sábado, 24 de octubre de 2026

RUTA MOTERA POR LA SIERRA DE LOS FILABRES. EL CALAR ALTO, LAS CURVAS DE VELEFIQUE (EL STELVIO ALMERIENSE), EL PUERTO DE BENITORAFE_Almería.


¡Qué día tan increíble echamos todo el grupo motero RIDERS OF MURCIA, madre mía! ¡Quien no haya vivido un viaje en moto con un grupo de 10 motos como el nuestro, no sabe lo que es sentir la carretera en el pellejo!

-Magnífica, divertida e intensa. Así fue la ruta motera por la Sierra de los Filabres en Almería, un auténtico paraíso donde devoramos curvas y kilómetros a la par, combinando atractivos paisajes, curvas infinitas y horizontes de infarto.

En este recorrido decidimos coronar los puntos más emblemáticos de esta sierra de Los Filabres; el Calar Alto, rodando a más de 2.000 metros de altitud entre bosques y vegetación de alta montaña hasta alcanzar las imponentes cúpulas blancas de su Observatorio Astronómico. Tampoco faltaron las exigentes y rápidas curvas del puerto de Benitorafe, ni el espectacular Alto de Velefique, y por supuesto. el ya famoso "Stelvio almeriense", las curvas de Velefique, con su interminable encadenamiento de curvas de herradura que exigen una concentración máxima en la trazada.

En definitiva; un itinerario fuerte, curvero y algo técnico. Una experiencia inolvidable donde el asfalto, la altitud y las vistas se alían para consolidar a esta sierra como uno de los mejores destinos moteros del sur peninsular.
Los protagonistas:
*10 componentes del grupo RIDERS OF MURCIA.


Habíamos quedado temprano debido a la longitud de la ruta que pretendíamos hacer; la salida se programó a las 8:00 de la mañana en la estación de servicio La Paz. Con el fresco mañanero, fuimos llegando poco a poco los integrantes del grupo, sumando un total inicial de nueve motos, más tarde seríamos diez motos.
Tras los saludos entusiastas, nos fuimos reagrupando y preparando mientras esperábamos la hora de partida. Con los cascos abrochados, los guantes puestos y esa mezcla de entusiasmo y respeto por lo que teníamos por delante, todos aguardábamos la señal. Fue arrancar los motores a la vez y ese sonido al unísono nos hizo sentir un retumbar en el pecho y saber que el día iba a ser memorable.

Siguiendo al guía, partimos de la gasolinera e iniciamos el recorrido por la autovía A-7 en dirección a Lorca y posteriormente, a Huércal-Overa, en la provincia de Almería.
Salimos con ritmo ágil pero ordenado. Los primeros kilómetros sirvieron para calentar gomas y engranar el grupo en la autovía, rodando a una velocidad constante y cómoda de unos 110 km/h. Mantuvimos una formación escalonada, serpenteando entre el tráfico, cuidándonos a través de los espejos unos a otros.
Seguimos en estas condiciones hasta la salida 682 de la autovía E-15 y ya pasada la altura de Huércal Overa.  Al tomar esta salida y dirigirnos hacia el interior, el paisaje cambió de golpe, la carretera ahora A-334 tiene un componente hacia el Oeste, pasando localidades como: Los Menas, Los Carasoles, Arboleas, Almanzora, etc.
Al llegar a la localidad de Fines hacemos una parada para repostar en una estación de servicio de Repsol, que nos pilla al paso. Tras unos minutos de repostaje y descanso volvemos a la carretera y seguimos ahora en dirección a la localidad de Serón.
A lo largo de este pequeño tramo de carretera secundaria con asfaltos más vivos, comenzamos a entrenar nuestras trazadas, por una sucesión de amplias y rápidas curvas que tenemos por delante, que le dan un cierto respiro a las motos.


Tras estas primeras trazadas, llegamos al Restaurante El Secreto. El lugar que teníamos previsto para almorzar. Entre risas comentamos las primeras curvas, de cómo tumbaba la moto del compañero de adelante y del aire puro que ya se respiraba.
Después de degustar unos buenos bocadillos, coca colas, cafés, etc., volvemos a las motos y reanudamos la marcha en dirección a la localidad de Serón que la tenemos a penas a 7 kilómetros y que es nuestra puerta de acceso a esta sierra de Los Filabres.

