domingo, 5 de abril de 2026

RUTA MOTERA POR LA SIERRA DE ALCARAZ - ELCHE DE LA SIERRA, RIOPAR, ALCARAZ, PEÑASCOSA, CASAS DE LÁZARO, EL SAHUCO, HELLIN.

 


Comienza a clarear el día cuando salimos del casco urbano de Murcia, para encontrarnos con el resto de grupo en las proximidades de la Venta Alegría, la salida está prevista para las 08.00, ya que tenemos un recorrido largo y con bastantes cosas que visitar.
Esta ruta no es solo un trayecto; es una transición entre la ciudad y la sierra, un cambio de ritmo que comienza con el asfalto rápido de la A-7 en dirección a Lorca. En estos primeros kilómetros que hacemos a ritmo suave, nos sirven para acoplarnos a la moto, calentar neumáticos y motor.

Pronto, el desvío hacia la Autovía del Noroeste (RM-15) nos obliga a girar el rumbo suavemente hacia la derecha. El paisaje empieza a ensancharse, tenemos ahora frente a nosotros esta vía rápida que nos llevará a la zona del noroeste de la región murciana.
Tomamos la salida de la Venta Alegría para reagruparnos. La estación de servicio de Campos del Río es el punto de encuentro donde se ajustan cascos, se llenan los depósitos de combustible, se intercambian las primeras impresiones y nos preparamos para verdaderamente iniciar el recorrido de hoy jueves 2 de abril.

Una vez que el grupo está completo y preparado, volvemos a la RM-15. Aquí la carretera tiene un asfalto impecable y las motos avanzan suavemente y a ritmo, a través de los áridos campos del interior de Albudeite, Campos del Río, rambla Salada, Pliego, Mula, etc., con rumbo hacia Bullas. A pocos moteros les gusta conducir por autovía, a nosotros tampoco, así que la abandonamos en la salida 33. Ahora es cuando comienza verdaderamente la diversión. Recorremos los escasos tres kilómetros de la RM-532 hasta encontrar el cruce de Calasparra, donde nos desviamos por la RM-552. Aquí, el paisaje es más de lo mismo, pero cambia en algo; la aridez da paso a una vegetación algo más densa, a campos de cultivos de secano, el aire se vuelve más fresco y el paisaje se abre totalmente frente a nosotros.

Calasparra nos recibe con su tradicional ambiente de Semana Santa. Callejeamos un poco por sus vías, para enfilar la carretera que conduce al Santuario de la Virgen de la Esperanza.

Cruzamos la A-32 y comenzamos a adentrarnos poco a poco en la Sierra del Segura por la RM-510. A partir de aquí, la ruta se vuelve más dinámica, atractiva y rápida; por delante nuestra tenemos una sucesión de agradables curvas que trazamos con avidez, así como paisajes de abruptas montañas y frondosos bosques.



Atravesamos la zona de El Campillo y entramos en tierras albaceteñas por Tazona. La carretera se retuerce entre lomas y valles, exigiendo concentración y ofreciendo a cambio vistas espectaculares. Pasamos por Socovos y Férez, pueblos que parecen colgados del tiempo, donde el asfalto serpentea entre olivos centenarios y afloramientos rocosos.

Finalmente, tras un último tramo de curvas enlazadas que son el deleite de cualquier motorista, divisamos Elche de la Sierra. El "pueblo de las alfombras" nos espera con su hospitalidad serrana, marcando uno de los primeros objetivos de la ruta de hoy.

Tras un breve descanso en esta localidad, el grupo intercambia miradas de complicidad y alguna sonrisa nerviosa; sabemos que lo que viene ahora es pura adrenalina sobre una serpenteante carretera con un buen asfalto.

Meto primera, acelero poco a poco y partimos todo el grupo hacia el oeste por la CM-412, para nosotros esta carretera es como una "pista de baile".

En cuanto dejamos atrás las últimas casas de Elche, el paisaje empieza a cerrarse, la carretera discurre por entre altos riscos y densos bosques de pinos. El ascenso al Puerto del Pino es la primera declaración de intenciones. La moto comienza a inclinarse con naturalidad, empezamos las primeras trazadas curveras, una tras otra se suceden, como una danza física, desplazando el peso del cuerpo ligeramente de un lado a otro de la moto. La carretera serpentea, concentrándote en el trazando de cada nueva curva, acelerando poco a poco en su trazado para aumentar la velocidad al salir de la misma.
Pasamos por Fuente Higuera, un pequeño respiro visual antes de pasar el Puerto del Peralejo.



