viernes, 21 de noviembre de 2025

RUTA MOTERA DE ASFALTO Y SAL; HUERTA, MAR, ACANTILADOS Y PALMERAS. -FARO DE SANTA POLA-.

 

El sol apenas comenzaba a calentar el asfalto cuando los componentes del grupo RIDERS OF MURCIA, comenzaban a llegar al punto de encuentro, la Estación de Servicio Las Salinas.
Tras los saludos, un rápido café, los ajustes en le casco, guantes, GPS y el inconfundible olor a gasolina que precede a la aventura, nos subimos y arrancamos las motos. Con los depósitos llenos y el espíritu alto, la columna de motocicletas se puso en marcha, buscando la libertad que solo se encuentra sobre dos ruedas.
Nuestro objetivo principal las vistas desde el mirador metálico del faro de Santa Pola, en lo alto de los acantilados del cabo del mismo nombre.

vista de la E.S. las Salinas (carretera de Fortuna)

La primera etapa de este fácil y tranquilo recorrido, nos llevó por la carretera en dirección a Fortuna. El grupo, rodando en formación escalonada, alcanzó pronto la icónica rotonda presidida por la inmensa bandera española, un hito visual que marca nuestro giro hacia el corazón hídrico de la zona: la presa del embalse de Santomera. 



 Allí, las aguas tranquilas reflejaban el cielo, pero no será una de las paradas previstas; la ruta continúa. Nos adentramos por el sinuoso Camino del Pantano, una vía que exige atención por su estrechez, pero que se disfruta ya que discurre entre huertos de cítricos y altos paisajes de la sierra de Orihuela. Proseguimos nuestro recorrido ahora a través del Barrio de los Mauricios y la Venta del Corregidor. El paisaje rural murciano se deslizaba a los costados de nuestras viseras hasta desembocar en la salida a la calle Tetuán, conectando brevemente con la arteria de la carretera N-340.

Avanzamos por esta nacional durante aproximadamente 3,6 kilómetros, durante los cuales cruzamos las pequeñas localidades de Raiguero de Poniente (se asocia con la zona de la Región de Murcia y la Vega Baja del Segura) y Raiguero de Levante (se asocia con la zona de la Sierra de Orihuela cerca de La Aparecida). Dejando atrás el tráfico principal, buscamos la singular Carretera de los Tubos. Este tramo, conocido por su trazado paralelo al canal del trasvase Tajo-Segura, nos guio con ritmo constante en dirección a Arneva, situada en la falda de la sierra de Hurchillo y posteriormente a Hurchillo.

Los motores rujen al unísono mientras cruzábamos la vega Baja del Segura, preparándonos para una de las mejores vistas del día.


 Siguiendo por la carretera CV-925, al coronar el ascenso y girar en una nueva rotonda hacia nuestra izquierda, nos encontramos con la aparición majestuosa y con hermosas vistas del Embalse de la Pedrera. Grandioso pantano, con sus aguas de un azul turquesa intenso, que contrastan con la tierra árida que lo rodea, un espectáculo que siempre agradece la retina del motero, por lo que hacemos una amplia parada para deleitarnos con estas increíbles imágenes.










Continuamos devorando kilómetros por la CV-945, disfrutando de las curvas hasta llegar a nuestro merecido descanso. El destino para el almuerzo no podía ser más evocador: la Old Station en el municipio de Algorfa. En esta antigua estación de tren rehabilitada, entre risas, anécdotas del recorrido y un buen almuerzo, recargamos energías. Es en estas paradas donde el grupo se consolida, donde "Riders of Murcia" deja de ser un nombre para convertirse en una hermandad.

vistas terraza de Old Station (Algorfa)



Tras dejar nuestra insignia junto a otras muchas, con el estómago lleno y el ánimo renovado, volvemos a las monturas. Cruzamos la autovía AP-7 a través del puente de la carretera CV-940, dejando atrás el interior para buscar el abrazo del Mediterráneo. Atravesamos las localidades de Rojales y Guardamar del Segura, donde el aire ya se tornaba salobre y fresco.

Proseguimos en busca de nuestro principal destino, que no es otro que el Faro de Santa Pola, pero para ello debemos aún cruzar el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola; para ello conducimos por la carretera N-332, que atraviesa dichas salinas ofreciéndonos unas vistas espectaculares de las balsas salineras y la vida silvestre que se encuentra en ellas.

vistas de algunas balsas de las salinas de Santa Pola.

