, que acalla nuestro estomago.
Después un paseo hasta el hotel y luego de una buena siesta, decidimos darnos una vuelta por Luarca y subir hasta su faro.
Pasamos por el puerto, disfrutando de su ambiente náutico, subimos hasta una alta peña donde se encuentra el faro, con unas impresionantes vistas de la costa por donde hemos pasado esta mañana.




Junto al faro se encuentra la ermita de la Virgen Blanca, también conocida como la Capilla de la Atalaya, se encuentra en el promontorio de La Atalaya junto al faro y el famoso cementerio de la localidad.







-El cementerio de Luarca está considerado como uno de los más “pintorescos y atractivos” de España, debido a su especial ubicación sobre acantilados. En el se pueden encontrar diversos panteones de estilo modernista y cubista, muestra del arte funerario desarrollado en Asturias a principios del siglo XX.

Vistas de puerto pesquero de Luarca, desde el cementerio del mismo.




Después de este tranquilo paseo por esta parroquia asturiana perteneciente al concejo de Valdés, compramos algo de fruta, agua y algún recuerdo, y tras una agradable y larga charla en un banco de la plaza de Alfonso X el Sabio, volvemos al hotel a descansar para la etapa del día siguiente.

-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 220 km.





Día 10 septiembre 2026 (jueves):

Como está siendo habitual nos levantamos temprano y tras un magnífico desayuno en la cafeteria del hotel, subimos a las motos e iniciamos esta nueva etapa que nos llevará hasta A Coruña.

En diversas publicaciones, se comenta que la Transcantábrica finaliza en el faro del cabo Ortigal, otros argumentan que acaba en la Torre de Hercules en A Coruña, pero nosotros queremos finalizarla, como creemos que debe hacerse, en el mítico faro de cabo Finisterre, en el cabo del Fin del Mundo.

La ruta de hoy es prácticamente un recorrido siguiendo la costa cantábrica entre Luarca y A Coruña, salimos pasadas las 8 de la mañana, cruzamos nuevamente Luarca y continuamos por la carretera N-634 en dirección Vistalegre/La Ronda. A partir de aquí la ruta toma un rumbo prácticamente Oeste y discurre perfilando esta costa.



La carretera tiene un magnífico firme, buena señalización, varios y anchos carriles por sentido, con amplias curvas y buena visibilidad, aprovechamos estas condiciones para circular a un ritmo ágil.
La nacional discurre entre frondosos bosques de eucaliptos mayoritariamente, es un placer desplazarse por ella a estas horas tempranas y además con poco tráfico.
En ocasiones el paisaje cambia y aparecen amplios prados de un color verde intenso, de las que parecen florecer casas rurales de piedra.
Avanzamos rápidamente y llegamos a la localidad de Navia, una pequeña y dinámica villa marinera situada junto a la desembocadura del río Navia, a orilla del mar cantábrico.





Cruzamos la ría por el puente de Navia, que une esta localidad con la pequeña aldea de Espin.
Paramos y hacemos algunas fotos de este precioso lugar.





La mañana ha amanecido fresca y con el cielo algo nublado, pero no hay previsión de lluvia.
Continuamos por la misma carretera con rumbo casi Oeste, en dirección ahora a la población de La Caridad. La circunvalamos y proseguimos a buen ritmo y pronto llegamos a la Playa de Porcia.




Esta playa de Porcia es una playa pequeña y muy pintoresca, conocida sobre todo por su entorno natural y su desembocadura fluvial, está rodeada de verdes praderas, de acantilados bajos y vegetación que casi llega al nivel del mar. Es un lugar bastante tranquilo, un espacio de arena con pequeñas piedras y cantos, especialmente cuanto más nos acercamos a la desembocadura.


El paisaje de esta tranquila playa es muy agradable y nos proponemos disfrutarlo durante unos minutos


Desde aquí seguimos en dirección a Castropol, pasando antes por las localidades de Viacoba, Serantes, etc., desde Castropol queremos llegar a Ribadeo, bordeando la ría del mismo nombre.

Es un recorrido fácil, con preciosas vistas de la ría y de los montes aledaños. Llegamos a la localidad de Vegadeo, donde hacemos una parada para visitar la iglesia de Ntra. Sra. De la Asunción.








Acabada esta visita al interior de templo, volvemos a la carretera y seguimos en dirección a Ribadeo, que llegamos rápidamente a través de una rápida y cómoda carretera con algunas curvas interesantes.
Desde aquí seguimos por la N-634, que dejamos pronto para visitar un lugar junto al mar, solitario, apartado y con unas vistas increíbles del mar Cantábrico.
Llegamos al golfo de Masma en la localidad marinera de Rinlo. Hacemos una nueva parada en un mirador natural junto a unos acantilados y al pequeño muelle que sostiene el mar y salvaguarda la entrada a su puerto natural y sus casas tradicionales de pescadores.









