viernes, 24 de abril de 2026

*RUTA MOTERA POR EL NOROESTE, PUERTO DE MORATALLA, FUENTE DE LA SABINA, SOCOVOS, EMBALSE DE ALFONSO XIII, VALLE DE RICOTE*.

 


Nos reunimos un poco antes de las 8,30 en la estación de servicio “Las Salinas”, lugar habitual de partida de algunas de nuestras salidas, los ocho participantes de la ruta motera de hoy.
A la hora acordada y tras los primeros comentarios, risas, saludos y algún que otro café, ponemos en marcha las motos, nos ajustamos cascos, guantes y demás elementos de protección, programamos el GPS e iniciamos la salida siguiendo la estela de nuestro guía; somos los Riders of Murcia y hoy el asfalto promete.


Iniciamos el recorrido buscando la autovía A-30 en dirección Albacete. La mañana es fresca, el cielo está limpio, el viento empieza a golpear el casco, y la formación avanza hacia el Norte. Rodamos compactos, ocupando nuestro espacio con esa alineación habitual en forma de Zig-Zag, que solo un grupo bien avenido consigue. Al llegar a la salida 116 (Ulea), dejamos atrás la autovía para tomar y seguir por la carretera N-301.
Esta carretera es un regalo para el motero y para la vista. Apenas hay tráfico y el grupo se siente libre. A través de la visera de nuestro casco, el paisaje se despliega como un mapa en 3D.
A la derecha: la inconfundible figura de la Sierra de la Espada y, poco después, el imponente perfil de la Sierra de la Pila.
A la izquierda: Las siluetas recortadas de la Sierra de la Navela y más adelante la Sierra del Solán. Cruzamos el Parque Comercial de los Olivos en Cieza, y sin perder el ritmo seguimos hasta alcanzar nuestro primer objetivo: La Venta del Olivo.



Bajamos la pata de cabra, estiramos las piernas y aprovechamos para las fotos de rigor. Risas, comentarios sobre el recorrido y el brillo de las motos bajo el sol murciano.

Retomamos la marcha por la RM-714. El paisaje cambia, se vuelve más fértil.
Cruzamos el Río Segura y es imposible no desviar un segundo la mirada hacia los arrozales que bordean la carretera; un verde intenso que contrasta con el asfalto gris.


Dejamos atrás Calasparra y apuntamos hacia Caravaca, pero antes de llegar, en el cruce de Moratalla, hacemos el quiebro por la RM-B.35.
Esta carretera local es pura historia. Rodamos sobre parte de la antigua Cañada Real de Calasparra, pasando por los núcleos de la Tercia de Ulea y El Cobo. Es un tramo para disfrutar del ronroneo del motor y la paz del entorno rural, así como de algunas curvas fáciles.
Tras una de esas fáciles curvas, aparece Moratalla; un nutrido conjunto de casas que se eleva sobre las faldas del cerro de San Jorge, ofreciendo una imagen pintoresca de casas que arropan a su histórico castillo, que se encuentra vigilante sobre una atalaya, desde donde parece darnos la bienvenida, recordándonos a su vez, quién manda en estas tierras.