A lo largo de este bello recorrido nos llama la atención una antigua y restaurada torre de vigilancia, es la conocida Torre de Tamarit. Construida en el siglo XVI, en el marco del sistema de torres de vigilancia de la costa levantina implantado por el rey Felipe II.


Nos estamos acercando a nuestro principal destino, el faro de Santa Pola, circunvalamos este municipio costero por su vertiente Norte, siguiendo la carretera en dirección Alicante, que ahora hace de frontera entre las salinas y la ciudad.
El tramo final es una larga recta que finaliza en la entrada de las instalaciones del faro y desde donde parte un camino con firme de madera que lleva hasta el Mirador de Santa Pola.



Al llegar, apagamos los motores y el silencio del acantilado nos recibe.  Desde las alturas, con la Isla de Tabarca flotando en el horizonte y el mar extendiéndose hasta el infinito, el grupo Riders of Murcia completó su objetivo.



Este faro de Santa Pola se halla emplazado en el extremo este del Cabo de Santa Pola, sobre una antigua torre vigía del siglo XVI denominada Atalayola. Fue instalado en 1858 para la orientación de los barcos que por la noche navegan por estas costas, sobre todo para los buques de la Armada, que en el año de su construcción fondeaban en la bahía de Santa Pola.


Actualmente posee un foco luminoso situado a 152 metros sobre el nivel del mar y a 15 sobre el terreno. El color de la luz es blanco y el intervalo de destello es de 20 segundos; su alcance máximo es de 16 millas y es un referente visual de gran ayuda para la navegación.





Tras disfrutar y recrearnos con las vistas que hay desde el mirador y la sesión fotográfica, nos disponemos a visitar las antiguas instalaciones militares de la Guerra Civil Española que aún quedan por las inmediaciones.

vista del grupo junto a la casamatica punto de telemetría. 

vista base asentamiento batería antiaérea. 

Volvemos a las motos, el rugido de los motores rompe el silencio en las alturas del Faro de Santa Pola. Desde este balcón privilegiado, con unas maravillosas vistas, iniciamos nuestra ruta de vuelta, ajustando los guantes y respirando la brisa fresca. Dejamos atrás la pasarela metálica del mirador para descender buscando el nivel del mar hacia el norte, en dirección a Los Arenales del Sol.



Una vez rozamos la zona de playa, encaramos el tramo más espectacular y vibrante de la jornada: la carretera del Carabassí. Rodamos justo bajo el imponente acantilado del cabo, un escenario de película donde el contraste es brutal. 



A nuestra derecha, la pared de roca vertical y sus estratos geológicos; a nuestra izquierda, las dunas vírgenes, una sucesión de playas y el azul intenso del Mediterráneo. Trazar estas curvas suaves con el olor a salitre colándose en el casco es puro placer motero.
Justo frente a la ermita de blancas paredes de la Virgen del Rosario, donde comienza la zona del Carabassi, hacemos una parada en la cala de la Madre de Dios, con el fin de disfrutar de este precioso lugar.







Miramos hacia el norte y alcanzamos a ver la ciudad de Alicante y su característico castillo de Santa Bárbara, si por el contrario echamos nuestra mirada hacia el sur divisaremos la isla de Tabarca. Enfrente de nosotros, el Mar Mediterráneo bajo un cielo despejado, a nuestras espaldas una hermosa pared montaña que sostiene como atalaya el faro de Cabo de Santa Pola cargado de historia.

Continuamos la marcha alcanzando y cruzando el casco urbano de Santa Pola, dejando su puerto pesquero en el retrovisor para poner rumbo al interior. El paisaje se transforma radicalmente mientras nos acercamos a Elche; el horizonte azul da paso al verde histórico del Palmeral, Patrimonio de la Humanidad, que nos da la bienvenida entre avenidas amplias.

Finalmente, buscamos la incorporación a la autovía A-7. Ponemos la moto en la marcha sexta y activamos la velocidad de crucero, disfrutando de una vuelta relajada. El asfalto de esta autovía nos devuelve suavemente a la ciudad de Murcia, cerrando una ruta circular perfecta que ha unido huerta, mar, acantilados y palmeras en una sola mañana.



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