lunes, 16 de febrero de 2026

RUTA MOTERA CORVERA, PERIN, CASTILLITOS, MAZARRÓN, RAMONETE, SIERRAS CARRASQUILLA Y ALMENARA

 


Aún no ha amanecido totalmente cuando abandonamos el casco urbano de Murcia, buscando la fluidez de la autovía recientemente renombrada A-32 en dirección Cartagena. El aire fresco de la mañana golpea los cascos, mientras el grupo, aún estirado por el tráfico urbano, se enfilaba por la autovía hacia el sur.

Abandonamos esta vía en la salida 155/Corvera, cerca de allí, tenemos el punto de reagrupación de todos los componentes de esta salida. Catorce motos, BMWs, Hondas, etc., nos juntamos, incluso hubo algunas nuevas presentaciones como la flamante Trail BMW R1300GS a la Turing BMW K1600GT.
Los saludos de rigor, el ajuste de los guantes y esa última mirada al cielo que confirmaba que el tiempo estaría de nuestra parte. Con un gesto del líder de ruta, la columna se pone en marcha, abandonando la autovía para abrazar el asfalto secundario, todos juntos y formando una hilera perfecta.



Punto de reagrupamiento 155/Corvera.

Cruzar Corvera y Fuente Álamo es adentrarse en la esencia del campo murciano. El paisaje, dominado por la sobriedad de las tierras de secano, nos recibe con una carretera amable que invitaba a calentar neumáticos. Pasamos Las Palas y Tallante, donde el relieve comienza a retorcerse, anunciando que la llanura tiene los minutos contados, pero aun da tiempo a que nos regale un espectáculo de la naturaleza y son unas increíbles y preciosas imágenes de campos en plena floración.

Al tomar la RM-332 y desviarnos posteriormente por la RM-E-16, el entorno cambió drásticamente. El verde de la sierra comenzó a ganar terreno al pardo de los cultivos. Llegamos a Perín, una joya cartagenera que parece detenida en el tiempo. Allí contemplamos brevemente su iglesia, con esa arquitectura sencilla pero rotunda que preside el pueblo, con esos muros encalados en blanco intenso y marcado por anchas líneas de un azul intenso, nos ofreció un momento de paz antes de confluir con la carretera RM-22.



Retomamos la marcha para confluir con la RM-22, también conocida en el ambiente motero local como "Las Cuestas del Ceda Cero". Es aquí donde la conducción se vuelve arte. Curvas entrelazadas, desniveles pronunciados y un asfalto que exige concentración máxima. El grupo se movía como un solo organismo, inclinando en armonía, disfrutando de esa danza técnica que solo una carretera de montaña puede ofrecer.

Al llegar al cruce de Campillo de Dentro, el paisaje se vuelve más llano. La carretera E-23 nos condujo por un desfiladero que serpentea hacia la costa, mostrando de repente la inmensidad del azul mediterráneo. Al fondo, como un castillo de leyenda mimetizado con la roca, aparece nuestro objetivo principal: la Batería de costa de Castillitos.






La Batería de Costa de Castillitos (C-1) no es solo un mirador impresionante; es un monumento a la ingeniería militar del siglo XX.
Fue construida entre 1933 y 1936 como parte del ambicioso Plan de Defensa de 1926 (Plan de la dictadura de Primo de Rivera). Su misión era proteger la base naval de Cartagena de cualquier incursión hostil por mar. Durante la Guerra Civil Española, su sola presencia ejerció un efecto disuasorio brutal, entrando en combate solo en una ocasión en 1937 contra la flota nacionalista, contra los cruceros Baleares y Canarias.
Características Técnicas: Lo más asombroso son sus dos cañones Vickers de 381 mm (15 pulgadas). Estas piezas de fabricación británica son capaces de disparar un proyectil de casi una tonelada a una distancia de 35 kilómetros.









Arquitectura: Lo que la hace única es su estilo historicista y ecléctico. Las fachadas de las salas de máquinas y alojamientos imitan castillos medievales con almenas y torreones, siguiendo una estética que buscaba camuflar las instalaciones entre el relieve rocoso del Cabo Tiñoso.




Desde esta atalaya, las vistas son sobrecogedoras. El Mediterráneo se extiende infinito, y la sensación de estar en el borde del mundo es total. Tras las fotos de rigor y el asombro ante el tamaño de los cañones, las motos vuelven a reclamar nuestra atención.