Después de callejear por esta villa siguiendo la RM-703, salimos de ella siguiendo la misma carretera. El paisaje se vuelve más agreste y serrano, la carretera discurre ahora por el interior de la sierra del Álamo.
A partir de ahora nos encontramos una naturaleza en estado puro, nos olvidamos de las tediosas rectas de la RM-714, para comenzar un divertido baile con la moto, siguiendo las trazadas de una sucesión de curvas.
La carretera discurre a través de un paisaje espectacular, rodeado de pinos carrasco y un tupido sotobosque formado por matas de esparto, romero, tomillo, carrascas, etc.
A pesar de su buen estado general, el firme no es un asfalto de circuito de MotoGP, sino que es rugoso, con buen agarre pero algo “vivo”. A lo largo de este tramo encontramos algunos parches y grietas, que nos recuerda que es una carretera de montaña, así que las suspensiones trabajan de lo lindo.
Esta sucesión de divertidas curvas de radio medio y otras más cerradas, nos obligan a entrar con la mirada puesta en la salida, buscando la mejor trazada para no invadir el carril contrario y evitar desagradables momentos.
Una tras otra se sucede en una perfecta sincronía, obligándote a desplazar el peso una y otra vez, presionando con firmeza la estribera, sintiendo como el motor retiene la moto al reducir de marcha justo antes de encarar la curva; para a continuación, sentir esa aceleración progresiva al abrir gas a la salida de la misma y rápidamente prepararte para encarar la siguiente. Es la situación exacta en el que te olvidas del mundo y tan solo estás para disfrutar del momento.
A medida que ganamos altura hacia El Sabinar, el aire se vuelve más fresco y limpio, el paisaje se abre y el bosque se aleja, es la señal de que estamos entrando en los Campos de Béjar. Un lugar conocido por su tranquilidad, paisajes de alta montaña, y la floración de campos de lavanda y plantas aromáticas en verano. Aquí encontramos la pequeña ermita de San Pedro.
A la salida de esta zona, a la altura del cortijo de la Tercia Vieja, la carretera se revira, siguiendo ahora un rumbo norte (N), introduciéndose por la calada del Gallego, entre el puntal del Carreño y el Peñón de los Tormos.
Poco después hacemos una parada de descanso para poder disfrutar del entorno y de las vistas.











Tras este descanso y ya con ganas de llegar a El Sabinar para almorzar, continuamos por esta carretera y al llegar a lo alto del puerto de La Fuente de los Muertos, una zona con un entorno boscoso de pino blanco, carrasco y vegetación de ribera. A partir de aquí comenzamos un suave descenso hacia las Casicas de San Juan, donde el paisaje se abre infinito. A nuestra derecha, hacia el norte (N) vemos el Calar de la cueva de la Capilla, más al fondo El Calar de las Cuevas del Bajil, el cerro de La Fuensanta, etc., bajo nuestras ruedas el pequeño embalse de La Risca y frente a nosotros en dirección oeste (W) las amplias extensiones que forman “Los Campos de San Juan”.


Finalmente llegamos a nuestro principal objetivo, el restaurante “El Nevazo” en El Sabinar. Aquí haremos la principal de las paradas para almorzar y descansar, ya que es la mitad aproximada de nuestro recorrido de hoy.



Finalizado el descanso volvemos a las motos e iniciamos el segundo tramo de este recorrido por el noroeste de la región murciana.
Pasamos por la plaza del pueblo, que se encuentra presidida por una estatua taurina a escala natural y tras dejar atrás el lavadero público donde antaño se lavaba con agua del nacimiento del río Alharabe, nada más dejar atrás las últimas casas de la villa, tomamos carretera en dirección a Letur.


La carretera inicialmente atraviesa la sierra del Zacatín para poco después llevarnos a la pequeña aldea de la Fuente de la Sabina. Su asfalto se nos presenta bacheado, roto, con muchos socavones, etc., pero que con cuidado nos permite proseguir la marcha. La pista forestal asfaltada es estrecha, revirada y poco mantenida, características típicas de una carretera de montaña, que si nos obliga a estar pendiente de ella, también nos permite rodar despacio a través de una meseta de alta montaña, a más de 1200 metros de altitud, disfrutando del entorno y de los amplios paisajes que tenemos a ambos lados, con sabinas milenarias algunas de ellas retorcidas por el viento.
Llegamos a la Fuente de la Sabina, una pequeña localidad de casas de piedra, donde el tiempo parece haberse detenido hace décadas. Un breve respiro, un ajuste de guantes, y encaramos la carretera en el tramo que nos llevará hacia la perla del Segura, la villa de Letur.


A partir de aquí continuamos por la carretera AB-5010, siendo una de las rutas más paisajísticas y aisladas de la Sierra del Segura, atravesando un relieve extremadamente accidentado.
Nos encontramos una zona de meseta elevada donde el paisaje es más abierto y dominado por campos de secano y pequeñas casas de labor aisladas. La carretera empieza a serpentear para salvar el desnivel de las estribaciones de la Sierra del Calar, es estrecha, sin arcenes y curvas constantes, discurriendo en ocasiones paralela a profundos barrancos.
Al cabo de unos kilómetros empiezan a aparecer huertas escalonadas, señal inequívoca de que estamos llegando a Letur.





