viernes, 30 de enero de 2026

RUTA MOTERA: VENTA ALEGRÍA, PLIEGO, SIERRA ESPUÑA, TIERRAS LORQUINAS, LA PARROQUIA, CABEZO DE LA JARA, A-7

 
vista total del acueducto de los 17 arcos. 

El rugido de los motores rompe el silencio de la mañana en la ciudad de Murcia. Aún no ha salido el sol sobre la huerta murciana mientras enfilamos la A-7 en dirección Lorca, esa arteria que late con un intenso tráfico diario pero que para nosotros hoy es solo el preludio de una nueva ruta. El viento golpea el pecho y la vibración de las máquinas nos avisa de que la jornada promete.

Buscamos con la mirada la salida que nos desvíe hacia la RM-15, la autovía del Noroeste. Es el momento en que el paisaje urbano empieza a claudicar ante las lomas de secano de los infinitos badlands o tierras infertiles. Pero antes de sumergirnos en la velocidad, nos espera el primer punto de parada y encuentro: la Venta de Alegría. Junto a ella se encuentra la estación de servicio "Cañada Hermosa" de Repsol, donde repostamos y esperamos la llegada de todos los componentes del grupo Riders of Murcia. Es el momento de los saludos efusivos, las risas bajo el casco y la comprobación de que el grupo está completo.
 



Tras el último ajuste de espejos, el convoy se pone en marcha; una serpiente de acero y color que se desliza por el asfalto.
Continuamos por la RM-15, dejando atrás los campos de cítricos, el ritmo es constante y fluido hasta llegar a la salida 20 Mula/Pliego. Aquí abandonamos la vía rápida para comenzar a adentrarnos en la esencia de la ruta prevista para hoy.  El paisaje cambia bruscamente según nos vamos acercando a la localidad de Mula para dejarla en el cruce ahora en dirección al municipio de Pliego.  Alcanzada este localidad, es como atravesar un portal en el tiempo. Sus dos castillos, su iglesia de Santiago Aposto y sus estrechas calles nos saludan con la tranquilidad de los pueblos de interior, mientras el grupo mantiene una formación impecable, respetando las normas de circulación en grupo.


vista castillo de Pliego


vista de la parroquia de Santiago Apostol en Pliego.

Al dejar atrás Pliego, enfilamos la RM-C5. Esta carretera es, sencillamente, un regalo para los sentidos. Transcurre paralela a la vertiente norte de Sierra Espuña, esa mole de piedra y pino que nos vigila desde las alturas. A nuestra izquierda, la sierra y su masa  forestal que exhala un aire más fresco y puro; a nuestra derecha, los barrancos y las tierras de labor se extienden hacia el horizonte. La carretera se retuerce suavemente, invitando a tumbar la moto con elegancia en cada curva, sintiendo el agarre de los neumáticos sobre un asfalto que huele a monte.

Hacemos un alto en el camino en un lugar singular: el hito que marca la intersección de los municipios de Lorca, Mula y Aledo. Es un punto geográfico curioso, una "frontera invisible" donde uno puede estar en tres lugares a la vez. Es el momento de las fotos, de estirar las piernas y de comentar las primeras sensaciones. El silencio del paraje y la soledad del hito, solo se rompe con el rugido de nuestras máquinas a nuestra llegada.





Tras el descanso, el grupo retoma la marcha hasta confluir con la carretera que une Aledo con Zarzadilla de Totana. Sin embargo, el recorrido de hoy no busca el camino más corto, sino el paisaje y su contemplación. Nos adentramos en una red de carreteras agrícolas asfaltadas. Aquí la conducción se vuelve más lenta y atenta; son caminos estrechos, flanqueados por almendros y viñedos, donde el asfalto a veces es rugoso por su poco o nada mantenimiento y por ello nos exige tacto. Es la Murcia profunda, la que no sale en los mapas turísticos, la que se saborea a baja velocidad.



Finalmente, desembocamos en la RM-C9, que nos sirve de enlace para alcanzar la buscada RM-701. Al entrar en esta vía, el lenguaje del grupo cambia. El asfalto se ensancha, la visibilidad aumenta y el ritmo sube. Las amplias curvas de esta RM-C9 son una delicia para cualquier motero. Aquí la moto se inclina con confianza, buscando el ápice de la curva para salir con decisión hacia la siguiente. Es un baile rítmico, una coreografía de máquinas que disfrutan de un trazado diseñado para el placer de conducir.