Hacemos una parada obligatoria en el Local Social de Isla Plana. Su terraza, situada literalmente frente al mar Mediterráneo y a pesar del viento el almuerzo fue distendido, cargado de anécdotas sobre la trazada en las cuestas anteriores y risas que fortalecen el vínculo del grupo.




Con el sonido de las olas de fondo, unas tostadas de tomate con atún y un café reparador, la energía se renueva para la segunda mitad del viaje.


Dejamos atrás Isla Plana y cruzamos Mazarrón para desembocar en la RM-332. Aquí, el ritmo cambia. El tramo que se dirige hacia Águilas es un paraíso para el motociclismo dinámico. La carretera se retuerce siguiendo la línea de la costa, con curvas que obligan a un trazo perfecto y que generan adrenalina en el conductor. El grupo aumentó la cadencia; trazamos esas curvas con maestría, aprovechando el buen firme y la visibilidad. Fue una sesión de conducción pura, segura y tremendamente divertida.

Pero la ruta aún nos guardaba un secreto. Antes de entrar en Águilas, nos desviamos en el cruce de Campo López.
Este nuevo tramo es el contraste perfecto a la velocidad anterior. Entramos en una vía estrecha, huérfana de señales y arcenes, donde el asfalto, algo castigado por el tiempo, obligaba a bajar el ritmo y agudizar los sentidos. Pero el sacrificio técnico tuvo su recompensa: nos vimos envueltos en un paisaje boscoso que, de repente, se abría a campos de almendros en floración.






El contraste era mágico: el blanco y rosado de las flores bajo la sombra de los pinos, el olor a romero y la soledad de una carretera poco transitada donde solo se escuchaba el ronroneo de nuestras máquinas. Hace que este tramo del recorrido sea introspectivo y visualmente bellísimo para una ruta que lo tiene todo.

Una vez cruzado la pequeña localidad de Campo López y desde el cruce, seguimos ahora por la RM-D4 que nos recibe con un asfalto que parece diseñado para el baile entre curvas. Es un tramo de montaña puro: estrecho, exigente y rodeado de un paisaje agreste que huele a romero y pino.

Al enfilar hacia Morata, la carretera se retuerce a través de la sierra de la Almenara ganando altura. Al pasar por Puerto Muriel, la orografía se vuelve más dramática; es un pequeño paraje de Morata atravesado por la carretera que viene de Mazarrón. Es un valle enclavado entre el Cabezo Negro y el Cabezo del Cuco, donde casi toda la tierra está dedicada al cultivo de secano. La visibilidad hoy es excelente, permitiéndonos anticipar cada trazada mientras los relieves de la Sierra de la Carrasquilla nos flanquean.

Una vez alcanzada la localidad de La Atalaya, el paisaje se abre. Tomamos la RM-D2 y posteriormente la RM-315, tramos que sirven de transición ideal, con curvas más amplias que permiten relajarnos y disfrutar de la velocidad de crucero.

El enlace con la vía rápida RM-3 cambia radicalmente el ritmo. Es el momento de dejar que la moto respire en sexta marcha, avanzando con agilidad hacia el norte. Finalmente, la conexión con la RM-603 (la antigua carretera de Mazarrón) nos devuelve ese sabor clásico del mototurismo. Es una recta final cómoda, pasando por zonas de huerta y pedanías que anuncian la llegada a Murcia.





viernes, 13 de febrero de 2026

RUTA MOTERA CORVERA, PERIN, CASTILLITOS, RAMONETE, SIERRAS CARRASQUILLA Y ALMENARA

 Precioso video realizado por Marcial de la ruta realizada el 12 de febrero del 2026 por el grupo motero RIDERS OF MURCIA.
Video resumen de la ruta realizada para visitar la batería de costa de Castillitos y recorridos, así como el almuerzo realizado en Isla Plana. 






viernes, 30 de enero de 2026

RUTA MOTERA: VENTA ALEGRÍA, PLIEGO, SIERRA ESPUÑA, TIERRAS LORQUINAS, LA PARROQUIA, CABEZO DE LA JARA, A-7

 
vista total del acueducto de los 17 arcos. 

El rugido de los motores rompe el silencio de la mañana en la ciudad de Murcia. Aún no ha salido el sol sobre la huerta murciana mientras enfilamos la A-7 en dirección Lorca, esa arteria que late con un intenso tráfico diario pero que para nosotros hoy es solo el preludio de una nueva ruta. El viento golpea el pecho y la vibración de las máquinas nos avisa de que la jornada promete.