Letur es uno de los pueblos más bellos de España gracias a su peculiar estructura urbana, herencia del legado andalusí y un fértil territorio que facilita su dinamismo agrícola. Un comentario de uno de los compañeros, nos informa que la cantante Rozalen, es natural de este histórico y bello lugar.
Intentamos entrar en esta población, pero debido a los efectos catastróficos de la Dana del 29 de octubre del 2.024, hace que algunas de las calles y avenidas principales estén cortada al tráfico, por lo que optamos por dejar la visita para mejor ocasión y proseguir el itinerario.



Volvemos a la carretera y seguimos por la CM-3225, una vía recientemente rehabilitada, mejorando su firme, señalización y anchura. Poco después de dejar Letur, nos encontramos una sucesión de curvas amplias, de diferentes sentidos, con un magnífico firme, que nos permite trazarlas con seguridad y a buen ritmo, lo que hace el disfrute de todo el grupo.


Tras unos 13 kilómetros de magnífica carretera, que es la distancia que separa Letur de Socovos, entramos en esta localidad albaceteña.
Socovos es una localidad con un entramado de calles que sorprende, la historia y el paisaje se dan la mano en este lugar, prueba de ello es el castillo de Socovos, primer bastión cristiano al sur del río Segura, en un territorio de inmensa mayoría morisca.




Cruzamos esta Villa y en poco menos de 8 kilómetros llegamos a Tazona, pequeña localidad de aproximadamente 532 habitantes, que se encuentra en el límite entre las provincias de Albacete y Murcia.
Seguidamente entramos en la CCAA de la región de Murcia y en pocos minutos nos encontramos cruzando la población de Calasparra, con el fin de tomar y continuar por la carretera MU-552, es una vía de segundo nivel que comunica las poblaciones murcianas de Calasparra y Mula, siendo el itinerario más corto para unirlas por carretera. 
Tras salir del casco urbano y después de aproximadamente 5,7 kilómetros llegamos al cruce que nos lleva al embalse de Alfonso XIII y Cieza.
Continuamos por esta carretera que serpentea entre relieves áridos y escarpados, ofreciendo una conducción técnica y visualmente impactante por sus variados y preciosos paisajes. 


Poco después comenzamos a ver el Embalse de Alfonso XIII, un espejo de agua turquesa encajado entre paredes de roca caliza que contrastan con la sobriedad del paisaje. Al avanzar hacia Cieza, el entorno se transforma: la aridez da paso a bosques de pequeños pinos carrasco, y mucho sotobosque donde predomina el albardín, la siempre viva, rosal silvestre, tarays, carrizos, etc.


Entramos en Cieza y antes de cruzar el río seguimos por el paseo ribereño que circunvala la ciudad por su vertiente oeste (W), confluyendo con la carretera MU-512 por la que seguimos en dirección a las localidades de Abarán, Blanca y Ojos. En esta última localidad cruzamos el Segura y seguimos por la carretera que nos lleva a Ulea pasando por el grupo de casas que forman La Cuna. Esta carretera que discurre por la falda de la vertiente sur de la Sierra de Las Coberteras, desde la cual obtenemos unas preciosas vistas del “oasis de Ojos”, una fértil comarca rodeada de huertos que abrazan al río Segura


Poco después alcanzamos y cruzamos el municipio de Ulea y proseguimos por una de las carreteras más hermosas, a mi parecer, de esta zona, me refiero al tramo Ulea – Archena por la carretera B-10. Una serpenteante vía que sigue paralela el curso del río Segura.
Lo que hace especial a esta vía es el entorno por donde discurre; atraviesa el precioso parque de la Marquesa, que ofrece una estampa paisajística de palmeras, árboles frutales, pinares y abundante vegetación de ribera. Es una carretera estrecha y sinuosa que invita a una conducción pausada para disfrutar del "pulmón verde" de la zona.





Una vez alcanzado la entrada a la ciudad de Archena, vamos en busca de la autovía A-30, para seguir por ella en dirección a Murcia capital, dando por finalizada la ruta al llegar a la misma.