Seguimos por una preciosa y estrecha carretera que sigue casi en paralelo los acantilados, para poco después introducirnos en una rota y rayada carretera de asfalto suelto, que limita unos campos de cultivo de panochas de maíz.
Tras lo cual enfilamos la entrada a la playa de las Catedrales, otro de los puntos previstos para visitar.
Aparcamos las motos en el espacio habilitado para ello, observamos la cantidad de coches y con ello de gente que hay en el lugar.












Seguimos por esta carretera que discurre casi en paralelo por la costa y nos saca nuevamente a la N-634, por ella continuamos en dirección a Burela.  Este tramo también discurre muy cerca de la costa, por lo que las vistas del mar son constantes y preciosas.
Poco después y siguiendo la misma carretera llegamos a la localidad marinera de Viveiro, junto a la ría del mismo nombre.
Cruzamos la ría por el puente de la Misericordia del S.XV, cruzamos esta pequeña y pesquera localidad perteneciente a la provincia de Lugo, para continuar costeando ahora por la carretera LU-862.
Todo un lujo conducir cerca de la costa, a través de una buena carretera con pocas curvas y maravillosas vistas.
Hacemos una nueva parada en el mirador de San Román, desde aquí podemos ver la entrada a la ría de Viveiro, por el Este apreciamos la costa de Xobe y por el Oeste la Punta Do Castro, conocida popularmente como Fociño do Porce, por la forma que tiene. Abajo podemos ver la playa de Esteiro, formada por un arenal con dunas.



Poco después bajamos hasta la pequeña localidad pesquera de 
O Barqueiro, situada en el fondo de la ría de O Barqueiro, junto a la desembocadura del río Sor, un lugar precioso y entrañable.


Descendemos hasta el mismo muelle y pasamos a través de sus casas de colores escalonadas sobre una ladera. Paramos unos momentos junto al espigón que forma su pequeño puerto y limita con la ría que le da el nombre.





Tras una breve parada dejamos atrás este precioso pueblo marinero y mariscador, para poner rumbo al famoso cabo de Estaca de Bares.

En unos minutos conduciendo por la carretera LU-862 llegamos al cruce que da acceso al cabo y al faro de Estaca de Bares, nuestro siguiente destino, del que nos separa una distancia de 7 kilómetros.
El faro de Estaca de Bares ubicado en el cabo que le da nombre, es el punto más al norte de la península ibérica, y el lugar donde se unen el mar Cantábrico con el Atlántico.
Nos introducimos por una vía cómoda, amplia, sinuosa y con un asfalto bien mantenido, que discurre bordeando la ría a los pies de la sierra Da Faladoira, rodeados de una vegetación arbórea de un verde intenso.
En este tramo, enrosco el acelerador y me dispongo a disfrutar con una sucesión de curvas que voy trazando una tras otra, inclinando la moto con fruición, hasta llegar al aparcamiento que hay en las inmediaciones del faro.







Una vez alcanzado el aparcamiento paramos las motos y nos disponemos a disfrutar de las vistas que nos ofrece esta atalaya. Unos acantilados imponentes, un mar azul infinito. Frente a nosotros una pequeña elevación donde se ubica el faro y sus instalaciones a más de 100 metros sobre el nivel del mar.






Este faro entró en funcionamiento en 1850 y su manejo aún está a cargo de un farero residente en el.



Volvemos a la carretera y continuamos nuestro recorrido siguiendo el perfil costero hasta llegar a la ría de Ortigueira, a partir de aquí la carretera toma una dirección hacia el Sur, hacia As Pontes de García Rodríguez.
Este tramo de aproximadamente 30 kilómetros de una magnífica carretera AC-101, que desde la costa se dirige hacia el interior, con un trazado ondulado y bastante sinuoso, con sucesivas curvas, cambios de rasante y zonas de subida y bajada, con una amplia calzada de varios carriles en cada sentido, abundante señalización y con unas vistas preciosas.

Sabiendo que mi compañero tiene el track en su GPS, que me sigue de cerca y no hay ningún cruce, me dispongo a realizar este trecho en solitario y a buen ritmo.  La visibilidad es muy buena y apenas hay tráfico a estas horas del mediodía. Comienzo acelerando el ritmo, trazando amplias y rápidas curvas, la carretera gana altura y el paisaje se vuelve más abierto. Voy adelantando a los pocos coches que me encuentro sin perder velocidad, noto el agarre de la moto sobre el asfalto y continúo mi marcha rápida, ascendiendo hasta alcanzar la zona más elevada del monte Caxado, donde aparecen grandes aerogeneradores.  Con el asfalto seco y buena visibilidad voy disfrutando de este momento, la sensación que me trasmite la moto sobre esta carretera es pura adrenalina y sentimiento de libertad absoluta. Sigo a un ritmo ágil, trazando curva tras curva, siendo consciente y preparándome cada inclinación, para mantener la velocidad dentro de la curva y aceleras a su salida.
A partir de la zona de los aerogeneradores comienzo un suave, rápido y controlado descenso hasta llegar a la entrada de la localidad de As Pontes de García Rodríguez, donde me paro para esperar a mi compañero y ya juntos acercarnos hasta el lago Das Pontes.



