El Parque Nacional de Cabañeros es un vasto santuario natural, un escenario idílico para perderse sobre dos ruedas. Sus carreteras solitarias, en ocasiones abrazadas por una vegetación exuberante, ofrecen un catálogo infinito de paisajes y horizontes abiertos. Situado entre las provincias de Ciudad Real y Toledo, este espacio único se resume en una sola frase: “Es como conducir la moto por el interior de un jardín infinito”.
La ruta atraviesa el corazón del parque mediante una sucesión de trazados serpenteantes. Si bien gran parte del asfalto está en óptimas condiciones, el verdadero encanto reside en su dualidad. Más allá de los itinerarios turísticos oficiales, esta propuesta se adentra en ocasiones en rutas olvidadas y apenas transitadas; vías estrechas y reviradas donde el mantenimiento es escaso y la naturaleza reclama su terreno, permitiendo una conexión íntima con el entorno, donde a penas te cruzas con otro vehículo. El itinerario alterna tramos impecables con un asfalto que parece conducir sobre una alfombra, con rutas mucho más salvajes y auténticas, cuyo mantenimiento es casi nulo, teniendo un firme que no es aconsejable para todo tipo de motos.
Es un lugar ideal para disfrutar de la moto y que transmite muy bien esa sensación de libertad, que buscamos los moteros.
Un trayecto que huye de los recorridos convencionales para descubrir la cara más auténtica y solitaria de este entorno natural, entre otros.
Iniciamos el recorrido en Herrera del Duque, en el corazón de la provincia de Badajoz. Partimos a primeras horas del día, aprovechando ese aire fresco y limpio que solo la mañana sabe regalar. Los primeros kilómetros transcurren por la serpenteante N-502, una vía cómoda que nos conduce con agilidad hacia nuestro primer objetivo: el Embalse de Cijara, en la fascinante y salvaje zona conocida como la "Siberia extremeña".
Es una vía con escaso tráfico en ciertos tramos, pero que requiere precaución por la posible presencia de animales y la sinuosidad del trazado en la zona más montañosa.
Circunvalamos la localidad de Castilblanco y tras unos 14 kilómetros llegamos a la presa de este enorme pantano, donde hacemos la primera parada de descanso.
Una vez acomodada la ropa, ya que el calor empieza hacerse notar, descansados y hechas algunas fotos, volvemos a la carretera, para seguidamente alcanzar el desvío a nuestra derecha de la carretera CM-4157, antigua vía que unía Navahermosa con el Portillo de Cijara.
Nos incorporarnos y seguimos por esta CM-4157. Gracias a la rehabilitación de esta vía en 2022 a su paso por el embalse, nos encontramos ahora con una carretera estrecha, pero con un firme impecable. Es una delicia serpentear por esta línea que bordea la margen norte del pantano, construido en 1956 como pieza clave del Plan Badajoz sobre el río Guadiana.
Cada curva nos ofrece una postal nueva. Dejamos atrás el pequeño poblado de Cijara, la zona de “Las Chorreras” y bordeamos el cerro de “Corrales” (656 m). Ahora frente a nosotros emerge la icónica “Isla de las 4 provincias”. Cuenta la tradición oral que, en la cima de ese cerro, confluyen los límites de Badajoz, Cáceres, Toledo y Ciudad Real (en su Rincón de Anchuras).
Poco después, el camino nos regala la estampa del Puente de los 19 ojos. Este viaducto del Fresnedoso, con su calzada de 5 metros y sus robustas defensas de hormigón, marca un punto de inflexión en la ruta.
Tras cruzar el puente y avanzar unos 5 kilómetros, el escenario cambia radicalmente. Nos adentramos en un tramo de 18 kilómetros de carretera estrecha, sin señalización y con un firme muy deteriorado. Esta sección no es apta para todos los moteros ni para cualquier tipo de montura. Sin embargo, nosotros continuamos por ella y la recompensa a esta vía en mal estado, es la soledad absoluta. A lo largo de este tramo, el olvido del asfalto hace que sea un tramo poco o nada transitado por vehículos, permite que la vegetación gane terreno y el silencio solo sea roto por el rugir de nuestros motores, permitiéndonos conectar de forma más intensa con el paisaje de esta zona.
Siguiendo por esta carretera aguas arriba del viaducto se conserva el antiguo puente del Estenilla: un puente sobre el río del mismo nombre, formado por nueve arcos rebajados de siete metros de luz, con pilas y bóvedas de hormigón en masa, tímpanos y paramentos revestidos con mampostería y defensas conformadas por pretil continuo en su parte central y malecones en los estribos.