MAPA DE LA RUTA.





martes, 14 de abril de 2026

VIDEO DE LA RUTA POR EL PARQUE NACIONAL DE CABAÑEROS - abril_2026

 



Pequeño video editado por Isidoromf, con algunos trozos de Alfonso L. y Mariarno A., realizados en lugares puntuales a lo largo del recorrido por este precioso Parque Nacional de Cabañeros. Como lo define magníficamente uno de los componentes del grupo que participó en esta salidad:

 “Es como conducir la moto por el interior de un jardín infinito”.





lunes, 13 de abril de 2026

RUTA MOTERA POR EL PARQUE NACIONAL DE CABAÑEROS_CIUDAD REAL / TOLEDO

 



El Parque Nacional de Cabañeros es un vasto santuario natural, un escenario idílico para perderse sobre dos ruedas. Sus carreteras solitarias, en ocasiones abrazadas por una vegetación exuberante, ofrecen un catálogo infinito de paisajes y horizontes abiertos. Situado entre las provincias de Ciudad Real y Toledo, este espacio único se resume en una sola frase: “Es como conducir la moto por el interior de un jardín infinito”.

La ruta atraviesa el corazón del parque mediante una sucesión de trazados serpenteantes. Si bien gran parte del asfalto está en óptimas condiciones, el verdadero encanto reside en su dualidad. Más allá de los itinerarios turísticos oficiales, esta propuesta se adentra en ocasiones en rutas olvidadas y apenas transitadas; vías estrechas y reviradas donde el mantenimiento es escaso y la naturaleza reclama su terreno, permitiendo una conexión íntima con el entorno, donde a penas te cruzas con otro vehículo. El itinerario alterna tramos impecables con un asfalto que parece conducir sobre una alfombra, con rutas mucho más salvajes y auténticas, cuyo mantenimiento es casi nulo, teniendo un firme que no es aconsejable para todo tipo de motos.
Es un lugar ideal para disfrutar de la moto y que transmite muy bien esa sensación de libertad, que buscamos los moteros.



Este recorrido de aproximadamente 370 kilómetros, discurre por este Parque Nacional de Cabañeros, combinando senderos señalizados y cómodos, con caminos olvidados de mayor exigencia, revelando a su paso paisajes solitarios y rincones que parecen detenidos en el tiempo.
Un trayecto que huye de los recorridos convencionales para descubrir la cara más auténtica y solitaria de este entorno natural, entre otros. 

Iniciamos el recorrido en Herrera del Duque, en el corazón de la provincia de Badajoz. Partimos a primeras horas del día, aprovechando ese aire fresco y limpio que solo la mañana sabe regalar. Los primeros kilómetros transcurren por la serpenteante N-502, una vía cómoda que nos conduce con agilidad hacia nuestro primer objetivo: el Embalse de Cijara, en la fascinante y salvaje zona conocida como la "Siberia extremeña".
Es una vía con escaso tráfico en ciertos tramos, pero que requiere precaución por la posible presencia de animales y la sinuosidad del trazado en la zona más montañosa.
Circunvalamos la localidad de Castilblanco y tras unos 14 kilómetros llegamos a la presa de este enorme pantano, donde hacemos la primera parada de descanso.







Una vez acomodada la ropa, ya que el calor empieza hacerse notar, descansados y hechas algunas fotos, volvemos a la carretera, para seguidamente alcanzar el desvío a nuestra derecha de la carretera CM-4157, antigua vía que unía Navahermosa con el Portillo de Cijara.
Nos incorporarnos y seguimos por esta CM-4157. Gracias a la rehabilitación de esta vía en 2022 a su paso por el embalse, nos encontramos ahora con una carretera estrecha, pero con un firme impecable. Es una delicia serpentear por esta línea que bordea la margen norte del pantano, construido en 1956 como pieza clave del Plan Badajoz sobre el río Guadiana.



Cada curva nos ofrece una postal nueva. Dejamos atrás el pequeño poblado de Cijara, la zona de “Las Chorreras” y bordeamos el cerro de “Corrales” (656 m). Ahora frente a nosotros emerge la icónica “Isla de las 4 provincias”. Cuenta la tradición oral que, en la cima de ese cerro, confluyen los límites de Badajoz, Cáceres, Toledo y Ciudad Real (en su Rincón de Anchuras).