Aquí las curvas son cerradas, técnicas, de esas que te obligan a frenar un poco antes de entrar, reducir marcha y acometerla con decisión, mirada hacia delante buscando la trazada y nuevamente abrir gas con suavidad al salir sintiendo la tracción de la rueda trasera.
El paisaje de la Sierra de Alcaraz se despliega a nuestro alrededor: grandes masas pinos, rocas calizas que parecen seguir nuestro paso y un aire más fresco que golpea el pecho. Es puro disfrute, una sucesión de tumbadas donde la rodilla quiere buscar el suelo y el corazón se acelera al ritmo de las revoluciones del motor, ¡la adrenalina se dispara!


Llegamos a la entrada de Riópar y la adrenalina deja paso a la serenidad. Hacemos la obligatoria parada técnica en la gasolinera; los comentarios acompañados de risas nerviosas son la válvula de escape de esta adrenalina que se ha acumulado a lo largo del tramo anterior. Una vez listos, cruzamos la localidad a ritmo de paseo, casi en silencio, respetando el descanso de este rincón serrano, Riopar emana esa calma de pueblo auténtico.


Atravesamos el Paseo de los Plátanos, y no puedo evitar girar la cabeza de un lado a otro. Es una avenida preciosa, donde las copas de los árboles se entrelazan creando un túnel de ramas y hojas, que nos conducen hacia la salida de esta villa.

Salimos de Riópar manteniendo el rumbo por la misma carretera, ahora en dirección a Reolid. Si el tramo anterior fue emocionante, este es hipnótico. La carretera parece haber sido diseñada por un motero: las curvas se suceden sin descanso, encadenadas unas con otras y a cuál más cerrada. El grupo se mueve como un solo organismo, una fila de luces y colores que se inclinan una y otra vez en perfecta sincronía.
El paisaje de valles profundos nos acompaña hasta que el horizonte se abre, anunciando que Reolid está cerca, mientras el eco de nuestros motores aún resuena en las paredes de la sierra.

Llegamos a un punto clave: la confluencia de la carretera de Ríopar con la A-32, a la altura de la localidad de Reolid.

El aire de la Sierra de Alcaraz ya se cuela por las rendijas del casco. Es un aire limpio y fresco que solo tienen las zonas de montaña. Enfilamos hacia el norte, dirección Alcaraz. Esta parte de la ruta es de esas de "disfrutar el paisaje": curvas amplias, buen asfalto y la moto fluyendo sobre la carretera mientras el horizonte se va cerrando con relieves más marcados.

Justo antes de que el perfil de Alcaraz se haga presente en su totalidad, giramos las motos a la derecha y entramos en la CM-3216 y, poco después, en la AB-5029.

Aquí la conducción cambia. La carretera se estrecha, el ritmo baja y la conexión con el entorno se vuelve total. Es un ascenso suave, de esos que te permiten jugar con las marchas medias sin prisas. Llegamos al cruce de Los Batanes y el rumor del agua empieza a ganarle la partida al rugido del escape.

Bajo la pata de cabra y me quito guantes y casco, apago el motor y me dispongo a disfrutar de un entorno privilegiado. Caminar un poco después de unos kilómetros en moto, siempre viene bien, y más si el destino es la cascada de Los Batanes, tambien conocida como "el salto del caballo"

Ver este Salto del Caballo es un espectáculo para los sentidos. El agua se desploma con una fuerza cristalina, rompiendo la paz del bosque y recordándote por qué esta zona de Albacete es un tesoro escondido.







Tras un tiempo de disfrute y sesión fotográfica, toca volver sobre nuestras ruedas. Deshacemos el camino, pero ahora con el objetivo claro: visitar Alcaraz.



La entrada a la ciudad es imponente. Seguimos la calle Mayor, aunque tenemos algun momento de confusión y despiste, el trazado urbano nos obliga a reducir, a mover la moto con mimo entre sus calles estrechas hasta que, de repente, se abre ante nosotros la Plaza Mayor.


El aparcamiento, lo hacemos en un rincón donde la moto luzca bien bajo las torres gemelas (la del Tardón o del reloj y la de la Trinidad).
Aquí dejamos las motos y empiezamos un pequeño paseo turistico a pie, para conocer lo mejor de esta localidad albaceteña.

Plaza Mayor (declarada conjunto histórico-artístico con sus dos torres, “Torre del Tardón” (hexagonal) y la “Torre de la Trinidad” (poligonal).
En 1527 el joven arquitecto Vandelvira trabaja en la remodelación de la llamada ya -Plaza Nueva-, donde las obras de las lonjas de la Regatería y del Alhorí del trigo, cerraban este espacio. 




-Iglesia de la Santísima Trinidad (siglo XV).






retablo mayor iglesia Santísima Trinidad.

El retablo mayor de la Iglesia de la Santísima Trinidad en Alcaraz (Albacete) es una joya renacentista del siglo XVI, obra del pintor Juan de Borgoña y su taller (1505-1509).


