viernes, 31 de octubre de 2025

UN RECORRIDO ÉPICO POR EL PARQUE NATURAL DE LA SIERRA DE MARÍA-LOS VÉLEZ, EL ALTIPLANO GRANADINO_ EMBALSES NEGRATIN, BOLERA Y EL PORTILLO.

 



Tenemos por delante un ambicioso itinerario, por lo que el grupo RADERS OF MURCIA decide quedar algo más temprano de lo habitual para reagruparnos en la estación de servicio La Paz, a eso de las 07.45 de la mañana del jueves 23 de octubre, con el fin de a las ocho en punto, iniciar este épico recorrido a través de tierras granadinas, jiennenses y murcianas.
El amanecer despunta perezoso, mientras tanto comienzan a llegar los miembros del grupo RADERS al lugar programado para el comienzo de la ruta motera de hoy. Se aproxima la hora prevista de salida y los motores de las motos cobran vida con un rugido profundo y acompasado. Las sonrisas en las caras y la conversación acelerada, son signos evidentes de la ansiedad por comenzar la ruta.
El punto de partida es un lugar de paso, casi anónimo, la estación de servicio La Paz, pero hoy se convierte en el kilómetro cero de una aventura inolvidable.
Con el depósito lleno y el espíritu rebosante de expectación, dan las 08.00, y comienza un recorrido que se adentrará en tierras granadinas, un recorrido desde las fértiles tierras murcianas hasta el corazón geológico y casi lunar del Altiplano de Granada.

El primer tramo es pura funcionalidad, un rápido calentamiento por la autovía A-7, que nos llevará hasta el municipio lorquino, frontera histórica, allá por el S.XIII, entre los reinos de Granada y Murcia.
El aire fresco de la mañana temprana acaricia nuestros rostros, una sensación de libertad que solo se siente sobre dos ruedas.
El asfalto se desliza rápidamente y con suavidad bajo las ruedas, devorando kilómetros mientras el paisaje se sucede, una mezcla de invernaderos y campos de cultivo que poco a poco van cediendo terreno a una orografía más agreste. El verdadero viaje comienza al tomar la salida 633, abandonando la comodidad de la autovía para abrazar la carretera RM-701 que se dirige desde Lorca hacía el interior profundo. El rumor y el estrés del tráfico se desvanece, reemplazado por el sonido más puro del viento existente y del motor de nuestras motos.

La carretera se estrecha y se vuelve más personal, serpenteando en dirección a la pedanía de La Parroquia. El paisaje se transforma, los naranjos dan paso a almendros y olivos, y las laderas de las sierras cercanas se salpican de un verde más oscuro y salvaje.
Dejamos atrás el embalse de Puentes y nos vamos acercando al límite entre Murcia y Granada, cruzamos lentamente la pedanía de La Parroquia y proseguimos sobre una carretera ahora estrecha, serpenteante y con un firme bastante rayado y falto de mantenimiento. Es una transición sutil pero palpable, una inmersión gradual en un territorio que durante siglos fue una peligrosa y disputada frontera entre reinos.


El primer hito histórico no se hace esperar. Sobre una modesta elevación que domina el valle del río Corneros, se alzan los restos del Castillo de Xiquena. Aparcamos las motos y nos disponemos a conocer lo que queda de este castillo que junto con el de Tirieza, formaban una frontera imaginaria que limitaban ambos reinos, a la vez que vigilaban el paso por esta antigua carretera que unían ambos territorios. Esta fortaleza, de origen islámico y conquistada por las tropas castellanas en el siglo XV, fue una vanguardia crucial frente al reino nazarí de Granada. Hoy, sus torres desmochadas y lienzos de muralla en ruinas evocan historias de batallas, asedios y una vida dura en la vanguardia. Aunque abandonado, los restos del castillo aún conservan una dignidad imponente.




Dejamos atrás el eco de las luchas fronterizas, la ruta continúa hacia Vélez Blanco. La carretera se retuerce con más decisión y mejora su estado, ofreciendo curvas que son una delicia para todos nosotros.
La villa aparece como una mancha blanca colgada en la falda de una colina, dominado por la imponente silueta de su castillo renacentista, una fortaleza palaciega del Marqués de los Vélez que se erige como el guardián pétreo de la localidad. Sus calles conservan un encantador trazado de herencia musulmana, con casas de paredes encaladas y tejados ocres que invitan a perderse entre sus callejuelas.



 A la entrada de este histórico lugar hacemos una parada para volver a reagruparnos y tras ello, el grupo continúa en dirección a la pequeña población de María.  