Siguiendo por esta carretera aguas arriba del viaducto se conserva el antiguo puente del Estenilla: un puente sobre el río del mismo nombre, formado por nueve arcos rebajados de siete metros de luz, con pilas y bóvedas de hormigón en masa, tímpanos y paramentos revestidos con mampostería y defensas conformadas por pretil continuo en su parte central y malecones en los estribos.
Tras 3,5 kilómetros nos encontramos una casilla de peones camineros, un edificio singular, ya que estos normalmente contaban con una única planta en superficie, y este cuenta con dos
Unos metros más adelante llegamos al puente sobre el río Estomiza. El puente es similar al del río Estenilla, aunque la estructura se resuelve mediante dos arcos escarzanos (arcos rebajados simétrico) con luces más amplias respecto al anterior, y además, las bóvedas de los arcos también están realizadas con hormigón en masa.
A partir de este puente nos restan unos 8 kilómetros de idéntica carretera hasta llegar al cruce con la CM-4106, donde ya cambia el estado de la carretera.
Sin duda alguna, este tramo anterior cuenta con unos valores paisajísticos, históricos y técnicos interesantes, que la hacen merecedora de conocerla.
Desde este cruce ponemos rumbo Sur hacia un sector que es común a las rutas principales aconsejadas para el turismo, por la conexión entre los municipios de Horcajo de los Montes, Retuerta del Bullaque, Navas de Estena y Hontanar.
Tras un rápido recorrido de aproximadamente 15 kilómetros llegamos a la localidad de Horcajos de los Montes, donde nos reagrupamos y realizamos otra parada de descanso, que aprovechamos para almorzar en uno de los varios bares de la zona.
Seguidamente volvemos a las motos, dejando a dos compañeros en este lugar, el resto encaramos la CM-4017 hacia el este; el aire trae un aroma inconfundible a jara y encina mojada, el ánimo está alto y con ganas de continuar el recorrido programado.
Los primeros kilómetros son perfectos para aumentar el ritmo, asfalto rugoso y curvas abiertas que serpentean entre dehesas. A nuestra izquierda, las sierras del Parque Nacional se alzan como guardianes de granito. Con esa sensación de libertad aceleramos e inclinamos la moto, sintiendo el agarre de los neumáticos en cada trazada.
Vamos ganando carretera, alcanzamos el puerto del Rubial y comenzamos un suave descenso, la ruta se vuelve más íntima, cruzamos el arroyo de Cabañeros y el paisaje se cierra en un pasillo verde de quejigos y robles melojos. Aquí bajamos el ritmo para disfrutar del entorno y de algún buitre negro que sobrevolando nos obliga a observar su elegante silueta.
Finalmente, tras unos 30 kilómetros de puro disfrute mecánico y visual, entramos en Retuerta del Bullaque. Aquí nos recibe un antiguo puente sobre el río Bullaque, seguimos por la avenida del mismo nombre y repostamos en la única estación de servicio que dispone esta localidad.
A continuación, y por la CM-4017 seguimos en dirección Toledo; a unos 11 kilómetros abandonamos esta estupenda carretera para introducimos por otra que encontramos a nuestra izquierda y que, nuevamente nos reencuentra con la serranía en San Pablo de los Montes, ascendiendo por el puerto del Lanchar.
Comenzamos un precioso ascenso y un poco antes de coronar este puerto, hacemos otra nueva parada en la zona del Avellanar para disfrutar del entorno y sus vistas.
Tras ello, coronamos este puerto y continuamos y cruzamos la localidad de San Pablo de los Montes.
Poco después y tras un suave descenso llegamos al Puerto del Robledillo, siendo una de las vías de comunicación entre las provincias de Toledo y Ciudad Real, tiene una altura aproximada sobre el nivel del mar de 1250 metros.
Desde aquí comenzamos un vertiginoso descenso hasta los Baños del Robledillo, a través de una sucesión de curvas de herradura que se ha hecho muy popular entre los moteros. Es el denominado “Stelvio toledano”.
El buen estado de esta vía de conducción escénica y técnica, nos ofrece unas vistas espectaculares del entorno del embalse de la Torre de Abraham y de los montes de la Finca del Castillo de Prim, limitando al Sur el propio Parque Nacional de Cabañeros.