Aparcamos las motos y nos sentamos en un simpático columpio, que desde esta altura domina una basta extensión de este lago artificial, creado tras la restauración de una antigua mina de lignito a cielo abierto. Se llenó con agua de lluvia y de los cursos cercanos y, actualmente, es un espacio natural y recreativo de gran interés paisajístico, donde se práctica todo tipo de deportes náuticos y otros terrestres como el senderismo.








Prácticamente llevamos algo más de la mitad del recorrido de hoy, el ánimo está elevado y el ambiente es muy bueno.

Dejamos este precioso lago de aguas turquesas y continuamos por la carretera AC-564 en sentido Oeste y en dirección a la playa de la Magdalena en la desembocadura del río Eume.  La distancia que separa estos dos puntos es de aproximadamente 28 kilómetros de buena carretera, que hacemos a un ritmo agradable.  A penas nos quedan 38 kilómetros para alcanzar el final de la etapa de hoy.

Continuamos en dirección hacia A Coruña, el tráfico aumenta según nos vamos acercando, hacemos una parada para buscar un hotel. Alfonso encuentra uno magnífico en una zona industrial y próximo al inicio de la ruta del día siguiente. Se llama Hotel Costa Atlántico, tiene muy buena pinta e incluso dispone de un restaurante en sus instalaciones, donde pensamos comer a la llegada.
Ponemos la ubicación de dicho hotel en el GPS y dejamos que nos guíe hasta el.
Callejeamos un buen rato por la ciudad y sobre las 15,30 pasadas, llegamos al hotel; tras hacer la inscripción y sin descargar nada de las motos, nos acercamos al restaurante para comer, el hambre es mayor que el cansancio y lo primero es lo primero, saciar esta necesidad.
Acabada la comida, después de un café, un buen chupido de crema de orujo y una agradable sobremesa, subimos a las habitaciones a descansar y dar por finalizada la etapa de hoy.


-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 281 km.




VISITA A LA TORRE DE HERCULES Y RECORRIDO POR A CORUÑA.

Tras una buena ducha y siesta reparadora, quedamos para ir a visitar el histórico faro de La Torre de Hercules, para ello tenemos que cruzar prácticamente el centro de A Coruña, un caos de circulación con una intensa densidad de tráfico.
Finalmente llegamos al faro, aparcamos las motos y nos disponemos a disfrutar del momento. 




Ascendemos hasta la base del mismo y decidimos no subir por su interior, ya que ambos lo habíamos hecho en otras ocasiones y nos apetecía más disfrutar de sus exteriores y las vistas que desde allí se tienen del océano Atlántico, de la ría Da Coruña por un lado y por el otro la playa Do Orzán.





Después de un largo rato y finalizada la sesión fotográfica, volvemos a las motos y ponemos rumbo nuevamente al hotel, pero esta vez siguiendo por el paseo marítimo de la playa de Orzán, que es más largo, pero mucho más cómodo, con preciosas vistas náutica y menos estresante que circular por el centro de la ciudad.


Día 11 septiembre 2026 (viernes):

Se acerca el día del final de esta preciosa e intensa ruta de La Transcantábrica, hoy la finalizamos en el faro de Finisterre (el antiguo Fin del Mundo), en esta ocasión el fin de nuestro proyecto siguiendo la costa Cantábrica.

Nos levantamos temprano y desayunamos en el hotel, a las 8.00 ya estamos montados en las motos y buscando el inicio de esta nueva etapa.
Nos adentramos un poco en el casco urbano de A Coruña, para tomar la carretera AC-415.  Esta discurre inicialmente entre pequeños barrios del extrarradio, seguidos por pequeñas localidades como son: Covirán, Oseiro y Arteixo; a partir de este último dejamos la zona industrial y urbana, para ir en busca de lo que más nos gusta, conducir las motos por las zonas costeras.
Rápidamente cambia el paisaje y comenzamos a ver amplias extensiones de verdes prados y bosques de altos eucaliptos a un lado de la carretera, así como acantilados y playas de fina arena por el otro lado.
La carretera se mantiene como en días atrás, una vía estrecha, serpenteante, poco señalizada, de un carril por sentido y con poco tráfico.
Comenzamos un suave y sinuoso ascenso hasta el mirador de Caión, ubicado en el municipio de A Laracha, junto a la carretera DP-1909, es un espacio anexo a la carretera y abierto al horizonte marino, siendo un lugar de parada y panorámico.