Poco después, el camino nos regala la estampa del Puente de los 19 ojos. Este viaducto del Fresnedoso, con su calzada de 5 metros y sus robustas defensas de hormigón, marca un punto de inflexión en la ruta.
Tras cruzar el puente y avanzar unos 5 kilómetros, el escenario cambia radicalmente. Nos adentramos en un tramo de 18 kilómetros de carretera estrecha, sin señalización y con un firme muy deteriorado. Esta sección no es apta para todos los moteros ni para cualquier tipo de montura. Sin embargo, nosotros continuamos por ella y la recompensa a esta vía en mal estado, es la soledad absoluta. A lo largo de este tramo, el olvido del asfalto hace que sea un tramo poco o nada transitado por vehículos, permite que la vegetación gane terreno y el silencio solo sea roto por el rugir de nuestros motores, permitiéndonos conectar de forma más intensa con el paisaje de esta zona.
Siguiendo por esta carretera aguas arriba del viaducto se conserva el antiguo puente del Estenilla: un puente sobre el río del mismo nombre, formado por nueve arcos rebajados de siete metros de luz, con pilas y bóvedas de hormigón en masa, tímpanos y paramentos revestidos con mampostería y defensas conformadas por pretil continuo en su parte central y malecones en los estribos.


Tras 3,5 kilómetros nos encontramos una casilla de peones camineros, un edificio singular, ya que estos normalmente contaban con una única planta en superficie, y este cuenta con dos


Unos metros más adelante llegamos al puente sobre el río Estomiza. El puente es similar al del río Estenilla, aunque la estructura se resuelve mediante dos arcos escarzanos (arcos rebajados simétrico) con luces más amplias respecto al anterior, y además, las bóvedas de los arcos también están realizadas con hormigón en masa.


A partir de este puente nos restan unos 8 kilómetros de idéntica carretera hasta llegar al cruce con la CM-4106, donde ya cambia el estado de la carretera. 
Sin duda alguna, este tramo anterior cuenta con unos valores paisajísticos, históricos y técnicos interesantes, que la hacen merecedora de conocerla.

Desde este cruce ponemos rumbo Sur hacia un sector que es común a las rutas principales aconsejadas para el turismo, por la conexión entre los municipios de Horcajo de los Montes, Retuerta del Bullaque, Navas de Estena y Hontanar.
Tras un rápido recorrido de aproximadamente 15 kilómetros llegamos a la localidad de Horcajos de los Montes, donde nos reagrupamos y realizamos otra parada de descanso, que aprovechamos para almorzar en uno de los varios bares de la zona.
Seguidamente volvemos a las motos, dejando a dos compañeros en este lugar, el resto encaramos la CM-4017 hacia el este; el aire trae un aroma inconfundible a jara y encina mojada, el ánimo está alto y con ganas de continuar el recorrido programado.

Los primeros kilómetros son perfectos para aumentar el ritmo, asfalto rugoso y curvas abiertas que serpentean entre dehesas. A nuestra izquierda, las sierras del Parque Nacional se alzan como guardianes de granito. Con esa sensación de libertad aceleramos e inclinamos la moto, sintiendo el agarre de los neumáticos en cada trazada.
 Vamos ganando carretera, alcanzamos el puerto del Rubial y comenzamos un suave descenso, la ruta se vuelve más íntima, cruzamos el arroyo de Cabañeros y el paisaje se cierra en un pasillo verde de quejigos y robles melojos. Aquí bajamos el ritmo para disfrutar del entorno y de algún buitre negro que sobrevolando nos obliga a observar su elegante silueta.
Finalmente, tras unos 30 kilómetros de puro disfrute mecánico y visual, entramos en Retuerta del Bullaque. Aquí nos recibe un antiguo puente sobre el río Bullaque, seguimos por la avenida del mismo nombre y repostamos en la única estación de servicio que dispone esta localidad.