-Arco de Puerta Nueva.



-Ayuntamiento



-Los soportales




Ajusto el casco, subo la visera un momento para sentir el aire fresco de la mañana y arranco. El sonido del motor rebota contra las paredes de piedra de esta plaza Mayor de Alcaraz, esa joya del Renacimiento que dejamos atrás por el retrovisor. Tras llenar el depósito a la salida, encaramos la A-32. Es una carretera de rodar cómodo, asfalto impecable y curvas amplias que sirven para calentar neumáticos mientras el paisaje empieza a ondularse.

Pronto aparece el cartel: Santuario de Cortes. Intermitente a la derecha y abandonamos la vía rápida para entrar en la AB-519. Aquí el ritmo cambia; la carretera se estrecha y el verde se vuelve más intenso. Apenas recorremos un kilómetro y medio cuando el Santuario de Nuestra Señora de Cortes se alza ante nosotros.











Aparcamos las motos en una explanada frente a la entrada de santuario que cobija a la Patrona de Alcaraz. Hay un silencio sepulcral, solo roto por el ruido de nuestras motos a nuestra llegada. Es un lugar religioso con una energía especial, con su plaza porticada y la historia de la aparición de la Virgen en 1222 flotando sobre el tronco de un árbol seco. Es el momento de estirar las piernas y empaparse de la devoción de la comarca antes de seguir.




Volvemos al asfalto. La carretera hacia Peñascosa es un regalo para cualquier motorista. El firme está bien, aunque hay que estar atentos a las sombras de los pinos y las encinas que dibujan un túnel natural, la conducción la hacemos más lenta con el fin de alargarla en el tiempo y disfrutar de este tranquilo entorno.

Peñascosa: Entramos en un pueblo de montaña auténtico, rodeado de dehesas y pinos centenarios. El aire aquí ya huele a leña y resina.
Pesebre y Cilleruelo: Cruzamos estas pequeñas pedanías donde el tiempo parece haberse detenido. Son núcleos pequeños de casas de piedra y fachadas blancas, conectadas por carreteras locales que serpentean entre campos de cultivo y monte bajo. El asfalto aquí es más rugoso, más "vivido", obligándonos a ir atentos, pero disfrutando del paisaje rural.

Seguimos por el interior de la Sierra de Alcaraz, conducimos despacio, disfrutando de las vistas y de la estrecha y serpenteante carretera entre Masegoso y Peñarrubia.
Llegamos a Casas de Lázaro, bajamos hacia el valle del río Casas de Lázaro. El pueblo es famoso por sus telares artesanales, y se nota en el ambiente ese orgullo por lo tradicional. Es un punto donde el paisaje empieza a suavizarse, pero la carretera sigue siendo divertida, con buen agarre y visibilidad.

Pasamos El Berro y enfilamos hacia El Sahuco a través de una estrecha y poco mantenida carretera. En este tramo la carretera se vuelve más solitaria y abandonada, una carretera que piensas que en cualquier momento se va a terminar el asfalto para seguir por un camino de tierra, pero no es así.  El paisaje se abre, los horizontes se vuelven más amplios y el terreno más árido pero majestuoso.
El Sahuco, nos recibe con la alta vista de el Santuario del Santísimo Cristo de Sahuco.



Decidimos hacer el último tramo "de un tirón". El viento nos acompaña chocando contra pecho de nuestras chaquetas de cordura, mientras la silueta de nuestro destino final empieza a recortarse en el horizonte.


De repente, lo vemos. No hay pérdida. Sobre una mole de roca infranqueable, el Castillo de Peñas de San Pedro domina toda la llanura. Es una imagen imponente que nos obliga a reducir marchas para admirarla.
Entramos en el pueblo de calles empinadas y vamos en busca de un lugar adecuado para comer, ya que se nos ha hecho algo tarde para ello.


Pasamos junto a su barroca Iglesia de Ntra. Sñra. de la Esperanza, un templo que se edificó a lo largo de una treintena de años, a finales de la primera mitad del siglo XVIII.



Aparcamos las motos a la sombra de la fortaleza y junto a la fuente del Pilar. En lo alto de una solitaria atalaya, el castillo, que ha visto pasar romanos, musulmanes y cristianos y ahora, nos mira a nosotros.


Tras la comida y descanso, retomamos la carretera en dirección a Pozo Hondo, siguiendo la CM-313. Desde aquí y por la misma carretera damos un salto hasta la localidad de Hellin.
Cruzamos esta localidad siguiendo una sucesión de calles y avenidas, para desembocar en la carretera N-301 y por ella continuamos hasta llegar nuevamente a la ciudad de Murcia, dando por concluida esta larga e intensa ruta motera a través de la sierra de Alcaraz.





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