Llegamos y cruzamos la localidad de Serón, nos llama la atención su castillo nazarí del Siglo XIII, ubicado en lo alto de un cerro en la vertiente norte de esta sierra de Los Filabres; vigilante y orgullo protege desde siglos a esta población. Desde el se puede apreciar todo el Valle del Almanzora, y la Sierra de las Estancias entre otras.
Comenzamos a dejar atrás el castillo y las blancas casas de Serón, la carretera comienza a ascender y a curvarse, nos pide concentración y, al mismo tiempo, te invita a fluir.
Rápidamente comienza el grupo a estirarse según el nivel de conducción del piloto de cada moto. La vía discurre entre densos bosques de pinos carrascos, serpenteamos marcando un ritmo constante de curvas enlazadas, algunas de herraduras, que hacen trabajar el cambio y los flancos de los neumáticos.
A medida que vamos ganando altura, la temperatura desciende poco a poco, un contraste físico que el cuerpo nota de inmediato a pesar de la cordura de las chaquetas y de las bragas al cuello.
Continuamos ascendiendo hacia el imponente Calar Alto (2.163 m). La vegetación se vuelve más ruda y frondosa, se aprecia el olor a bosque mojado debido a las lluvias de unos días atrás.
Tras unos 26 kilómetros de divertidas curvas y preciosos paisajes llegamos al cruce del Calar Alto. Ver las gigantescas cúpulas blancas de los telescopios destacando contra el azul del cielo, mientras rodábamos a más de dos mil metros de altitud, es una imagen épica.














Las vistas desde este lugar son absolutamente descomunales: un mar inmenso de montañas solapadas que abarca desde Almería hasta Granada, con la silueta lejana de Sierra Nevada.


Tras coronar y permanecer un tiempo disfrutando de este lugar y sus amplios horizontes con increíbles vistas, emprendemos el descenso bordeando el bellísimo enclave de Bacares. La carretera aquí se vuelve serpenteante, sombría en algunos tramos rodeada de bosques de pinos y siempre siguiendo una componente Sur.

Tras unos 14,6 kilómetros descendiendo por la carretera A-1178 desembocamos en la carretera AL-4406 y comenzamos nuevamente un ascenso a través de la solana y en dirección a la localidad de Olula de Castro.
Ahora seguimos por una estrecha y sinuosa carretera con un firme más antiguo, no dispone de arcén y casi sin señales de tráfico, discurre por la vertiente sur de la sierra de los Filabres y a una altitud de 1000 metros sobre el nivel del mar.
Reducimos el ritmo para circular por esta nueva carretera y trazar sus curvas con fluidez, sintiendo la retención del motor en cada entrada de curva y acelerando suavemente en su salida, admirando las vistas de unas laderas desprovistas de vegetación arbórea, tan solo monte bajo y rocas de color negruzco.


Nos acercamos a la pequeña localidad de Olula de Castro, desde la carretera el pueblo parece encajado en la ladera montañosa, ofreciéndonos una panorámica de un grupo casas blancas con tejados de pizarra o teja, se aprecia con claridad la trama urbana y escalonada de origen hispanomusulmán, donde destaca la silueta de la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Desde esta altitud se aprecia con claridad la trama Continuamos el ascenso por esta sinuosa carretera para poco después alcanzar el Alto de Castro de Filabres, a partir de aquí comenzamos un suave serpenteante descenso en dirección a la pequeña localidad de Castro de Filabres.
Desde esta localidad la carretera continua con su suave descenso en dirección Sur, casi siguiendo el curso de la rambla de Castro, hasta confluir en la carretera AL-3102. En este punto hacemos una parada de descanso, nos lo merecemos después de este intenso tramo de curvas y estrecha carretera. El ambiente es distendido y el ánimo se encuentra alto, porque a partir de aquí seguimos en dirección Velefique y entramos en la zona de las esperadas curvas de Velefique, - la joya de la corona-. Arrancamos y el grupo comienza a estirarse, dependiendo del nivel de conducción de cada uno. Los primeros desaparecen rápidamente cruzando el pueblo de Velefique y a continuación entrando en esa sucesión de curvas imposibles; una secuencia de curvas de herradura casi todas de 180º, que obligan a usar continuamente la primera y segunda marcha, exigiendo retrasar la frenada, entrando en la curva con una velocidad suave y contante, para abrir gas con finura a la salida.

¡Sentir la rueda trasera afirmarse al asfalto al salir de cada curva, es una pura descarga de adrenalina!

El pequeño grupo que se han formado y adelantado, siguen la estela de los más ágiles que marcan la trazada perfecta, manteniendo la distancia de seguridad y disfrutando de velocidades medias sin perder el control en ningún momento.
El resto del grupo asciende algo más lento y también disfrutando de esa sucesión de curvas conocidas como el Stelvio almeriense, por su similitud a las famosas curvas de 180º de las Dolomitas en los Alpes italianos.