A continuación, y por la CM-4017 seguimos en dirección Toledo; a unos 11 kilómetros abandonamos esta estupenda carretera para introducimos por otra que encontramos a nuestra izquierda y que, nuevamente nos reencuentra con la serranía en San Pablo de los Montes, ascendiendo por el puerto del Lanchar.
Comenzamos un precioso ascenso y un poco antes de coronar este puerto, hacemos otra nueva parada en la zona del Avellanar para disfrutar del entorno y sus vistas. 








Tras ello, coronamos este puerto y continuamos y cruzamos la localidad de San Pablo de los Montes.



Poco después y tras un suave descenso llegamos al Puerto del Robledillo, siendo una de las vías de comunicación entre las provincias de Toledo y Ciudad Real, tiene una altura aproximada sobre el nivel del mar de 1250 metros.




Desde aquí comenzamos un vertiginoso descenso hasta los Baños del Robledillo, a través de una sucesión de curvas de herradura que se ha hecho muy popular entre los moteros. Es el denominado “Stelvio toledano”. 



 El buen estado de esta vía de conducción escénica y técnica, nos ofrece unas vistas espectaculares del entorno del embalse de la Torre de Abraham y de los montes de la Finca del Castillo de Prim, limitando al Sur el propio Parque Nacional de Cabañeros.



Al conectar de nuevo con la CM-4017, avanzamos hacia Retuerta del Bullaque con el objetivo de alcanzar Navas de Estena. Tras cruzar el municipio, seguimos en dirección Oeste por la CR-701, para luego desviarnos hacia el Norte por un tramo de curvas que nos lleva a Navas de Estena. Continuamos el ascenso en dirección al cruce de Hontanar, deteniéndonos en el Risco de las Paradas.
El Mirador Risco de las Paradas es uno de esos rincones que te dejan sin aliento, no solo por la vista, sino por la paz que se respira en este lugar. Es un puerto de montaña con curvas cerradas, pero con un asfalto en muy buen estado. Este lugar es la antesala del corazón del Parque Nacional de Cabañeros.









Tras llenar las retinas de unos paisajes amplios y preciosos, abandonamos este tranquilo lugar y volvemos al cruce anterior del que nos separan apenas unos 600 metros.
A partir de aquí se despliega ante nosotros la carretera CM-4157, como una cinta de asfalto viejo que serpentea entre la jara y el silencio de los montes de Toledo.



Seguimos por ella, una carretera estrecha sin señalización y serpenteante, inicialmente con una suave pendiente descendente, con un firme de asfalto antiguo poco o nada mantenido, pero que permite el paso de nuestras motos sin problema. Estas características hacen de este recorrido un tramo solitario en el que apenas nos cruzamos con un coche y una moto.
El suave descenso es como un baile, el trazado no te deja correr, cada curva es un desafío, el asfalto es rugoso y poco o nada mantenido, exigiéndonos que leamos cada bache mientras tumbamos la moto con suavidad.

Pero, por el contrario, discurre por zonas de exuberante y hermosa vegetación. Hay algo casi hipnótico en el asfalto gastado y el silencio de esta carretera secundaria o de montaña, en la que parece que el tiempo se detuviera mientras la moto traza las curvas.
A nuestra izquierda, el paisaje se abre en profundos valles de un verde oscuro, continuamos descendiendo, dejando atrás la altitud, sintiendo como la temperatura sube lentamente. Cruzamos bosques de encinas centenarias que pasan una tras otra por el espejo retrovisor, continuamos sin prisas.





Poco a poco, la serpenteante carretera da paso a una vía de largas rectas. Como el antiguo asfalto sigue agrietado y lleno de baches, nos vemos obligados a ponernos de pie sobre los reposapiés para evitar que nuestra columna sufra durante el trayecto.
Al llegar al cruce de Valdeazores, dejamos esta carretera y nos dirigimos hacia esta pequeña localidad, siendo uno de los rincones más aislados y vírgenes de la provincia de Ciudad Real, casi rozando el límite con Extremadura. A partir de aquí la carretera cambia drásticamente, teniendo ahora una carretera recientemente arreglada y que nos lleva en pocos kilómetros a la villa de Los Alares, donde hacemos una nueva parada. 


