¡Una Épica Mañana por el Sureste!
El buen tiempo, el rugido del motor y la promesa de kilómetros por delante marcan el inicio de una jornada inolvidable. A las 8:30 el sol empieza a asomar tímidamente, reflejándose en el cromo y la pintura de las motos que esperan impacientes en la Estación de Servicio Las Salinas. Tras el café de rigor y el último ajuste de equipaje, el grupo se pone en marcha, integrándose rápidamente en la Autovía A-30. Esta primera sección del itinerario, necesaria pero breve, permite calentar neumáticos y establecer el ritmo del grupo.
El trayecto por autovía dura lo justo hasta que el cartel de la salida 116/Ulea aparece en el horizonte. Dejamos atrás la comodidad de la vía rápida para adentrarnos en un paisaje más íntimo, el corazón de la Vega Alta del Segura. La ruta nos lleva disfrutar de la figura en el horizonte de las sierras de la Pila, de la Espada, Ricote, la Navela, etc., siguiendo la serpenteante carretera N-301, que nos lleva hacia el interior de la región murciana.
La emoción se intensifica al cruzar Cieza. Conocida por su floración espectacular si la estación lo permite, la travesía por esta localidad es cómoda y rápida, mostrándonos esos infinitos campos de frutales, que en su época mostrarán una explosión de colores. Continuamos el camino y no pasa mucho tiempo hasta que las montañas se hacen más patentes, anunciando nuestra llegada a Calasparra. La tierra del arroz por excelencia nos regala vistas de campos y huertas que contrastan con los tonos rojizos y ocres de la sierra.
A partir de Calasparra, la carretera comienza a estrecharse y el asfalto se vuelve más juguetón. Nos despedimos de la Región de Murcia por un momento y nos internamos en la provincia de Albacete, con el primer destino de descanso en mente: Socovos. Pero antes, la pequeña localidad de Tazona nos da la bienvenida con su encanto rural.
Al llegar a Socovos, el reloj marca la hora perfecta para el almuerzo. Los motores se apagan, y el silencio, roto solo por las risas y la charla motera, es un bálsamo. Un buen bocadillo y un café con porras reponen las energías para la etapa más exigente y, sin duda, la más espectacular del día.
Tras el receso, la aventura nos lleva a Letur. Este pueblo de postal, encaramado en la montaña, con sus casas colgantes y su arquitectura morisca, es un deleite visual. La carretera hasta allí es una sucesión de curvas y descensos que exigen concentración y ofrecen una recompensa paisajística inigualable.
Pronto encontramos el cruce de la carretera del Canal del Taibilla. Este tramo de carretera, sinuosa y estrecho, abrazado por las laderas de las sierras de: Los Molares y Lagos por la derecha de la carretera y las sierras de Tobar y Zalacatín por la izquierda de la misma, nos ofrece unas vistas vertiginosas y la sensación de estar cabalgando por el cielo. Nada más entrar en esta pista forestal “asfaltada”, nos recibe una pequeña y bonita poza con agua cristalina que se forma en la rambla de La Dehesa, llamada la Fuente de La Ras.
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| vista poza fuente de la Ras |
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| vista rambla de la Dehesa. |
Proseguimos adentrándonos en esta carretera que se creo para hacer y mantener el canal de agua del Embalse del Taibilla, una antigua carretera a día de hoy nada mantenida. Nos encontramos sorprendentemente con una vía muy rota, llena de baches y tramos de asfalto rayado y suelto, tramos de calzada colmatada de tierra y piedras de desprendimientos, tramos cubiertos por las acículas de los pinos, etc., en resumen; una carretera sin pavimentar, con muchos baches, falta de mantenimiento y señalización que implican cierto riesgo en la conducción.
El aire se siente más fresco y puro, a mitad de esta carretera llegamos una pequeña aldea denominada Vizcable, que pertenece la mitad a Yeste y la otra parte a Nerpio y es en esta parte donde se encuentra un torreón de origen árabe, dominando el valle y la rambla de Almez.
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| vista de la zona del Estrecho. |
En los últimos kilómetros, en la zona conocida como el Estrecho el firme del camino mejora sustancialmente y, culmina en la presa del embalse del Taibilla, cuyas aguas azul turquesa contrastan con el verde de los pinares circundantes. Es un punto ideal para una breve parada de descanso, fotográfica y para absorber la inmensidad del paisaje.
Continuamos la marcha hacia el sur, adentrándonos en el corazón de la sierra. La llegada a Nerpio, donde repostamos, y el paso por el humilde caserío de Pedro Andrés nos recuerdan la dureza y la belleza de la vida en la montaña. En contrapartida con la carretera del canal del Taibilla, el tramo entre Nerpio y Pedro Andrés, nos sorprende con una conducción a través de una agradable, cómoda y sinuosa carretera, con recovecos preciosos, que va siguiendo un atractivo desfiladero formado por el paso del río Taibilla. Un poco antes de entrar en la pequeña localidad de Pedro Andrés hacemos una parada a la izquierda de la carretera, para observar y fotografiar una pequeña fortificación árabe en lo alto de un cerro.