Buscamos con la mirada la salida que nos desvíe hacia la RM-15, la autovía del Noroeste. Es el momento en que el paisaje urbano empieza a claudicar ante las lomas de secano de los infinitos badlands o tierras infertiles. Pero antes de sumergirnos en la velocidad, nos espera el primer punto de parada y encuentro: la Venta de Alegría. Junto a ella se encuentra la estación de servicio "Cañada Hermosa" de Repsol, donde repostamos y esperamos la llegada de todos los componentes del grupo Riders of Murcia. Es el momento de los saludos efusivos, las risas bajo el casco y la comprobación de que el grupo está completo.
 



Tras el último ajuste de espejos, el convoy se pone en marcha; una serpiente de acero y color que se desliza por el asfalto.
Continuamos por la RM-15, dejando atrás los campos de cítricos, el ritmo es constante y fluido hasta llegar a la salida 20 Mula/Pliego. Aquí abandonamos la vía rápida para comenzar a adentrarnos en la esencia de la ruta prevista para hoy.  El paisaje cambia bruscamente según nos vamos acercando a la localidad de Mula para dejarla en el cruce ahora en dirección al municipio de Pliego.  Alcanzada este localidad, es como atravesar un portal en el tiempo. Sus dos castillos, su iglesia de Santiago Aposto y sus estrechas calles nos saludan con la tranquilidad de los pueblos de interior, mientras el grupo mantiene una formación impecable, respetando las normas de circulación en grupo.


vista castillo de Pliego


vista de la parroquia de Santiago Apostol en Pliego.

Al dejar atrás Pliego, enfilamos la RM-C5. Esta carretera es, sencillamente, un regalo para los sentidos. Transcurre paralela a la vertiente norte de Sierra Espuña, esa mole de piedra y pino que nos vigila desde las alturas. A nuestra izquierda, la sierra y su masa  forestal que exhala un aire más fresco y puro; a nuestra derecha, los barrancos y las tierras de labor se extienden hacia el horizonte. La carretera se retuerce suavemente, invitando a tumbar la moto con elegancia en cada curva, sintiendo el agarre de los neumáticos sobre un asfalto que huele a monte.

Hacemos un alto en el camino en un lugar singular: el hito que marca la intersección de los municipios de Lorca, Mula y Aledo. Es un punto geográfico curioso, una "frontera invisible" donde uno puede estar en tres lugares a la vez. Es el momento de las fotos, de estirar las piernas y de comentar las primeras sensaciones. El silencio del paraje y la soledad del hito, solo se rompe con el rugido de nuestras máquinas a nuestra llegada.





Tras el descanso, el grupo retoma la marcha hasta confluir con la carretera que une Aledo con Zarzadilla de Totana. Sin embargo, el recorrido de hoy no busca el camino más corto, sino el paisaje y su contemplación. Nos adentramos en una red de carreteras agrícolas asfaltadas. Aquí la conducción se vuelve más lenta y atenta; son caminos estrechos, flanqueados por almendros y viñedos, donde el asfalto a veces es rugoso por su poco o nada mantenimiento y por ello nos exige tacto. Es la Murcia profunda, la que no sale en los mapas turísticos, la que se saborea a baja velocidad.



Finalmente, desembocamos en la RM-C9, que nos sirve de enlace para alcanzar la buscada RM-701. Al entrar en esta vía, el lenguaje del grupo cambia. El asfalto se ensancha, la visibilidad aumenta y el ritmo sube. Las amplias curvas de esta RM-C9 son una delicia para cualquier motero. Aquí la moto se inclina con confianza, buscando el ápice de la curva para salir con decisión hacia la siguiente. Es un baile rítmico, una coreografía de máquinas que disfrutan de un trazado diseñado para el placer de conducir.

Pero la ruta tiene más capas que el simple asfalto. Abandonamos temporalmente la velocidad para serpentear por una sucesión de carreteras rurales en busca de la RM-711.  Continuamos por esta carretera apenas unos metros, para rapidamente buscar una cruce a la izquierda de la carretera que seguimos para ir en busca de la RM-701.    A lo largo de este tramo el paisaje se abre y disfrutándo  de unos paisajes impresionantes. 