Al conectar de nuevo con la CM-4017, avanzamos hacia Retuerta del Bullaque con el objetivo de alcanzar Navas de Estena. Tras cruzar el municipio, seguimos en dirección Oeste por la CR-701, para luego desviarnos hacia el Norte por un tramo de curvas que nos lleva a Navas de Estena. Continuamos el ascenso en dirección al cruce de Hontanar, deteniéndonos en el Risco de las Paradas.
El Mirador Risco de las Paradas es uno de esos rincones que te dejan sin aliento, no solo por la vista, sino por la paz que se respira en este lugar. Es un puerto de montaña con curvas cerradas, pero con un asfalto en muy buen estado. Este lugar es la antesala del corazón del Parque Nacional de Cabañeros.
Tras llenar las retinas de unos paisajes amplios y preciosos, abandonamos este tranquilo lugar y volvemos al cruce anterior del que nos separan apenas unos 600 metros.
A partir de aquí se despliega ante nosotros la carretera CM-4157, como una cinta de asfalto viejo que serpentea entre la jara y el silencio de los montes de Toledo.
Seguimos por ella, una carretera estrecha sin señalización y serpenteante, inicialmente con una suave pendiente descendente, con un firme de asfalto antiguo poco o nada mantenido, pero que permite el paso de nuestras motos sin problema. Estas características hacen de este recorrido un tramo solitario en el que apenas nos cruzamos con un coche y una moto.
El suave descenso es como un baile, el trazado no te deja correr, cada curva es un desafío, el asfalto es rugoso y poco o nada mantenido, exigiéndonos que leamos cada bache mientras tumbamos la moto con suavidad.
Pero, por el contrario, discurre por zonas de exuberante y hermosa vegetación. Hay algo casi hipnótico en el asfalto gastado y el silencio de esta carretera secundaria o de montaña, en la que parece que el tiempo se detuviera mientras la moto traza las curvas.
A nuestra izquierda, el paisaje se abre en profundos valles de un verde oscuro, continuamos descendiendo, dejando atrás la altitud, sintiendo como la temperatura sube lentamente. Cruzamos bosques de encinas centenarias que pasan una tras otra por el espejo retrovisor, continuamos sin prisas.
Poco a poco, la serpenteante carretera da paso a una vía de largas rectas. Como el antiguo asfalto sigue agrietado y lleno de baches, nos vemos obligados a ponernos de pie sobre los reposapiés para evitar que nuestra columna sufra durante el trayecto.
Al llegar al cruce de Valdeazores, dejamos esta carretera y nos dirigimos hacia esta pequeña localidad, siendo uno de los rincones más aislados y vírgenes de la provincia de Ciudad Real, casi rozando el límite con Extremadura. A partir de aquí la carretera cambia drásticamente, teniendo ahora una carretera recientemente arreglada y que nos lleva en pocos kilómetros a la villa de Los Alares, donde hacemos una nueva parada.
Desde esta pequeña pedanía que respira paz, continuamos por la CM-4155 que se despliega como una cinta gris a través de unos paisajes de una dehesa ondulada, donde las encinas salpican el terreno y el ganado pasta ajeno a nuestro paso.
A medida que avanzamos hacia el norte, el terreno empieza a quebrarse. Estamos entrando en el corazón de la comarca de La Jara, la vegetación se vuelve más densa.La carretera empieza a serpentear, buscando el paso entre los cerros y la conducción se vuelve más rápida y técnica. Reduzco una marcha, inclino la moto a la entrada de la curva y saboreo la trazada.
¡No hay prisa, solo ritmo!.
A la altura de la villa de Robledo del Buey el paisaje se abre, la carretera parece seguir el curso del río Pusa.
La carretera gira bruscamente a una dirección Este (E), comienza a descender de una forma más decidida, el paisaje se vuelve más verde. Rápidamente alcanzamos el cruce que lleva al área recreativa de "El Chorro" en Las Becerras y decidimos visitar este lugar.
Para ello hay que descender hasta el lecho del río Pusa a través de una artificial pista forestal que, a través de cortos tramos separados por curvas de herradura, nos deja frente a un puente que cruza dicho río.
Las Becerras es uno de los espacios naturales más emblemáticos de Los Navalucillos, una amplia área recreativa rodeada de pinares y cursos de agua que sirve como punto de inicio a algunas de las rutas más espectaculares del Parque Nacional de Cabañeros.
En este lugar encontramos un merendero que, si bien no tenía cliente alguno, si olia a comida recién cocinada.
Viendo la hora que era decidimos preguntar si nos podían dar de comer, siendo una suerte el poder hacerlo en este idilico lugar.
