Cogemos los cascos, nos ponemos los guantes y nos preparamos para realizar una ruta de más de 300 kilómetros de contrastes, curvas y gastronomía que quita el sentido.
Partimos del bullicio del casco urbano de Murcia y nos introducimos en la autovía A-30 en dirección Cartagena. Este tramo del puerto de la Cadena es de "calentamiento"; un asfalto ágil y unas vías anchas nos permiten dejar atrás la capital rápidamente y ver cómo el paisaje se torna más verde y montañoso.
Al llegar a la salida 155/Corvera, abandonamos la comodidad de la autovía para entrar en el terreno que realmente nos gusta, "carreteras secundarias".
En este punto tenemos un acuerdo de reagrupamiento a las 8,30 de la mañana; una vez todo el grupo junto, arrancamos motores y comenzamos la verdadera ruta que nos va a llevar por distintos puntos de las costas murcianas y almerienses.
Atravesamos Corvera, bajo la sombra de la Sierra de Carrascoy, y ponemos rumbo a Tallante. Aquí el aire cambia; ya se huele el campo y se siente la cercanía del mar. La carretera se estrecha y el firme invita a tumbar la moto con suavidad.
Atravesamos Corvera, bajo la sombra de la Sierra de Carrascoy, y ponemos rumbo a Tallante. Aquí el aire cambia; ya se huele el campo y se siente la cercanía del mar. La carretera se estrecha y el firme invita a tumbar la moto con suavidad.
Pasamos la localidad de Fuente Álamo y llegamos a Tallante, desde aquí, encaramos uno de los tramos más icónicos para cualquier motero de la zona: la carretera de "La Cuesta". Es una vía sinuosa, técnica y divertida que serpentea entre lomas hasta que, de repente, el horizonte se abre y el azul del Mediterráneo nos golpea la vista.
Hacemos una corta parada para reagruparnos y descendemos hacia Isla Plana y Mazarrón. Rodar por aquí es un placer para los sentidos; la brisa marina empieza a refrescar el equipo y el paisaje de costa nos acompaña. Atravesamos la zona del Puerto de Mazarrón y nos incorporamos a la RM-332 en dirección a Águilas.
Antes de seguir, el cuerpo pide gasolina para el jinete. Nos detenemos en el Restaurante El Cruce. No es un almuerzo cualquiera; es un ritual. Aquí, el término "contundente" se queda corto. Platos de michirones, carrillera en salsa, embutidos locales y sus famosos bocadillos nos dan la energía necesaria para afrontar la segunda parte del día. Es el momento de compartir proyectos, sensaciones y risas con los compañeros.
Con el estómago lleno y el ánimo alto, buscamos la carretera RM-D20. Si te gustan las curvas, este es tu lugar. Es una carretera que exige concentración, pero devuelve pura adrenalina. Ascendemos con decisión hasta alcanzar el Mirador de Marina Cope.
Detenerse aquí es obligatorio. Desde lo alto, la vista es sencillamente espectacular. Se puede ver la inmensidad del Parque Natural de Cabo Cope y Puntas de Calnegre, con sus acantilados salvajes golpeados por el oleaje. Es la definición de libertad sobre dos ruedas.
Bajamos del mirador y entramos en Águilas. Esta ciudad costera y señorial nos recibe con su luz única. Nos dirigimos directamente a la Playa del Hornillo.
Pero no buscamos solo arena; buscamos el Rincón del Hornillo. Sus famosas escaleras de mosaicos, inspiradas en el estilo de Gaudí, son una explosión de color (azules, blancos y amarillos) que contrastan con el óxido del antiguo embarcadero de hierro. Es una parada técnica ideal para unas fotos espectaculares de las motos con un fondo artístico y marinero.
Retomamos la marcha "costeando". Cruzamos la frontera invisible entre Murcia y Almería para adentrarnos en la AL-7107. Pasamos por San Juan de los Terreros y seguimos hacia Villaricos.
Este tramo es, posiblemente, uno de los más bellos del sureste peninsular. La carretera se ajusta a la línea de los acantilados. A un lado, la roca volcánica; al otro, caídas verticales hacia un mar cristalino. Una magnífica carretera que hace que la conducción aquí se vuelve fluida, casi rítmica, disfrutando de cada grado de inclinación en las curvas mientras el sol continuas su ascenso hasta su cenit.
Retomamos la carretera y después de cruzar este pintoresco pueblo pesquero de Villaricos, giramos hacia el interior buscando Cuevas de Almanzora. Este municipio es una joya escondida.
Aquí nos proponemos visitar varios lugares que por su historia, importancia o simplemente por ser pintorescos, merecen la pena conocer.
Aquí nos proponemos visitar varios lugares que por su historia, importancia o simplemente por ser pintorescos, merecen la pena conocer.
Castillo del Marqués de los Vélez: Una fortaleza imponente que preside el pueblo y nos habla del pasado señorial de la zona.
Situado en el corazón de la Plaza de la Libertad, se eleva sobrio y señorial el Castillo del Marqués de los Vélez, conjunto arquitectónico construido como baluarte defensivo en el siglo XVI por el primer Marqués de los Vélez, D. Pedro Fajardo.
Ha servido de residencia palaciega para la nobleza señorial, almacén de tributos para vasallos y alojamiento carcelario.
El Castillo del Marqués de los Vélez se configura como un recinto amurallado en forma de rectángulo irregular, constituido por la Torre del Homenaje, la Casa de la Tercia, el Palacio del Marqués, el Anfiteatro y el Patio de Armas.

Casas Cueva de Calguerín: Callejeamos para descubrir estas viviendas excavadas en la roca caliza, más de 200 cuevas que forman un paisaje único y fascinante.
Para rematar la visita técnica, ascendemos hasta la Presa del embalse de Cuevas de Almanzora. Desde la parte alta de la coronación de la presa, la vista del embalse y de la infraestructura de ingeniería es impresionante, ofreciendo una perspectiva panorámica de toda la comarca del Levante Almeriense.
Tras llenarnos las retinas de preciosas vistas iniciamos el camino de vuelta. Ponemos rumbo a Lorca, la ciudad del sol. Atravesamos paisajes de secano y sierras que separan la costa del interior murciano. Una vez en Lorca, conectamos con la carretera RM-622, que une Totana con Alhama de Murcia, para desde este municipio ir en busca de la carretera RM-603, para ir en busca de Murcia después de pasar la localidad de Sangonera la Verde.
Ya casi llegando a casa, es el momento de la reflexión de la ruta de hoy. Han sido kilómetros de curvas perfectas, vistas de acantilados que quitan el hipo, rincones llenos de historia y, sobre todo, el ambiente del grupo y ese almuerzo en "El Cruce" que todavía recordamos. Al entrar de nuevo en el casco urbano de Murcia, las luces de la ciudad nos dan la bienvenida, cerrando una ruta que, sin duda, repetiremos.


















