Poco despues aparecen ante nosotros los restos de la mina de azufre de La Serrata. El impacto visual es potente: dos pozos mineros cerrados por cúpulas que emergen de la tierra como testigos mudos de una época industrial ya olvidada. La Serrata nos recuerda que estas tierras fueron, hace no mucho, lugar de duro trabajo y sudor.




-A mediados del siglo XIX, la demanda de azufre se disparó. Se utilizaba principalmente para: la agricultura como fungicida para combatir la plaga de la oídio en la vid y en la industria química: para fabricar pólvora y ácido sulfúrico. 
Estas minas dieron trabajo a cientos de familias lorquinas, creando barrios y asentamientos mineros hoy desaparecidos o en ruinas.
A partir de la década de 1950, el declive fue inevitable debido a dos factores: El azufre empezó a obtenerse de forma más barata como subproducto del refinado del petróleo y las vetas más ricas y accesibles empezaron a escasear, haciendo que la extracción en la Serrata dejara de ser rentable.
Finalmente, las minas cerraron sus puertas a mediados del siglo XX, dejando tras de sí un paisaje lunar y post-industrial.-


El camino nos lleva a cruzar el río Guadalentín, un cauce que ha esculpido la geografía de la zona durante milenios. Poco después desembocamos en la carretra RM-701, justo frente al cruce tenemos un desvio que seguimos y nos lleva por un camino que esconde una joya arquitectónica: el Acueducto de los 17 Arcos. Esta estructura, que salva el desnivel del terreno para llevar el agua, es una parada obligatoria. Caminar bajo sus 17 ojos de piedra nos hace sentir pequeños y nos permite apreciar la ingeniería de nuestros antepasados. Es un momento de historia antes del penultimo tramo para el almuerzo.














Con el espíritu alimentado por la cultura y el paisaje, regresamos a la RM-701, para poner rumbo a la pedanía lorquina de La Parroquia. El hambre empieza a hacer acto de presencia, tenemos idea de hacer una parada más amplia en esta localidad para almorzar en alguno de los varios bares que hay en dicha localidad.   
La carretera sigue ofreciendonos un trazado divertido que nos mantiene concentrados a la espera de ese ansiado almurzo.
Pero antes de ello nos toca la subida y posterior visita al embalse de Puentes.  
Comenzamos un sinuoso ascenso hasta lo alto de la presa de este embalse, el asfalto en este tramo va poco a poco siendo engullido por la vegetación pero que no presenta mayor problema, una subida constante flanqueada por pinos y monte bajo. Al llegar a la coronación de la presa, las vistas sobrecogen. No es solo una obra de ingeniería; es un lugar cargado de memoria, donde la fuerza del agua del río Guadalentín, queda contenida por muros que han visto siglos de historia y tragedias hidráulicas.





En este punto y parapetados tras una edificiación, para evitar el fuerte viento reinante, escuchamos la historia de esta presa, que tan agradablemente nos comenta Alfonso, nos indica el lugar exacto donde se construyerón las dos primeras presas, las cuales fuerón destruidas por el impetu del agua del río Guadalentín. 


Desde este lugar, la perspectiva es privilegiada. El contraste entre el azul profundo del agua y el ocre de las tierras altas de Lorca nos recuerda la importancia vital de este enclave.
Tras una breve parada para conocer y admirar este lugar, retomamos la marcha volviendo sobre nuestras rodadas, para ir en busca nuevamante de la carretera RM-701 que ahora sí, nos lleva directamente hacia La Parroquia de la Fuensanta.
Al entrar en La Parroquia, el grupo reduce la marcha, el destino no es solo un punto en el mapa, sino una mesa larga donde el almuerzo se convierte en el rito de cada jornada motera, tostadas de tomate con atún, tortilla de verduras, etc., y unos cafés bien calientes, elevan el ánimo y caliente el cuerpo del grupo, compartiendo sonrisas y anécdotas de lo que llevamos de la ruta de hoy y sobre todo de lo que nos espera. 
Tras un agradable almuerzo reiniciamos la marcha por el Camino del Santo.  Este camino es una vía rural con un encanto particular que conecta la pedanía lorquina de La Parroquia con el límite de la provincia de Almería, desembocando cerca de la A-91 (Autovía de Murcia-Granada). Es una ruta que define perfectamente el paisaje del "tierras altas" de Lorca: agreste, árido y con una carretera que discurre por una orografía serpenteante, rodeada de contrastes, tierras áridas, bosques de pinos carrasco, grandes extensiones de matas de esparto, etc. 