Desde el podemos ver más abajo, la playa de Salseiras y la villa marinera de Caión, cuyas blancas edificaciones se apiñan en una pequeña península rocosa que se adentra en la mar.





Dejamos este lugar con tan bella estampa y seguimos por la misma sinuosa carretera, que discurre ahora en dirección hacia el interior, atravesando amplias zonas boscosas de altos y rectos eucaliptos, que es lo que más predomina por estos lugares. Es una carretera de un solo carril por sentido, con un buen asfalto y con algunas curvas.

 ¡Verdaderamente es un placer conducir por este lugar!

Rápidamente alcanzamos y dejamos atrás las localidades de: O Castelo, Pedrarubia, Requeixo y cruzamos Carballo, capital de la comarca de Bergantiños y considerada como la puerta a la costa da Morte.
Desde aquí seguimos por la vía convencional AC-552, que conecta A Coruña con Cee y es considerada como la vía de comunicación de la costa da Morte. Es de calzada única con un carril por sentido, por lo que mantenemos una cuidada conducción y más por la cantidad de cruces, intersecciones, rotondas, etc., que a lo largo de ella nos encontramos.
 Nos movemos sobre un relieve suave, bosques y valles, típico paisaje del interior de Galicia.
Según nos vamos acercando a Baio, la carretera vas siguiendo el curso del río Grande. Cruzamos la localidad de Baio.   La carretera y nosotros con ella, la cruzamos por su corazón urbano, lleno de semáforos, pasos de cebra y gente que a estas horas deambulan tranquilamente.
Proseguimos por la misma carretera ahora en dirección a la localidad de Cee, que se encuentra aproximadamente a 35 kilómetros, el relieve se muestra más accidentado y montañoso, por lo que la carretera se vuelve más sinuosa, con curvas más cerradas y con pendientes más fuertes. Atravesamos localidades como Vimianzo y Dumbria, discurriendo entre densas masas forestales, colinas rocosas y valles encajonados.
Concluimos en el núcleo urbano de Cee, donde decidimos hacer una larga parada para almorzar en la terraza de la cafetería “Verdia”.
Una vez finalizado proseguimos por la avenida Fisterra que sigue la AC-445, en dirección al faro de Finisterre.
Este tramo tiene una longitud aproximada de 16 kilómetros de una cómoda y agradable carretera asfaltada, que nos lleva en volandas hacia el “Fin del Mundo”.

Interiormente notamos el nerviosismo y la alegría por llegar a este histórico faro de Finisterre, muy conocido por ser el kilometro cero del camino de Santiago. A lo largo de este corto trayecto vemos una infinidad de peregrinos ascendiendo a pie hacia el faro.

La carretera tiene muy buen asfalto, es de un carril por sentido, serpentea siguiendo el perfil de la costa, ofreciendo unas preciosas vistas de la Ría de Corcubión y del océano Atlántico, sobre todo hoy, que tenemos la suerte de que hace un día luminoso, con un horizonte limpio, un cielo sin nubes y una suave brisa marina, que juntos hacen, que la conducción por este tramo sea muy agradable y atractiva.



Llegamos a lo alto del cabo de Finisterre, el parking está a tope de coches, autobuses, gente andando de una lado para otro, peregrinos llegando, otros marchándose, gente haciendo fotos por doquier, incluso ocupando el hito que marca el kilómetros cero, algo que es exclusivo de aquellos peregrios que han concluido su camino, y no para grupos de personas que van en coche o autobús, haciendo que los que sí tienen verdadero derecho de hacerse la foto en tan significativo lugar, tengan que hacer cola y esperar turno.


Dejamos las motos atrás y caminamos unos metros hasta alcanzar el extremo final del cabo. Allí, frente al Atlántico y con el faro de Finisterre como telón de fondo, hacemos las fotos de rigor que inmortalizan el final de nuestra Transcantábrica.



-En este instante nos invade una profunda sensación de satisfacción-

 Cuando emprendimos esta aventura no sabíamos si seríamos capaces de llegar hasta aquí, ni si aguantaríamos el interminable rosario de carreteras, miles de curvas, lluvia, niebla y cambios constantes de rumbo. Tampoco faltaron las equivocaciones en los cruces, las carreteras que no eran las que esperábamos y las inevitables correcciones sobre la marcha.

Pero todo eso queda atrás ahora. Cada kilómetro, cada curva, cada momento de incertidumbre y cada pequeño contratiempo han formado parte de la aventura. Y mientras contemplamos el faro y el inmenso océano Atlántico que se abre ante nosotros, somos conscientes de que hemos llegado al final.



La Transcantábrica ha terminado. Y, con ella, queda atrás una ruta que nos ha puesto a prueba, pero que también nos ha regalado paisajes, experiencias, convivencia y recuerdos que difícilmente olvidaremos.