Pero la ruta tiene más capas que el simple asfalto. Abandonamos temporalmente la velocidad para serpentear por una sucesión de carreteras rurales en busca de la RM-711.  Continuamos por esta carretera apenas unos metros, para rapidamente buscar una cruce a la izquierda de la carretera que seguimos para ir en busca de la RM-701.    A lo largo de este tramo el paisaje se abre y disfrutándo  de unos paisajes impresionantes. 


Poco despues aparecen ante nosotros los restos de la mina de azufre de La Serrata. El impacto visual es potente: dos pozos mineros cerrados por cúpulas que emergen de la tierra como testigos mudos de una época industrial ya olvidada. La Serrata nos recuerda que estas tierras fueron, hace no mucho, lugar de duro trabajo y sudor.




-A mediados del siglo XIX, la demanda de azufre se disparó. Se utilizaba principalmente para: la agricultura como fungicida para combatir la plaga de la oídio en la vid y en la industria química: para fabricar pólvora y ácido sulfúrico. 
Estas minas dieron trabajo a cientos de familias lorquinas, creando barrios y asentamientos mineros hoy desaparecidos o en ruinas.
A partir de la década de 1950, el declive fue inevitable debido a dos factores: El azufre empezó a obtenerse de forma más barata como subproducto del refinado del petróleo y las vetas más ricas y accesibles empezaron a escasear, haciendo que la extracción en la Serrata dejara de ser rentable.
Finalmente, las minas cerraron sus puertas a mediados del siglo XX, dejando tras de sí un paisaje lunar y post-industrial.-


El camino nos lleva a cruzar el río Guadalentín, un cauce que ha esculpido la geografía de la zona durante milenios. Poco después desembocamos en la carretra RM-701, justo frente al cruce tenemos un desvio que seguimos y nos lleva por un camino que esconde una joya arquitectónica: el Acueducto de los 17 Arcos. Esta estructura, que salva el desnivel del terreno para llevar el agua, es una parada obligatoria. Caminar bajo sus 17 ojos de piedra nos hace sentir pequeños y nos permite apreciar la ingeniería de nuestros antepasados. Es un momento de historia antes del penultimo tramo para el almuerzo.














Con el espíritu alimentado por la cultura y el paisaje, regresamos a la RM-701, para poner rumbo a la pedanía lorquina de La Parroquia. El hambre empieza a hacer acto de presencia, tenemos idea de hacer una parada más amplia en esta localidad para almorzar en alguno de los varios bares que hay en dicha localidad.   
La carretera sigue ofreciendonos un trazado divertido que nos mantiene concentrados a la espera de ese ansiado almurzo.
Pero antes de ello nos toca la subida y posterior visita al embalse de Puentes.  
Comenzamos un sinuoso ascenso hasta lo alto de la presa de este embalse, el asfalto en este tramo va poco a poco siendo engullido por la vegetación pero que no presenta mayor problema, una subida constante flanqueada por pinos y monte bajo. Al llegar a la coronación de la presa, las vistas sobrecogen. No es solo una obra de ingeniería; es un lugar cargado de memoria, donde la fuerza del agua del río Guadalentín, queda contenida por muros que han visto siglos de historia y tragedias hidráulicas.





En este punto y parapetados tras una edificiación, para evitar el fuerte viento reinante, escuchamos la historia de esta presa, que tan agradablemente nos comenta Alfonso, nos indica el lugar exacto donde se construyerón las dos primeras presas, las cuales fuerón destruidas por el impetu del agua del río Guadalentín. 


