Aún no ha amanecido totalmente cuando abandonamos el casco urbano de Murcia, buscando la fluidez de la autovía recientemente renombrada A-32 en dirección Cartagena. El aire fresco de la mañana golpea los cascos, mientras el grupo, aún estirado por el tráfico urbano, se enfilaba por la autovía hacia el sur.
Abandonamos esta vía en la salida 155/Corvera, cerca de allí, tenemos el punto de reagrupación de todos los componentes de esta salida. Catorce motos, BMWs, Hondas, etc., nos juntamos, incluso hubo algunas nuevas presentaciones como la flamante Trail BMW R1300GS a la Turing BMW K1600GT.
Los saludos de rigor, el ajuste de los guantes y esa última mirada al cielo que confirmaba que el tiempo estaría de nuestra parte. Con un gesto del líder de ruta, la columna se pone en marcha, abandonando la autovía para abrazar el asfalto secundario, todos juntos y formando una hilera perfecta.
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| Punto de reagrupamiento 155/Corvera. |
Cruzar Corvera y Fuente Álamo es adentrarse en la esencia del campo murciano. El paisaje, dominado por la sobriedad de las tierras de secano, nos recibe con una carretera amable que invitaba a calentar neumáticos. Pasamos Las Palas y Tallante, donde el relieve comienza a retorcerse, anunciando que la llanura tiene los minutos contados, pero aun da tiempo a que nos regale un espectáculo de la naturaleza y son unas increíbles y preciosas imágenes de campos en plena floración.
Al tomar la RM-332 y desviarnos posteriormente por la RM-E-16, el entorno cambió drásticamente. El verde de la sierra comenzó a ganar terreno al pardo de los cultivos. Llegamos a Perín, una joya cartagenera que parece detenida en el tiempo. Allí contemplamos brevemente su iglesia, con esa arquitectura sencilla pero rotunda que preside el pueblo, con esos muros encalados en blanco intenso y marcado por anchas líneas de un azul intenso, nos ofreció un momento de paz antes de confluir con la carretera RM-22.
Retomamos la marcha para confluir con la RM-22, también conocida en el ambiente motero local como "Las Cuestas del Ceda Cero". Es aquí donde la conducción se vuelve arte. Curvas entrelazadas, desniveles pronunciados y un asfalto que exige concentración máxima. El grupo se movía como un solo organismo, inclinando en armonía, disfrutando de esa danza técnica que solo una carretera de montaña puede ofrecer.
Al llegar al cruce de Campillo de Dentro, el paisaje se vuelve más llano. La carretera E-23 nos condujo por un desfiladero que serpentea hacia la costa, mostrando de repente la inmensidad del azul mediterráneo. Al fondo, como un castillo de leyenda mimetizado con la roca, aparece nuestro objetivo principal: la Batería de costa de Castillitos.
La Batería de Costa de Castillitos (C-1) no es solo un mirador impresionante; es un monumento a la ingeniería militar del siglo XX.
Fue construida entre 1933 y 1936 como parte del ambicioso Plan de Defensa de 1926 (Plan de la dictadura de Primo de Rivera). Su misión era proteger la base naval de Cartagena de cualquier incursión hostil por mar. Durante la Guerra Civil Española, su sola presencia ejerció un efecto disuasorio brutal, entrando en combate solo en una ocasión en 1937 contra la flota nacionalista, contra los cruceros Baleares y Canarias.
Características Técnicas: Lo más asombroso son sus dos cañones Vickers de 381 mm (15 pulgadas). Estas piezas de fabricación británica son capaces de disparar un proyectil de casi una tonelada a una distancia de 35 kilómetros.
Arquitectura: Lo que la hace única es su estilo historicista y ecléctico. Las fachadas de las salas de máquinas y alojamientos imitan castillos medievales con almenas y torreones, siguiendo una estética que buscaba camuflar las instalaciones entre el relieve rocoso del Cabo Tiñoso.
Desde esta atalaya, las vistas son sobrecogedoras. El Mediterráneo se extiende infinito, y la sensación de estar en el borde del mundo es total. Tras las fotos de rigor y el asombro ante el tamaño de los cañones, las motos vuelven a reclamar nuestra atención.
Hacemos una parada obligatoria en el Local Social de Isla Plana. Su terraza, situada literalmente frente al mar Mediterráneo y a pesar del viento el almuerzo fue distendido, cargado de anécdotas sobre la trazada en las cuestas anteriores y risas que fortalecen el vínculo del grupo.
Dejamos atrás Isla Plana y cruzamos Mazarrón para desembocar en la RM-332. Aquí, el ritmo cambia. El tramo que se dirige hacia Águilas es un paraíso para el motociclismo dinámico. La carretera se retuerce siguiendo la línea de la costa, con curvas que obligan a un trazo perfecto y que generan adrenalina en el conductor. El grupo aumentó la cadencia; trazamos esas curvas con maestría, aprovechando el buen firme y la visibilidad. Fue una sesión de conducción pura, segura y tremendamente divertida.
Pero la ruta aún nos guardaba un secreto. Antes de entrar en Águilas, nos desviamos en el cruce de Campo López.
El contraste era mágico: el blanco y rosado de las flores bajo la sombra de los pinos, el olor a romero y la soledad de una carretera poco transitada donde solo se escuchaba el ronroneo de nuestras máquinas. Hace que este tramo del recorrido sea introspectivo y visualmente bellísimo para una ruta que lo tiene todo.
Una vez cruzado la pequeña localidad de Campo López y desde el cruce, seguimos ahora por la RM-D4 que nos recibe con un asfalto que parece diseñado para el baile entre curvas. Es un tramo de montaña puro: estrecho, exigente y rodeado de un paisaje agreste que huele a romero y pino.
Al enfilar hacia Morata, la carretera se retuerce a través de la sierra de la Almenara ganando altura. Al pasar por Puerto Muriel, la orografía se vuelve más dramática; es un pequeño paraje de Morata atravesado por la carretera que viene de Mazarrón. Es un valle enclavado entre el Cabezo Negro y el Cabezo del Cuco, donde casi toda la tierra está dedicada al cultivo de secano. La visibilidad hoy es excelente, permitiéndonos anticipar cada trazada mientras los relieves de la Sierra de la Carrasquilla nos flanquean.
Una vez alcanzada la localidad de La Atalaya, el paisaje se abre. Tomamos la RM-D2 y posteriormente la RM-315, tramos que sirven de transición ideal, con curvas más amplias que permiten relajarnos y disfrutar de la velocidad de crucero.
El enlace con la vía rápida RM-3 cambia radicalmente el ritmo. Es el momento de dejar que la moto respire en sexta marcha, avanzando con agilidad hacia el norte. Finalmente, la conexión con la RM-603 (la antigua carretera de Mazarrón) nos devuelve ese sabor clásico del mototurismo. Es una recta final cómoda, pasando por zonas de huerta y pedanías que anuncian la llegada a Murcia.





























