Desde esta pequeña pedanía que respira paz, continuamos por la CM-4155 que se despliega como una cinta gris a través de unos paisajes de una dehesa ondulada, donde las encinas salpican el terreno y el ganado pasta ajeno a nuestro paso.
A medida que avanzamos hacia el norte, el terreno empieza a quebrarse. Estamos entrando en el corazón de la comarca de La Jara, la vegetación se vuelve más densa.
La carretera empieza a serpentear, buscando el paso entre los cerros y la conducción se vuelve más rápida y técnica. Reduzco una marcha, inclino la moto a la entrada de la curva y saboreo la trazada.
¡No hay prisa, solo ritmo!.

A la altura de la villa de Robledo del Buey el paisaje se abre, la carretera parece seguir el curso del río Pusa.
La carretera gira bruscamente a una dirección Este (E), comienza a descender de una forma más decidida, el paisaje se vuelve más verde. Rápidamente alcanzamos el cruce que lleva al área recreativa de "El Chorro" en Las Becerras y decidimos visitar este lugar.



Para ello hay que descender hasta el lecho del río Pusa a través de una artificial pista forestal que, a través de cortos tramos separados por curvas de herradura, nos deja frente a un puente que cruza dicho río.


Las Becerras es uno de los espacios naturales más emblemáticos de Los Navalucillos, una amplia área recreativa rodeada de pinares y cursos de agua que sirve como punto de inicio a algunas de las rutas más espectaculares del Parque Nacional de Cabañeros.
En este lugar encontramos un merendero que, si bien no tenía cliente alguno, si olia a comida recién cocinada.






Viendo la hora que era decidimos preguntar si nos podían dar de comer, siendo una suerte el poder hacerlo en este idilico lugar.
Solos, sin clientes más que nosotros, un camarero y una cocina para nosotros, así que nos dispusimos a probar lo que nos recomendó el camarero, una serie de cazuelas de caldereta de carne de Jabalí con patatas y otra de ciervo, todo regado con un buen vino, fue todo un acierto.





Después de este tranquilo y agradable momento culinario, cruzamos el río y ascendemos nuevamente hasta la carretera CM-4155.
Seguidamente hacemos otro alto en el mirador de Risco Martín Dominguez; subimos a dicho mirador desde el que se obtienen unas espectaculares vistas al pantano del rio Pusa y al fondo Los Navalucillos







Desde aquí la carretera comienza a descender más rápidamente, el paisaje se vuelve más verde.
Ante nuestros ojos aparece Los Navalucillos, el "corazón de los Montes". El pueblo se asienta en la falda de la sierra, vigilado de cerca por el imponente Macizo del Rocigalgo.
Cruzamos el casco urbano, un laberinto de calles estrechas y sinuosas que conservan el sabor castizo de los pueblos de montaña. Sus suelos de cantos rodados y el ritmo pausado de sus gentes crean una atmósfera acogedora donde el forastero nunca se siente un extraño.



Tras dejar atrás este enclave con encanto, enfilamos nuestras ruedas hacia Los Navalmorales, apenas a ocho kilómetros de distancia. Poco antes de entrar, alcanzamos el cruce con la carretera CM-401 y continuamos por ella en dirección a Navahermosa.

Esta vía actúa como transición entre el valle y la serranía toledana, alternas rectas generosas con curvas que exigen atención, especialmente cuando el cansancio empieza a hacer mella tras tantos kilómetros de trazado sinuoso.
El firme es rugoso, el tráfico mayoritariamente local y agrícola, nos cruzamos con alguna maquinaria pesada y con algún ciclista valiente que desafía el desnivel.

Al llegar a Navahermosa, nos recibe una arquitectura serrana rodeada de montes y castaños. Poco después alcanzamos y cruzamos Menasalbas, auténtico corazón ganadero de la comarca.

Finalmente, llegamos a nuestro destino: Las Ventas con Peña Aguilera. Aquí nos aguarda un descanso reparador, necesario para afrontar con energía, al día siguiente, el viaje de vuelta a Murcia.
Tras una agradable y pausada reunión del grupo en una cafetería del lugar y una frugaz cena, nos recojemos en el hostal Joaquín, a descansar para el viaje de vuelta y más que tenemos la previsión de lluvia a lo largo de el. 

¡Pero eso será otra história!







MAPA DE LA RUTA