Poco después y tras un increíble y divertido momento curvero, nos reunimos todo el grupo en el mirador del Pedregal, para descansar y desde este lugar admirar esta colosal obra de ingeniería civil, con más de 20 curvas de herradura y un asfalto perfecto, que dentro del ambiente motero se le conoce como el Stelvio almeriense.
Aquí vemos el auténtico espíritu motero: los cascos aun sobre la cabeza, fotos por doquier, gestos con las manos explicando cómo habíamos tomado la curva anterior y esa cara de felicidad colectiva ante la serpiente de asfalto que dejábamos abajo. Las vistas desde aquí son sobrecogedoras, con la inmensidad de los Filabres abriéndose a nuestros pies.









¡Vaya subidón de adrenalina! Nos ha dejado completamente eufóricos y con la energía a tope.
En este lugar y para bajar de la nube de alegría en la que nos encontramos, hacemos una amplia sesión fotográfica y al final de la misma volvemos a las motos para ascender hasta el alto de Velefique, que lo tenemos a penas a 600 metros.


Dejamos atrás este lugar y, con el grupo ya agrupado, comenzamos el descenso hacia la localidad de Bacares. Eso sí, antes nos espera otro tramo de curvas de herradura imposibles, que nuevamente nos hacen disfrutar de lo lindo.


La carretera aquí se volvió nuevamente serpenteante, sombría en algunos tramos y rodeada de pinos. Reducimos el ritmo para trazar con fluidez, sintiendo la retención del motor en cada entrada de curva y admirando las casas blancas de Bacares incrustadas en la ladera del valle.
Cruzamos esta localidad y continuamos hasta llegar a Tijola, en este punto volvemos hacer una parada para reagruparnos.
Dejamos esta localidad y continuamos por la carretera A-334 en esta ocasión en dirección Olula del Río. Este tramo de carretera y más a esta hora tiene un tráfico muy denso por lo que se ralentiza el ritmo y el grupo vuelve a distanciarse.
A la entrada de este pueblo hacemos otra nueva parada para volver a reagruparnos, la idea es ir todos juntos, ya que ahora viene otro precioso tramo de buena carretera con curvas amplias, rápidas, con visibilidad y con un magnífico asfalto.
Estas curvas se disfrutan mucho, porque la visibilidad te permite trazar la curva con tiempo, inclinarte a buen ritmo, mantenerlo y aumentarlo suavemente a la salida. ¡Un placer!
Poco a poco vamos alcanzando el puerto de Benifarace, con una altitud de 1166 metros. Toma su nombre de la pequeña localidad y pedanía de Benifarace, que pertenece al municipio de Tahal.
Poco después, con los estómagos reclamando su momento y la satisfacción grabada en el rostro, enfilamos hacia Tahal. Pero antes de entrar nos detenemos en un solitario restaurante de carretera y tras un breve descanso y viendo la hora que se ha hecho, decidimos quedarnos a comer en este lugar. ¡Todo un acierto!
En este lugar se nos une otro componente del grupo que siguiendo el track iba en nuestra busca.

Aparcamos las 10 motos en línea, tenemos todo el aparcamiento para nosotros. La comida fue una celebración en toda regla; platos caseros de la sierra, una buena y fresca cerveza, tras la cual empezaron a llegar los platos del riquísimo y abundante menú, postre, café y una conversación que no decayó ni un instante. Repasamos cada tramo, cada Mirador y cada trazada.


Con el cuerpo descansado y el estómago lleno, iniciamos el tramo final hacia la costa. Cruzar el interior almeriense por la localidad de Cuevas de Almanzora y acercarnos a la zona costera de Águilas nos regaló un cambio de luz espectacular al atardecer. Las curvas se volvieron más amplias y distanciadas, pero no menos divertidas, permitiendo una conducción más relajada, rodando con el sol cayendo a nuestras espaldas y el olor a mar empezando a filtrarse por las viseras.
Antes de llegar a San Juan de los Terreros, volvemos hacer un par de paradas, una de ella para repostar, y seguidamente continuar hacia el municipio de Águilas.
Desde aquí nos dirigimos hacia Lorca por la carretera RM-11, para volver a desviarnos poco después por la carretera RM-332, que nos lleva rápidamente hacia Mazarrón pasando por las localidades de Tebar y el Ramonete.
Esta carretera discurre encajonada en varios tramos entre montañas costeras, como son las estribaciones de la Sierra de la Almenara y la Sierra de las Moreras. A través de ella vemos un paisaje semiárido, donde predomina la vegetación mediterránea, como es el esparto, tomillo, romero, etc., y en ocasiones apreciamos algún pino o algarrobo.
El paisaje está dominado por cabezos, lomas erosionadas y laderas escarpadas de roca desnuda
Tomamos la autovía rápida RM-3 y tras repostar en la primera gasolinera de Repsol que encontramos, seguimos en dirección a Sangonera la Verde y desde aquí por la autovía MU-30 nos introducimos en el casco urbano de Murcia, dando por finalizada esta ruta.

¡Una ruta para enmarcar y repetir en cuanto tengamos la menor excusa! 











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