Tras estos intensos y emotivos momentos vividos en este faro del Fin del Mundo, volvemos a las motos y dejamos atrás este lugar y el bullicio de gente y coches.
Volvemos por la misma carretera hacia la localidad de Cee, pasando antes por Corcubión. Una vez en Cee bordeamos su playa y continuamos en dirección a su puerto por la rua de Mariña y posterior rua Pornelo, hasta confluir en la carretera AC-550.

Conduciendo por ella salimos de esta población, nos dirigimos siguiendo el perfil costero hacia un punto importante del tramo de hoy, que no queremos pasarlo de largo.



Tras pasar la localidad de Gures, llegamos a nuestro destino Ézaro. Salimos de la carretera y entramos en esta pequeña población siguiendo el perfil de la ría de Jallas hasta donde se acaba la carretera, allí encontramos un gran aparcamiento junto a la central eléctrica Castrejo. Dejamos las motos y andamos unos metros hasta llegar a los miradores de la cascada de Ézaro.
Una alta y preciosa caída de agua procedente del río Xallas, que se precipita y cae en la ría Jallas, formando una imagen espectacular de aguas cristalinas cayendo sobre rocas, rodeada de vegetación, montañas y un paisaje natural de gran belleza en un entorno de tranquilidad y paz. 








Terminada la visita a este hermoso lugar que parece sacado de algún lugar de los fiordos noruegos, volvemos a la carretera y continuamos en dirección a la capital de Galicia, lugar donde reposan los restos del apóstol patrón de España, Santiago de Compostela.

vistas de la villa costera de Ézaro y parte de la ría de Corcubión.

La carretera discurre contorneando casi con exactitud el perfil de la costa, unas vistas marinas impresionantes nos acompañan todo este tramo desde Ézaro hasta la villa de A Barquiña, pasando por localidades como: O Pindo, Quilmas, A Curra, Caldebarcos, Vilar de Parada, Pedramarrada, Carnota, Sofan, Lariño, A Gandara, Louro, Serres, Bornalle, Esteiro, Freixo y Catasueiro, bordeando finalmente la ría de Muros y Noya.

Una vez en A Barquina la carretera deja la costa y toma rumbo hacia el interior, en dirección Santiago; es una vía convencional con tramos urbanos, rotondas y algunas zonas sinuosas. Aproximadamente a 20 kilómetros de A Barquina, esta carretera se convierte en una vía rápida con dos carriles por sentido durante 12 kilómetros, que es lo que resta para llegar a Santiago de Compostela.
Este tramo nos da ocasión para poder aumentar el ritmo y llegar a Santiago a la hora de comer, pero al final y viendo la hora y lo que nos resta aún, decidimos continuar hasta Monforte de Lemos que es el final de esta etapa de hoy.
Enlazamos con la carretera SC-20 y la SC-11 para confluir en la N-525. Esta nacional tiene un rumbo prácticamente Sureste, alejándose cada vez más de la costa e introduciéndose progresivamente en el interior en dirección a Ourense.

Ahora circulamos por una carretera nacional que atraviesa el interior de Galicia, con un recorrido bastante sinuoso y montañoso. Pasa por zonas rurales y localidades como: Ramil, Lestedo, Lamela, Taboada y Lalín, donde abandonamos esta nacional y continuamos por la PO-533 en dirección Chantada y posterior Monforte de Lemos.

Esta carretera por la que vamos ahora, discurre por pequeñas aldeas, prados, masas de bosque, siguiendo un relieve ondulado que poco a poco se hace más accidentado al aproximarnos a la cuenca del Miño. Encontramos muchas curvas y cambios de rasante a través de un paisaje típicamente rural y montañoso.
Finalmente alcanzamos la localidad de Monforte de Lemos y a la entrada encontramos el hotel.

-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 348 km.

SALIDA POR MONFORTE DE LEMOS:

El hotel es un agradable lugar, con una amplia habitación y una más que generosa cama de matrimonio, televisión, aire acondicionado y una magnífica ducha, todo generosamente limpio.
Como ya se ha pasado la hora de la comida, tenemos la intención de hacer una merienda/cena en una pulpería de esta ciudad.
Después de una ducha y un rato de descanso, quedamos para ir a llenar los depósitos de combustible, en una estación de Repsol cercana al hotel, para seguidamente ir en busca de la pulpería y darnos un buen homenaje, con el típico pulpo a Feira, patatas cachelos, calmares, mejillones, etc., todo ello bañado con un rico y fresco vino de Albariño, y como no podía ser de otra manera, de postre: "arroz con leche".





Día 12 septiembre 2026 (sábado):

Hoy me he despertado con ciertas sensaciones y pensamientos encontrados, mientras preparo las maletas y recojo la habitación, comienzo a notar cierta sensación extraña en mi.