Desde este lugar, la perspectiva es privilegiada. El contraste entre el azul profundo del agua y el ocre de las tierras altas de Lorca nos recuerda la importancia vital de este enclave.
Tras una breve parada para conocer y admirar este lugar, retomamos la marcha volviendo sobre nuestras rodadas, para ir en busca nuevamante de la carretera RM-701 que ahora sí, nos lleva directamente hacia La Parroquia de la Fuensanta.
Al entrar en La Parroquia, el grupo reduce la marcha, el destino no es solo un punto en el mapa, sino una mesa larga donde el almuerzo se convierte en el rito de cada jornada motera, tostadas de tomate con atún, tortilla de verduras, etc., y unos cafés bien calientes, elevan el ánimo y caliente el cuerpo del grupo, compartiendo sonrisas y anécdotas de lo que llevamos de la ruta de hoy y sobre todo de lo que nos espera. 
Tras un agradable almuerzo reiniciamos la marcha por el Camino del Santo.  Este camino es una vía rural con un encanto particular que conecta la pedanía lorquina de La Parroquia con el límite de la provincia de Almería, desembocando cerca de la A-91 (Autovía de Murcia-Granada). Es una ruta que define perfectamente el paisaje del "tierras altas" de Lorca: agreste, árido y con una carretera que discurre por una orografía serpenteante, rodeada de contrastes, tierras áridas, bosques de pinos carrasco, grandes extensiones de matas de esparto, etc. 


El recorrido se interna en una zona de transición entre el valle del río Vélez y las estribaciones de las sierras que separan Murcia de Andalucía. Tras cruzar el lecho seco del río Corneros, comenzamos un suave y serpenteante ascenso, el paisaje se abre frente a nosotros y tenemos que hacer una breve parada para disfrutarlo.  Pronto comenzamos a notar que la carretera no es llana, sino que presenta constantes ondulaciones y curvas cerradas, que siguen la morfología de las ramblas y cabezos de la zona.  El tráfico es muy escaso, algún tractor o ciclistas de montaña ocasional.  Este tramo de aproximadamente 18 kilómetros, desemboca en la vía de sercicio de la A-91, eje principal que une la región de Murcia con el Norte de Almería, es la carretera que une Puerto Lumbreras/Velez Rubio.



Al llegar al cruce de Vélez Rubio, dejamos esta carretera y nos desviamos por la carretera AL-7101 en dirección Albox.  Es una sinuosa carretera con un asfalto nuevo y con poco tráfico. 
Seguimos por ella durante aproximadamente 7 kilómetros, momento en el que nos desviamos para conocer la población de Tonosa.
Apenas una docena de casas conforman este núcleo que parece resistir el paso de los siglos con una dignidad silenciosa. Existe un halo de misterio en Tonosa, un sentimiento de aislamiento que envuelve sus calles estrechas.
Paramos en este solitario lugar para conocer el suceso denominado "El enigma sin resolver de los gigantes de Tonosa": el descubrimiento de varios esqueletos de más de dos metros de longitud, con muelas que alcanzaban «los cuatro centímetros».



Visitamos la Ermita de Santa Bárbara, un edificio sencillo pero cargado de devoción popular. Hay algo en Tonosa que te obliga a bajar la voz; es un lugar que guarda secretos entre sus muros de piedra, un rincón del mundo donde el GPS parece perder el sentido frente a la tradición.




Dejamos atrás la quietud de Tonosa para enfrentarnos a uno de los tramos más técnicos del día: el ascenso al Cabezo de la Jara. Aquí, la carretera se vuelve sinuosa, un baile de curvas a izquierda y derecha que exige máxima concentración.



A mitad de camino, hacemos una parada obligatoria y solemne.
En una de las curvas, una cruz solitaria marca el lugar exacto de una tragedia de la Guerra Civil Española: el fusilamiento de 24 vecinos de Baza, Huéscar y Castilléjar.
El contraste entre la belleza del paisaje y la crudeza del recuerdo histórico nos deja unos minutos en silencio. Es un recordatorio de que estas tierras, hoy escenario de nuestro ocio, fueron testigo de tiempos oscuros





Volvemos a las motos con el cuerpo lleno de sensaciones. El descenso hacia Puerto Lumbreras es vertiginoso y divertido, con el horizonte abriéndose hacia el valle. El cansancio empieza a asomar, pero la motivación es alta: nos espera el "fin de fiesta".



Llegamos a la casa de campo de uno de nuestros compañeros, situada en las inmediaciones de Puerto Lumbreras. Aquí, el rugido de los escapes se apaga definitivamente para dar paso al aroma de guiso murciano, tortillas, empanadillas, crocetas, frutos secos, pan de la zona, etc., todo ello regado con cerveza, vino, licores y café, y por supuesto un enorme cuerno de merengue de postre. 