Solos, sin clientes más que nosotros, un camarero y una cocina para nosotros, así que nos dispusimos a probar lo que nos recomendó el camarero, una serie de cazuelas de caldereta de carne de Jabalí con patatas y otra de ciervo, todo regado con un buen vino, fue todo un acierto.
Solos, sin clientes más que nosotros, un camarero y una cocina para nosotros, así que nos dispusimos a probar lo que nos recomendó el camarero, una serie de cazuelas de caldereta de carne de Jabalí con patatas y otra de ciervo, todo regado con un buen vino, fue todo un acierto.
Después de este tranquilo y agradable momento culinario, cruzamos el río y ascendemos nuevamente hasta la carretera CM-4155.
Seguidamente hacemos otro alto en el mirador de Risco Martín Dominguez; subimos a dicho mirador desde el que se obtienen unas espectaculares vistas al pantano del rio Pusa y al fondo Los Navalucillos
Desde aquí la carretera comienza a descender más rápidamente, el paisaje se vuelve más verde.
Ante nuestros ojos aparece Los Navalucillos, el "corazón de los Montes". El pueblo se asienta en la falda de la sierra, vigilado de cerca por el imponente Macizo del Rocigalgo.
Cruzamos el casco urbano, un laberinto de calles estrechas y sinuosas que conservan el sabor castizo de los pueblos de montaña. Sus suelos de cantos rodados y el ritmo pausado de sus gentes crean una atmósfera acogedora donde el forastero nunca se siente un extraño.
Tras dejar atrás este enclave con encanto, enfilamos nuestras ruedas hacia Los Navalmorales, apenas a ocho kilómetros de distancia. Poco antes de entrar, alcanzamos el cruce con la carretera CM-401 y continuamos por ella en dirección a Navahermosa.
Esta vía actúa como transición entre el valle y la serranía toledana, alternas rectas generosas con curvas que exigen atención, especialmente cuando el cansancio empieza a hacer mella tras tantos kilómetros de trazado sinuoso.
El firme es rugoso, el tráfico mayoritariamente local y agrícola, nos cruzamos con alguna maquinaria pesada y con algún ciclista valiente que desafía el desnivel.
Al llegar a Navahermosa, nos recibe una arquitectura serrana rodeada de montes y castaños. Poco después alcanzamos y cruzamos Menasalbas, auténtico corazón ganadero de la comarca.
Finalmente, llegamos a nuestro destino: Las Ventas con Peña Aguilera. Aquí nos aguarda un descanso reparador, necesario para afrontar con energía, al día siguiente, el viaje de vuelta a Murcia.
¡Pero eso será otra história!
Desde aquí la carretera comienza a descender más rápidamente, el paisaje se vuelve más verde.
Ante nuestros ojos aparece Los Navalucillos, el "corazón de los Montes". El pueblo se asienta en la falda de la sierra, vigilado de cerca por el imponente Macizo del Rocigalgo.
Cruzamos el casco urbano, un laberinto de calles estrechas y sinuosas que conservan el sabor castizo de los pueblos de montaña. Sus suelos de cantos rodados y el ritmo pausado de sus gentes crean una atmósfera acogedora donde el forastero nunca se siente un extraño.
Tras dejar atrás este enclave con encanto, enfilamos nuestras ruedas hacia Los Navalmorales, apenas a ocho kilómetros de distancia. Poco antes de entrar, alcanzamos el cruce con la carretera CM-401 y continuamos por ella en dirección a Navahermosa.
Esta vía actúa como transición entre el valle y la serranía toledana, alternas rectas generosas con curvas que exigen atención, especialmente cuando el cansancio empieza a hacer mella tras tantos kilómetros de trazado sinuoso.
El firme es rugoso, el tráfico mayoritariamente local y agrícola, nos cruzamos con alguna maquinaria pesada y con algún ciclista valiente que desafía el desnivel.
Al llegar a Navahermosa, nos recibe una arquitectura serrana rodeada de montes y castaños. Poco después alcanzamos y cruzamos Menasalbas, auténtico corazón ganadero de la comarca.
Tras una agradable y pausada reunión del grupo en una cafetería del lugar y una frugaz cena, nos recojemos en el hostal Joaquín, a descansar para el viaje de vuelta y más que tenemos la previsión de lluvia a lo largo de el.
¡Pero eso será otra história!





















































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