Ya nos quedan pocos días para disfrutar de esta gran aventura que ha sido La Transcantábrica. Tengo sentimientos opuestos: por una parte, cierta alegría porque mañana llego a casa, pero por otra, también siento cierta pena al ver que se está acabando este recorrido que, hasta el momento, está siendo una gran hazaña.
Como es costumbre a las 7,30 ya estamos en la carretera, la salida de Monforte de Lemos ha sido rápida, ya que el día anterior tuvimos la precaución de llenar los depósitos.
La etapa de hoy es algo más larga y nos lleva hasta la cultural ciudad de Salamanca, pasando por un lugar que me produce mucha ilusión, y es el cruce del río Sil a través de un espacio muy especial como es la Ribeira Sacra.
Salimos de Monforte de Lemos siendo aún casi de noche, tomamos la carretera LU-903 en dirección Doade, prácticamente con rumbo Sur. La mañana es fresca y húmeda, tenemos una niebla no muy espesa, pero que nos obliga a estar muy pendiente de lo que nos podamos encontrar en la carretera.


Tras un recorrido de unos 14 kilómetros, que se me hacen cortísimos, llegamos a las inmediaciones de la parte alta del desfiladero por el que discurre el río Sil.  En estas escarpadas paredes que a lo largo de la historia se han plantado y cultivado las viñas de uva Mencía (vino tinto) y Godello (vino blanco), para elaborar ese rico caldo característico de esta zona de la Ribeira Sacra.
En ocasiones estas plantaciones vinícolas están plantadas en estas pendientes verticales, que ocasionalmente pueden llegar al 100% de inclinación, hacen imposible meter maquinaria, por lo que, todo el trabajo y la vendimia se realiza de forma manual y artesanal, transportando las cajas de uva a hombros o mediante sistemas de railes y poleas.



Nos detenemos unos minutos para contemplar y disfrutar este paisaje sobrecogedor: la profundidad del barranco, el brillo del agua allá abajo, las escarpadas laderas cubiertas de pequeñas parcelas de viñedos y las antiguas escaleras metálicas que, todavía hoy, permiten acceder a las distintas terrazas de cultivo.

La mañana continúa fresca y envuelta en niebla. Recorremos la carretera que serpentea entre estas paredes vertiginosas y, poco a poco, vamos perdiendo altura. Cada curva nos acerca un poco más al fondo del barranco, hasta aproximarnos a las aguas del río Sil, que discurren silenciosas entre estas altas paredes.




Esta sinuosa carretera nos desciende hasta el nivel del río, lo cruzamos por el puente llamado A Abeleda. Una vez en la otra margen la carretera comienza un vertiginoso y sinuoso ascenso durante unos 10 kilómetros y 600 metros de desnivel, hasta la localidad de Castro Caldelas, a través de bosques y viñedos, ofreciéndonos unas preciosas vistas sobre esta zona de la Ribeira Sacra.

En esta localidad hacemos una parada en la única cafetería que a esta hora está abierta y nos pedimos un café con leche y tostadas de mantequilla con mermelada, el cuerpo lo agradece, -porque esto de conducir en ayunas no debe de ser muy bueno.
En lo que sí estamos de acuerdo Alfondo y yo, es que el pan de las tostadas estaba bueno, pero el café era una lavativa.

Volvemos a las motos y reanudamos el recorrido, siguiendo la carretera OU-536, una vía de montaña sinuosa que, se va adaptando a las laderas de las montañas por donde discurre. Pasamos por densos bosques de castaños y robledales, a lo largo de este camino tenemos unas bonitas panorámicas de los valles. La conducción es tranquila y atractiva, pero con una atención constante, por el número de curvas, algunas de ellas no tienen nada que envidiar a los famosos Tornanti de Stelvio italiano.







Pasamos por el puente romano de Bibey, construido con tres arcos de medio punto, acabado en el año 80 D.C. y que aún se mantiene en perfecto estado.



Poco después llegamos al alto de la Hermida a 565 metros de altitud, es muy conocido por su coincidencia con el trazado de la antigua vía Nova romana, con una antigüedad de 2.000 años. Las vistas que tenemos desde aquí son preciosas, especialmente las del valle de Bibei.

Continuamos por esta curvilínea carretera de montaña, hasta la localidad de A Caseta, donde cambiamos de carretera y tomamos la OU-533, teniendo esta ahora una componente de Sur en dirección a Gudiña.
Este tramo de carretera que tiene una distancia de 47 kilómetros y que realizamos en aproximadamente 45 minutos, a través de una carretera de montaña bastante atractiva, es una calzada del estilo de una nacional, con dos carriles por sentido y bastantes curvas. El paisaje es más abierto, se nota que cada kilómetro nos aleja más del típico paisaje montañoso de Galicia. Sus muchas curvas son amplias y enlazadas, por lo que es divertido conducir por ellas. Hay bastantes tramos en los que la carretera discurre entre monte, bosque de pinos y laderas. El estado del firme a lo largo de este tramo es bueno y se puede conducir fácil y cómodamente sobre el.