Esta comida de hermanamiento, que agradecemos el ofrecimiento y trabajo de nuestro anfitrion,  es una verdadera fiesta para todo el grupo. Por un momento dejamos de ser riders para convertirnos  en un grupo de amigos compartiendo mesa en una jornada de convivencia. Entre platos, ensaladas de la huerta y un buen vino, celebramos no solo los kilómetros recorridos y los lugares conocidos,  sino la suerte de haber compartido un camino que nos ha llevado desde la ingeniería de una enorme presa hasta el misterio de una aldea perdida.
Tras este agradable y divertido momento compartido, toca recoger, limpiar y ordenar el lugar.   Una vez hecho esto volvemos a la carretera y por la autovía A-7 regresamos tranquilamente a nuestros respectivos destinos, dando fin a esta espectácular ruta motera.







viernes, 9 de enero de 2026

RUTA MOTERA COSTAS MURCIANA Y ALMERIENSE, CUEVAS DE ALMANZORA, LORCA.


Esta ruta es mucho más que un simple trayecto; es una travesía por el alma del sureste español, uniendo la huerta murciana con la costa virgen de Almería.
Cogemos los cascos, nos ponemos los guantes y nos preparamos para realizar una ruta de más de 300 kilómetros de contrastes, curvas y gastronomía que quita el sentido.



Partimos del bullicio del casco urbano de Murcia y nos introducimos en la autovía A-30 en dirección Cartagena.  Este tramo del puerto de la Cadena es de "calentamiento"; un asfalto ágil y unas vías anchas nos permiten dejar atrás la capital rápidamente y ver cómo el paisaje se torna más verde y montañoso.

Al llegar a la salida 155/Corvera, abandonamos la comodidad de la autovía para entrar en el terreno que realmente nos gusta, "carreteras secundarias". 


En este punto tenemos un acuerdo de reagrupamiento a las 8,30 de la mañana; una vez todo el grupo junto, arrancamos motores y comenzamos la verdadera ruta que nos va a llevar por distintos puntos de las costas murcianas y almerienses.
Atravesamos Corvera, bajo la sombra de la Sierra de Carrascoy, y ponemos rumbo a Tallante. Aquí el aire cambia; ya se huele el campo y se siente la cercanía del mar. La carretera se estrecha y el firme invita a tumbar la moto con suavidad.

Pasamos la localidad de Fuente Álamo y llegamos a Tallante, desde aquíencaramos uno de los tramos más icónicos para cualquier motero de la zona: la carretera de "La Cuesta". Es una vía sinuosa, técnica y divertida que serpentea entre lomas hasta que, de repente, el horizonte se abre y el azul del Mediterráneo nos golpea la vista.



Hacemos una corta parada para reagruparnos y descendemos hacia Isla Plana y Mazarrón. Rodar por aquí es un placer para los sentidos; la brisa marina empieza a refrescar el equipo y el paisaje de costa nos acompaña. Atravesamos la zona del Puerto de Mazarrón y nos incorporamos a la RM-332 en dirección a Águilas.





Antes de seguir, el cuerpo pide gasolina para el jinete. Nos detenemos en el Restaurante El Cruce. No es un almuerzo cualquiera; es un ritual. Aquí, el término "contundente" se queda corto. Platos de michirones, carrillera en salsa, embutidos locales y sus famosos bocadillos nos dan la energía necesaria para afrontar la segunda parte del día. Es el momento de compartir proyectos, sensaciones y risas con los compañeros.

Con el estómago lleno y el ánimo alto, buscamos la carretera RM-D20. Si te gustan las curvas, este es tu lugar. Es una carretera que exige concentración, pero devuelve pura adrenalina. Ascendemos con decisión hasta alcanzar el Mirador de Marina Cope.



Detenerse aquí es obligatorio. Desde lo alto, la vista es sencillamente espectacular. Se puede ver la inmensidad del Parque Natural de Cabo Cope y Puntas de Calnegre, con sus acantilados salvajes golpeados por el oleaje. Es la definición de libertad sobre dos ruedas.

Bajamos del mirador y entramos en Águilas. Esta ciudad costera y señorial nos recibe con su luz única. Nos dirigimos directamente a la Playa del Hornillo.