El camino sigue ascendiendo, adentrándose en el corazón del Parque Natural de Sierra de María-Los Vélez. La carretera recientemente arreglada tiene un trazado amplio, con buena visibilidad y curvas perfectamente trazadas, que hacen que el ritmo del grupo aumente un poco más. El aire se vuelve más puro y fresco, cargado del aroma de los pinares que pueblan las laderas. La siguiente parada es María, un pueblo de montaña que parece vivir a un ritmo más sosegado, un oasis de tranquilidad rodeado de una naturaleza exuberante, donde decidimos hacer una parada más extensa en el tiempo y aprovecharla para almorzar.




Desde María, la ruta pone rueda hacia Orce, y el paisaje comienza a insinuar el cambio drástico que está por venir. Las montañas boscosas van abriéndose para dar paso a la inmensa llanura del Altiplano de Granada. Rápidamente y sin darnos cuenta nos encontramos conduciendo sobre una interminable recta que discurre sobre grandes llanuras de terreno de cultivo, que nos va acercando velozmente hacia nuestro próximo objetivo, la población de Orce.


Esta localidad granadina es un lugar de una importancia histórica abrumadora, conocida como la cuna de los primeros pobladores de Europa. Aquí, el pasado no se mide en siglos, sino en milenios, de ello se encargan los activos yacimientos paleontológicos de Venta Micena, Barranco León y Fuente Nueva
Decidimos hacer una parada en este municipio para visitar algunos de los muchos monumentos históricos de este señorío, entregado en 1488 por los Reyes Católicos a Enrique Enríquez de Quiñones.





vistade la Torre del Homenaje.

La primera visita obligada es la Alcazaba de las Siete Torres. Esta fortaleza medieval, que comenzó a construirse en el siglo XI y finalizó en el siglo XIV como defensa de los reinos de taifas, domina el pueblo con la robustez de sus murallas y torres. 
Orce, Guadix, Húescar, Vélez Blanco y Baza, formaban una línera de defensa del reino de Granada, contra el reino cristiano del rey de Castilla Fernándo III.
 A lo largo de su historia ha servido como residencia, granero e incluso como fábrica, lo que probablemente lo salvó de la ruina. Decidimos dar un paseo alrededor de sus murallas y sus 7 torres, tres de ellas orientadas al Norte, dos al Este, otras dos al Oeste y la imponente torre del Homenaje al Sur. Este corto recorrido nos hace sentir el peso de su historia, sus batallas y disfrutar de las vistas privilegiadas de los caseríos y callejuelas que se encuentran en sus inmediaciones.




Justo enfrente, como en un diálogo arquitectónico a través de los siglos, se alza la Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación. Este imponente templo neoclásico y de fachada de estilo herreriano, edificado en su mayor parte en el siglo XVIII sobre una iglesia anterior e incluso sobre la mezquita original, presenta una majestuosa planta de cruz latina y una gran cúpula sobre el crucero. Su torre, que conserva elementos de la anterior iglesia del siglo XVI, se erige como un faro estratégico en la maraña de callejuelas de Orce.





Ambos elementos históricos se encuentran juntos en la plaza Vieja, lugar ideal donde aparcamos sin problema nuestras motos y punto estratégico para comenzar las visitas.

Vista de la torre del homenaje desde la plaza Vieja. 



Al salir de Orce en dirección a Galera tomamos la carretera GR-9104, un tramo de 21 kilómetros que separa ambas localidades; el paisaje se transforma de manera radical y sobrecogedora. Se entra de lleno en el territorio del Geoparque de Granada, un lugar que parece sacado de otro planeta. Las llanuras fértiles desaparecen para dar paso a los "badlands" o malas tierras, un paisaje semidesértico de cárcavas, barrancos y cerros arcillosos esculpidos por la erosión durante millones de años, creando un panorama extraño de una belleza árida y casi hipnótica. Nos encontramos en pleno corazón de la zona conocida como el Altiplano de Granada.

Galera, nos recibe con sus famosas casas cueva excavadas en las laderas, la carretera se revira y continua hacia Huéscar, pero nosotros decidimos continuar por la antigua carretera que une Galera con el cortijo del Cura y Castilléjar, es un hilo de asfalto que se abre paso por un paisaje único, siguiendo casi en paralelo al río Galera. El siguiente punto del itinerario al que nos lleva esta antigua carretera es el Cortijo del Cura, una pequeña localidad perteneciente al municipio de Galera, un remanso de paz en medio de este entorno tan singular.