En el Alto de Covelo decidimos parar un poco para descansar y admirar las vistas que desde este punto se obtienen del embalse del Bao y de las montaña que lo delimitan, aunque debido a la niebla que lo cubre, no podemos apreciarlo, aún así los paisajes son espectaculares.




Proseguimos viaje ahora en dirección a la villa de Viana Do Bolo, que se encuentra en lo más profundo de este valle, en torno a los ríos Bibei y Camba.  La salida de la villa lo hacemos cruzando el puente sobre el embalse de O Vao, formado sobre el río Bibei.  La niebla aun persiste, pero se van abriendo bastantes claros que permiten ver el paisaje y conducir con más seguridad.




Seguimos por esta vía que discurre paralela a la ribera de este embalse, atravesándo peciosos paisajes.  Seguimos hasta Gudiña sin atravesar ninguna otra localidad, villa, o aldea.  Una vez en esta localidad rural, que nos muestra unos bonitos paisajes montañosos, tomamos la dirección hacia Puebla de Sanabria siguiendo la N-525, que poco después se convertirá en la ZA-106, ya que estamos conduciendo dentro de la provincia de Zamora.
A medio camino nos encontramos que la carretera está cortada, parece ser que están haciendo arreglos por las inmediaciones del túnel de Canda.  Justo en donde se corta la carretera encontramos a un paisano, el cual nos indica que, a pesar de estar cortada, ya se puede pasar por ella sin dificultad.
Le hacemos caso y nos introducimos por el túnel, a su salida continuamos por la misma ZA-106 durante unos 7 kilómetros hasta la localidad de Lubían, durante estos kilómetros conducimos totalmente solos por una amplia y cómoda carretera. 
Tener para nosotros solos un tramo de una magnífica carretera provincial y en tan buen estado, con bonitos paisajes arbóreos, curvas amplias, buena señalización, etc., ha sido una agradable experiencia.
Pasamos esta localidad de Lubían y la carretera discurre ahora por un tramo muy especial; se introduce por un lugar montañoso y boscoso, acercándose al río Tuela, el cual nos sorprende por encontrarse totalmente seco. Este pequeño tramo de la carretera cruza las pequeñas y casi aisladas villas de Hedroso y Aciberos.
Nuevamente se acerca para continuar casi pegada y paralela a la autovía A-52, siguiéndola hasta la localidad de Rionegro del Puente, donde se desvía y toma un rumbo casi de Sur hacia Salamanca.
Antes de llegar a este desvío decidimos hacer una parada para descansar y ¡como no!, para almorzar.  Lo hacemos en la localidad de Palacios de Sanabria, en el bar “El Cruce”, nos pilla al paso y con buen aparcamiento.
Esta parada es un acierto; ya que nos preparan unas tostas de tomate con jamón, que a parte de grandes, están muy buenas, junto a un buen tazón de café, que nada tiene que ver con la lavativa de la cafetería donde desayunamos por mañana.
Una vez reconfortado el cuerpo y el ánimo muy alto, proseguimos hacia nuestro destino final de hoy, pasando antes por la pequeña ciudad, histórica, monumental y a orillas del Duero de Zamora.
Desde esta histórica villa y a través de la carretera N-630 que discurre paralela a la A-66, alcanzamos en aproximadamente 65 kilómetros la entrada a ciudad cultural, histórica y monumental de Salamanca.

Catedral de Salamanca

vista de la plaza Mayor de Salamanca.

Cruzamos esta monumental ciudad y seguimos hasta la localidad de Mozárbez que se encuentra a unos 9 kilómetros de Salamanca y es donde tenemos reservado el hotel.
Unas magníficas y elegantes instalaciones, con grandes jardines y un buen restaurante, donde comemos.


-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 360 km.



SALIDA POR MOZÁRBEZ:

Después de una reparadora siesta, decidimos ir a una cercana gasolinera de Repsol a llenar los depósitos.  Más tarde damos una vuelta por este pequeño pueblo y tras ello, nos sentamos en la terraza del único "restaurante" de la zona, para tomar unas cervezas y comentar la ruta de hoy y preparar la de mañana que nos llevará de nuevo a casa.




Día 13 septiembre 2026 (domingo):


Hoy nos levantamos temprano, queremos salir pronto ya que este último trayecto es bastante largo, aunque no complicado.
Como en las anteriores ocasiones queremos salir a las 7,30, aún no ha amanecido y la mañana es fresca.
Cargamos las motos, arrancamos y nos disponemos a realizar la última etapa de esta Odisea de algo más de 3300 kilómetros realizados en 7 días, y que, por ahora, se están desarrollando sin el menor incidente o contratiempo. A lo largo de todos estos días, la meteorológica nos ha sido benigna y la lluvia nos ha respetado a lo largo de casi todo el recorrido, a penas nos mojamos unas dos horas en los 7 días, pero esto estaba previsto, incluso lluvias más persistentes.