Pero no buscamos solo arena; buscamos el Rincón del Hornillo. Sus famosas escaleras de mosaicos, inspiradas en el estilo de Gaudí, son una explosión de color (azules, blancos y amarillos) que contrastan con el óxido del antiguo embarcadero de hierro. Es una parada técnica ideal para unas fotos espectaculares de las motos con un fondo artístico y marinero.




Trabajo artesanal elaborado por iniciativa de su creador Juan Martínez "Casuco".  Todos los dibujos son originales. Comenzó hacia el año 1980 coincidiendo con su jubilación. Todo el trabajo lo realizó directamente sobre el cemento. Estilo Mediterráneo.





Retomamos la marcha "costeando". Cruzamos la frontera invisible entre Murcia y Almería para adentrarnos en la AL-7107. Pasamos por San Juan de los Terreros y seguimos hacia Villaricos.




Este tramo es, posiblemente, uno de los más bellos del sureste peninsular. La carretera se ajusta a la línea de los acantilados. A un lado, la roca volcánica; al otro, caídas verticales hacia un mar cristalino. Una magnífica carretera que hace que la conducción aquí se vuelve fluida, casi rítmica, disfrutando de cada grado de inclinación en las curvas mientras el sol continuas su ascenso hasta su cenit.





Tras hacer una parada junto al castillo de Villaricos, también conocido con el nombre de torre de Cristal, es una torre de defensa costera del tipo torre pezuña o de planta de herradura situada junto a la desembocadura del río Almanzora. 





Se trata de una torre elevada en el siglo XVIII que, igual que sus hermanas Macenas y la Mesa de Roldán, era punto de vigilancia de la costa ante la frecuente llegada de piratas beréberes, cuyo fin no era otro que la obtención de esclavos.




Retomamos la carretera y después de cruzar este pintoresco pueblo pesquero de Villaricos, giramos hacia el interior buscando Cuevas de Almanzora. Este municipio es una joya escondida.
Aquí nos proponemos visitar varios lugares que por su historia, importancia o simplemente por ser pintorescos, merecen la pena conocer. 








Castillo del Marqués de los Vélez: Una fortaleza imponente que preside el pueblo y nos habla del pasado señorial de la zona.

Situado en el corazón de la Plaza de la Libertad, se eleva sobrio y señorial el Castillo del Marqués de los Vélez, conjunto arquitectónico construido como baluarte defensivo en el siglo XVI por el primer Marqués de los Vélez, D. Pedro Fajardo.
Ha servido de residencia palaciega para la nobleza señorial, almacén de tributos para vasallos y alojamiento carcelario.
El Castillo del Marqués de los Vélez se configura como un recinto amurallado en forma de rectángulo irregular, constituido por la Torre del Homenaje, la Casa de la Tercia, el Palacio del Marqués, el Anfiteatro y el Patio de Armas.








Casas Cueva de Calguerín: Callejeamos para descubrir estas viviendas excavadas en la roca caliza, más de 200 cuevas que forman un paisaje único y fascinante. 




Para rematar la visita técnica, ascendemos hasta la Presa del embalse de Cuevas de Almanzora. Desde la parte alta de la coronación de la presa, la vista del embalse y de la infraestructura de ingeniería es impresionante, ofreciendo una perspectiva panorámica de toda la comarca del Levante Almeriense.









Tras llenarnos las retinas de preciosas vistas iniciamos el camino de vuelta. Ponemos rumbo a Lorca, la ciudad del sol. Atravesamos paisajes de secano y sierras que separan la costa del interior murciano. Una vez en Lorca, conectamos con la carretera RM-622, que une Totana con Alhama de Murcia, para desde este municipio ir en busca de la carretera RM-603, para ir en busca de Murcia después de pasar la localidad de Sangonera la Verde.



Ya casi llegando a casa, es el momento de la reflexión de la ruta de hoy. Han sido kilómetros de curvas perfectas, vistas de acantilados que quitan el hipo, rincones llenos de historia y, sobre todo, el ambiente del grupo y ese almuerzo en "El Cruce" que todavía recordamos. Al entrar de nuevo en el casco urbano de Murcia, las luces de la ciudad nos dan la bienvenida, cerrando una ruta que, sin duda, repetiremos.