La ruta continúa hacia Castilléjar, población que se encuentra en el epicentro del hábitat troglodita. Aquí, la vida se desarrolla en el interior de la tierra, en casas cueva que mantienen una temperatura constante durante todo el año y que conforman un paisaje urbano único y sorprendente. El viaje se convierte en una exploración de formas y colores, donde los tonos ocres, rojizos y blanquecinos de la tierra dominan cada panorámica.
El itinerario sigue hacía la población de Benamaurel, girando antes de llegar por la Barriada de San Marcos y nos encaminamos por la Barriada Huerta Real hacia un punto elevado, el Alto de la Gitana, un mirador natural desde el que contemplar la inmensidad de los badlands y el laberinto de cañones y ramblas que conforman el geoparque.

vista al fondo del cerro de Jabalcón.

Conducimos por unas amplias extensiones de campos de cultivo de secano, viendo al fondo la figura petrea del cerro de Jabalcón, nuestro principal objetivo.
El siguiente punto de referencia es el Monasterio La Granja, un antiguo monasterio del siglo XVI convertido en un lugar con encanto a orillas del pantano. Este edificio histórico, que perteneció a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, conserva elementos como columnas romanas del antiguo balneario de Zújar, hoy sumergido bajo las aguas.
Estamos llegando al tramo final de la mitad de la ruta, posiblemente, el más impresionante visualmente. Tras una sucesión de caminos rurales asfaltados, seguimos por la carretera adjunta al canal de Jabalcón, para en la siguiente bifurcación coger la carretera de la derecha y continuar por la carretera de los Baños, nombre que se refiere a los antiguos baños termales romanos a los que llevaba esta vía. 

 
La carretera bordea la ribera del embalse del Negratín, el cuarto más grande de Andalucía. A pesar de que es evidente la falta de agua de este embalse, el contraste entre la aridez del paisaje circundante y el intenso azul turquesa de las aguas del pantano es simplemente espectacular. El embalse rodea el imponente Cerro Jabalcón, una montaña solitaria que se eleva como un gigante en medio del altiplano, ofreciendo un telón de fondo majestuoso. Esta es nuestra meta en la ruta de hoy, alcanzar el pico del Cerro del Jabalcón.


Seguidamente, alcanzamos la localidad de Zújar (Granada), el punto de salida para nuestra ascensión al Cerro de Jabalcón 1488 m., sobre el nivel del mar. El pueblo se asienta a los pies del Jabalcón, con sus casas blancas extendiéndose por la ladera y mirando hacia la inmensidad del Negratín.
Aquí nos dividimos en dos grupos, aquellos que por el motivo que sea no desean hacer la subida a este cerro y los que tenemos intención de ascender hasta su pico, donde se encuentra el santuario de Ntra. Sñra. de la Cabeza.


Un recorrido a través de este Cerro de Jabalcón, toda una aventura por tierra y asfalto, un ascenso por su vertiente más salvaje y un descenso por asfalto que serpentea entre vistas panorámicas.

Partiendo desde el pintoresco pueblo de Zújar, este tramo circular para subir a la cumbre de este Cerro, combina la emoción del off-road con el placer de unas vistas fantásticas. La subida comienza en Zújar, por la calle Santo Ángel y en dirección al cuartel de la Guardia Civil, siguiendo por el camino de la Virgen nos dirigimos hacia la vertiente Oeste (W) del cerro para encontrar la pista de tierra que marcará el inicio del desafío. Los primeros kilómetros son un ascenso constante, poniendo a prueba la pericia del piloto y la capacidad de la moto para adaptarse a un terreno irregular, pero nada difícil transitar.
El paisaje, inicialmente dominado por olivares y almendros, se va tornando más agreste a medida que se gana altura, con una vegetación de matorral bajo y formaciones rocosas que salpican las laderas.
A mitad de camino, surge uno de los tesoros escondidos de esta ruta: el Ojo de la Heredad.






Esta caprichosa formación rocosa, conforma un arco natural esculpido por la erosión a lo largo de los siglos, enmarca unas vistas espectaculares del Embalse del Negratín, cuyas aguas turquesas contrastan con la aridez del entorno. Es una parada obligatoria para inmortalizar el momento. 
Continuamos ascendiendo, la pista se vuelve más exigente, pero la recompensa está cada vez más cerca. Tras una curva cerrada de 180º encontramos que la pista se convierte en una estrecha vía mal asfaltada que nos llevará hasta la pista de vuelo libre y a la cumbre. La cumbre del Jabalcón alberga dos puntos de interés principales. En primer lugar, la Ermita de la Virgen de la Cabeza, un pequeño santuario de forma redondeada que corona el cerro y ofrece un remanso de paz a 1492 metros de altitud. Desde este punto, las vistas panorámicas de 360 grados son sobrecogedoras, abarcando toda la Hoya de Baza y sierras circundantes.
En segundo lugar, a poca distancia y un poco más abajo del Santuario (1462 m.), se encuentra la pista de despegue de vuelo libre, punto de referencia para los amantes del vuelo en parapente y ala delta. Este lugar se convierte en una atalaya desde donde tenemos unas increíbles vistas del embalse del Negratín, de los badlands próximos a él y sierras adyacentes.