Dejamos el hotel y nos dirigimos hacia la ciudad de Salamanca en busca del inicio de este nuevo y último recorrido.
Callejeamos un rato sumidos en la oscuridad de la madrugada, llegamos a la N-501 y continuamos por ella saliendo del casco urbano.  Después de cruzar un sinfín de rotondas que dan acceso a distintos barrios y urbanizaciones, tenemos la carretera totalmente abierta para nosotros dos, no encontramos a nadie en el camino.
Poco a poco va amaneciendo, la carretera tiene un rumbo Este, y al poco comenzamos a presenciar un orto solar precioso (momento exacto del amanecer en el que el borde superior del Sol aparece por el horizonte del Este), un disco solar de un rojo fuerte comienza a salir tímidamente del horizonte terrestre.

¡Hermoso este amanecer sobre la moto!

Pero según va alzándose el disco solar, su intensidad va en aumento y la carretera continua en dirección hacia el, por lo cual, pasamos unos momentos de dificultad para poder ver la carretera y circular con total seguridad. Aún así, continuamos despacio haciendo con la mano de visera y esperando que llegue a una altura que no nos moleste.
Seguimos en estas condiciones hasta llegar al San Pedro del Arroyo, donde la carretera toma otra dirección y seguimos sin problema.
Ahora estamos pendiente de poder desayunar, pues aun estamos en ayunas.

La carretera discurre por medio de una gran planicie y sin apenas arbolado, nos encontramos en la provincia de Avila, en plena Castilla.
Un poco antes de entrar en Avila, nos detenemos en el monumento llamado “humilladero de los Cuatro Postes”.


Se dice que años después de 1157, cuando Teresa es “despachada” de la ciudad por sus divergencias a la hora de entender la expresión de la religiosidad, paró en su marcha de la ciudad aquí mismo y, mirando hacia Ávila mientras se quitaba las sandalias y las sacudía, dijo: “De Ávila, ni el polvo”.

Desde este privilegiado e histórico lugar, se tienen unas amplias y preciosas vistas de la ciudad de Avila y de sus murallas.



Junto a este lugar encontramos un hotel con su cafetería a pleno rendimiento, así que no nos lo pensamos y decidimos dejar el ayuno.

Un total acierto, un suculento café con leche, churros y porras, que nos sentó de maravilla; un descanso y nuevamente a la carretera para continuar en dirección Toledo.

Seguimos por la N-403, pasamos las localidades de: El Barraco, El Tiemblo, San Martin de Valdeiglesias, Escalona, Torrijos, etc., y legamos a las inmediaciones de la entrada a Toledo, ciudad histórica de Castilla-La Mancha, conocida como la “Ciudad de las Tres Culturas” por la convivencia histórica de cristianos, musulmanes y judíos. Su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Circunvalamos la ciudad para ir en busca de la entrada a la autovía A-42, en poco más de 130 kilómetros nos lleva en volandas a Tomelloso.  Este recorrido se hace muy tedioso, debido a lo monótono del paisaje por donde discurre, amplias llanuras, campos de cereales, extensos viñedos y algunos olivares.
Llegar a la salida de Tomelloso es todo un alivio, a partir de aquí continuamos por carreteras nacionales, locales e incluso rurales.

 Salimos de Tomelloso por la CM-313 en dirección Munera, donde debido a la hora decidimos salir a comer y repostar.
Lo hacemos en el restaurante Miguel Hernández, conocido en el pueblo como el restaurante Miguelito.  Para nosotros este restaurante ya es conocido, pues paramos en el para almorzar, a la vuelta de la salida al Parque Nacional de Cabañeros.

Con el depósito lleno al igual que el estómago, continuamos ahora en dirección a Hellin, pasando antes por las localidades de San Pedro, Pozuelo, La Solana y Peñas de San Pedro.

Vista de la carretera CM-313 a la altura de Peñas de San Pedro.

Circunvalamos Hellin y continuamos hacia Murcia por la ya conocida, carretera Nacional 301.
Después de 80 kilómetros por esta nacional llegamos a Murcia sin novedad, con la satisfacción de haber cumplido un precioso e intenso proyecto, que se hacía de rogar en el tiempo y que finalmente se ha realizado.


-El total de los kilómetros realizados en esta etapa son: 602 km.






Muchas gracias a mi compañero de viaje Alfonso, por facilitarme la consecución de esta ilusión que durante casi 3 años he guardado, ha sido todo un reto y sobre todo, un camino compartido.  Gracias por estar ahí, por tu apoyo, paciencia y por hacer que todo este esfuerzo haya merecido la pena.