El recorrido se interna en una zona de transición entre el valle del río Vélez y las estribaciones de las sierras que separan Murcia de Andalucía. Tras cruzar el lecho seco del río Corneros, comenzamos un suave y serpenteante ascenso, el paisaje se abre frente a nosotros y tenemos que hacer una breve parada para disfrutarlo.  Pronto comenzamos a notar que la carretera no es llana, sino que presenta constantes ondulaciones y curvas cerradas, que siguen la morfología de las ramblas y cabezos de la zona.  El tráfico es muy escaso, algún tractor o ciclistas de montaña ocasional.  Este tramo de aproximadamente 18 kilómetros, desemboca en la vía de sercicio de la A-91, eje principal que une la región de Murcia con el Norte de Almería, es la carretera que une Puerto Lumbreras/Velez Rubio.



Al llegar al cruce de Vélez Rubio, dejamos esta carretera y nos desviamos por la carretera AL-7101 en dirección Albox.  Es una sinuosa carretera con un asfalto nuevo y con poco tráfico. 
Seguimos por ella durante aproximadamente 7 kilómetros, momento en el que nos desviamos para conocer la población de Tonosa.
Apenas una docena de casas conforman este núcleo que parece resistir el paso de los siglos con una dignidad silenciosa. Existe un halo de misterio en Tonosa, un sentimiento de aislamiento que envuelve sus calles estrechas.
Paramos en este solitario lugar para conocer el suceso denominado "El enigma sin resolver de los gigantes de Tonosa": el descubrimiento de varios esqueletos de más de dos metros de longitud, con muelas que alcanzaban «los cuatro centímetros».



Visitamos la Ermita de Santa Bárbara, un edificio sencillo pero cargado de devoción popular. Hay algo en Tonosa que te obliga a bajar la voz; es un lugar que guarda secretos entre sus muros de piedra, un rincón del mundo donde el GPS parece perder el sentido frente a la tradición.




Dejamos atrás la quietud de Tonosa para enfrentarnos a uno de los tramos más técnicos del día: el ascenso al Cabezo de la Jara. Aquí, la carretera se vuelve sinuosa, un baile de curvas a izquierda y derecha que exige máxima concentración.



A mitad de camino, hacemos una parada obligatoria y solemne.
En una de las curvas, una cruz solitaria marca el lugar exacto de una tragedia de la Guerra Civil Española: el fusilamiento de 24 vecinos de Baza, Huéscar y Castilléjar.
El contraste entre la belleza del paisaje y la crudeza del recuerdo histórico nos deja unos minutos en silencio. Es un recordatorio de que estas tierras, hoy escenario de nuestro ocio, fueron testigo de tiempos oscuros





Volvemos a las motos con el cuerpo lleno de sensaciones. El descenso hacia Puerto Lumbreras es vertiginoso y divertido, con el horizonte abriéndose hacia el valle. El cansancio empieza a asomar, pero la motivación es alta: nos espera el "fin de fiesta".



Llegamos a la casa de campo de uno de nuestros compañeros, situada en las inmediaciones de Puerto Lumbreras. Aquí, el rugido de los escapes se apaga definitivamente para dar paso al aroma de guiso murciano, tortillas, empanadillas, crocetas, frutos secos, pan de la zona, etc., todo ello regado con cerveza, vino, licores y café, y por supuesto un enorme cuerno de merengue de postre. 





Esta comida de hermanamiento, que agradecemos el ofrecimiento y trabajo de nuestro anfitrion,  es una verdadera fiesta para todo el grupo. Por un momento dejamos de ser riders para convertirnos  en un grupo de amigos compartiendo mesa en una jornada de convivencia. Entre platos, ensaladas de la huerta y un buen vino, celebramos no solo los kilómetros recorridos y los lugares conocidos,  sino la suerte de haber compartido un camino que nos ha llevado desde la ingeniería de una enorme presa hasta el misterio de una aldea perdida.
Tras este agradable y divertido momento compartido, toca recoger, limpiar y ordenar el lugar.   Una vez hecho esto volvemos a la carretera y por la autovía A-7 regresamos tranquilamente a nuestros respectivos destinos, dando fin a esta espectácular ruta motera.