Es el Castillo del Taibilla o también conocido como el castillo de la Tercia, construido entre los siglos XI -XV, con todo un sistema defensivo de almenas y saeteras. Pero lo más destacable es la torre del homenaje, que tuvo cuatro pisos en su interior, así como un aljibe en la parte baja para aprovechar el agua de lluvia. Su importancia histórica fue fundamental para controlar el vecino Reino de Granada, de lo que se encargó la orden de Santiago desde 1242, hasta la conquista de la ciudad de Granada en 1492.
Tras cruzar la pequeña localidad de Pedro Andrés nos desviamos para tomar el camino Fuente de la Carrasca, una senda que nos devuelve a la Región de Murcia por la vía más directa y para ello lo hace atravesando la sierra de las Cabras. Este camino rural asfaltado asciende serpenteando entre nogueras y carrascas, que comienza en el cruce del camino de los Poyos. Este tramo de carretera se disfruta mucho, ya que, una vez alcanzado la parte alta de la carretera en la zona del Puntal del Sotillo, desde donde podemos contemplar una vasta zona desde las pedanías de Las Cañadas y Fuente de la Carrasca hasta la sierra de Huebras.
A partir de esta atalaya la carretera se suaviza, encontramos menos curvas y la carretera discurre por unas zonas más llanas y amplias, pudiendo disfrutar de una tranquila conducción y de las vistas que tenemos a lo largo de ella. Hacia la mitad del recorrido de este camino rural vemos pequeñas aldeas como: Cañada del Nerpio y La Hoya de Espino de Abajo, llegando poco después a La Hoya de Espino de Arriba, encontrándose esta aldea abandonada y derruida casi en su totalidad.
Desde aquí la carretera va tomando una dirección Sureste en dirección a la pedanía Fuente de la Carrasca. La cual se encuentra a tan solo 1,5 km del límite con la provincia de Granada y a 5 de la Región de Murcia. A penas 6 kilómetros después de cruzar esta pedanía, nos encontramos en un Trifinio subnacional de España, es decir; un punto donde convergen los límites de tres provincias y/o comunidades autónomas. Aquí, cerca de la cuerda del Mojón Blanco (1387 m.), tenemos el trifinio de las provincias de Albacete, Murcia y Granada.
Poco después y tras cruzar una zona con un firme roto, rayado y con bastantes baches, alcanzamos Cañada de la Cruz, el ambiente a civilización comienza a sentirse.
Proseguimos ahora por otra antigua carretera RM-B-24 bajo la atenta mirada del pico de Remolcadores y en dirección Al pueblo de El Moral, donde nos espera una merecida y amplia parada para comer.
Este recorrido a través de sierras, barrancos, carreteras buenas y otras no tanto, etc., nos han abierto del apetito.
Con la panza llena y las fuerzas renovadas, la última etapa de la jornada se afronta con otro espíritu.
Retomamos el asfalto, esta vez con destino a la histórica Caravaca de la Cruz. La ciudad, con su imponente castillo y su significado religioso, nos saluda a nuestro paso. Desde allí, el camino de vuelta se simplifica al tomar la RM-15, una autovía que, si bien es más rápida, nos permite disfrutar de las últimas panorámicas del interior de la región murciana.
El descenso es constante, dejamos esta autovía del Noroeste RM-15 en la salida 20 y continuamos pasando por Yechar y, ya en la vega media del Segura, por Ceutí y Lorquí, poblaciones que marcan el final inminente de la ruta. La jornada épica concluye al entrar en el casco urbano de Murcia, Un recorrido de casi 320 kilómetros llenos de anécdotas y de recuerdos de las curvas de los caminos del Canal del Taibilla y de la fuente de la Carrasca, los cuales perdurarán mucho más tiempo.
Este recorrido a través de sierras, barrancos, carreteras buenas y otras no tanto, etc., nos han abierto del apetito.
Retomamos el asfalto, esta vez con destino a la histórica Caravaca de la Cruz. La ciudad, con su imponente castillo y su significado religioso, nos saluda a nuestro paso. Desde allí, el camino de vuelta se simplifica al tomar la RM-15, una autovía que, si bien es más rápida, nos permite disfrutar de las últimas panorámicas del interior de la región murciana.
El descenso es constante, dejamos esta autovía del Noroeste RM-15 en la salida 20 y continuamos pasando por Yechar y, ya en la vega media del Segura, por Ceutí y Lorquí, poblaciones que marcan el final inminente de la ruta. La jornada épica concluye al entrar en el casco urbano de Murcia, Un recorrido de casi 320 kilómetros llenos de anécdotas y de recuerdos de las curvas de los caminos del Canal del Taibilla y de la fuente de la Carrasca, los cuales perdurarán mucho más tiempo.




























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