Tras disfrutar de la cima, de las vistas y el aire fresco y limpio que encontramos a estas alturas; llega el momento de emprender el regreso a Zújar, esta vez por la revirada carretera asfaltada que desciende por la vertiente oriental. Este tramo, aunque pavimentado, no está exento de emoción. Se trata de una carretera estrecha y sinuosa que exige una conducción atenta y precisa, ideal para disfrutar de las curvas. Las vistas durante el descenso son igualmente impresionantes, ofreciendo una perspectiva diferente del paisaje que se ha conquistado.

Finalmente, la carretera desemboca de nuevo en Zújar, donde nos esperan el resto de compañeros para comer en el restaurante El Cruce, completando así esta ruta circular que combina a la perfección la aventura de la conducción off-road, con la belleza de parajes naturales únicos.
La subida al Cerro de Jabalcón desde Zújar ha sido toda una experiencia inolvidable para todos, tanto para los que han subido como los que no, que lo hemos celebrado con unas frescas cervezas en un ambiente de satisfacción y de alegría por el triunfo conseguido.



Tras una copiosa y picante comida, comenzamos el viaje de regreso. Este tramo del recorrido es más que un simple trayecto de vuelta, es una inmersión de diferentes paisajes, un baile de curvas que serpentean entre embalses y sierras.

La vuelta que inicialmente tiene dirección hacia Pozo Alcón, comienza con la imponente presencia de la presa del embalse del Negratín, una colosal obra de ingeniería que contiene las aguas turquesas del río Guadiana Menor. 



 Paramos unos minutos para disfrutar de una panorámica espectacular, con el agua a un lado y el vacío al otro de la presa, frente a nosotros un mar de color azul turquesa y de telón de fondo la imponente figura del Cerro de Jabalcón.




Dejamos atrás el embalse, la carretera A-315 nos adentra en un territorio de contrastes, pasando por Cuevas del Campo y seguidamente el municipio jiennense de Pozo Alcón, puerta de entrada al Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Aquí el paisaje se transforma, volviéndose más agreste y boscoso.
La ruta nos lleva hacia el embalse de la Bolera, un remanso de paz de aguas cristalinas rodeado de verdes pinares y que, a pesar de la falta de agua, su visión es agradable.







La carretera que lo bordea es un auténtico regalo para nosotros, con curvas suaves que invitan a disfrutar del entorno y de la carretera.
Poco a poco nos vamos adentrándonos en el Parque Natural Sierra de Castril, queremos visitar el embalse del Portillo, que tan solo lo separa del de la Bolera unos escasos 15 kilómetros. Proseguimos por la carretera A-326, el asfalto se retuerce en un trazado más exigente pero inmensamente gratificante. El sonido del motor se mezcla con el paisaje de esta sierra mientras se suceden los virajes. El embalse del Portillo emerge como una joya azul encajada entre montañas, un lugar perfecto para una breve parada y sesión fotográfica.





La ruta prosigue en dirección Este, pasando por la localidad de Fátima y a su salida tenemos el puente de la Duda sobre el desfiladero del Guardal, que destaca por la impresionante profundidad de su tajo y la peculiaridad de sus pilares que se sujetan sobre calizas y dolomitas del jurásico.
Poco después la carretera nos lleva a las villas de Huéscar y Puebla de Don Fadrique.
Es en las inmediaciones de Almaciles donde el cuerpo pide un merecido descanso, hacemos una parada estratégica para descansar y retomar fuerzas antes de afrontar el último tramo del viaje.

El camino nos conduce ahora hacia la Región de Murcia, con Caravaca de la Cruz como primer gran referente. La ciudad santa se perfila en el horizonte, desde aquí, la ruta se vuelve más rápida y directa al enlazar con la autovía del Noroeste (RM-15). Esta vía rápida nos acerca a la capital murciana, atravesando un paisaje que poco a poco se va tornando más familiar.

Finalmente, la RM-15 confluye con la autovía A-7, la arteria que nos devuelve al punto de partida. El paisaje se vuelve poco a poco más urbano, y la mente comienza a procesar la mezcla de sensaciones vividas.
El regreso a Murcia no es solo el fin de una ruta, es el resumen de una jornada motera excepcional, un recorrido que deja en la memoria el sabor de la aventura y la belleza de unos parajes que inducen el deseo irrefrenable de volver pronto a rodar por estas carreteras de leyenda.