Nos reunimos un poco antes de las 8,30 en la estación de servicio “Las Salinas”, lugar habitual de partida de algunas de nuestras salidas, los ocho participantes de la ruta motera de hoy.
A la hora acordada y tras los primeros comentarios, risas, saludos y algún que otro café, ponemos en marcha las motos, nos ajustamos cascos, guantes y demás elementos de protección, programamos el GPS e iniciamos la salida siguiendo la estela de nuestro guía; somos los Riders of Murcia y hoy el asfalto promete.
Esta carretera es un regalo para el motero y para la vista. Apenas hay tráfico y el grupo se siente libre. A través de la visera de nuestro casco, el paisaje se despliega como un mapa en 3D.
A la derecha: la inconfundible figura de la Sierra de la Espada y, poco después, el imponente perfil de la Sierra de la Pila.
A la izquierda: Las siluetas recortadas de la Sierra de la Navela y más adelante la Sierra del Solán. Cruzamos el Parque Comercial de los Olivos en Cieza, y sin perder el ritmo seguimos hasta alcanzar nuestro primer objetivo: La Venta del Olivo.
Bajamos la pata de cabra, estiramos las piernas y aprovechamos para las fotos de rigor. Risas, comentarios sobre el recorrido y el brillo de las motos bajo el sol murciano.
Retomamos la marcha por la RM-714. El paisaje cambia, se vuelve más fértil.
Cruzamos el Río Segura y es imposible no desviar un segundo la mirada hacia los arrozales que bordean la carretera; un verde intenso que contrasta con el asfalto gris.
Esta carretera local es pura historia. Rodamos sobre parte de la antigua Cañada Real de Calasparra, pasando por los núcleos de la Tercia de Ulea y El Cobo. Es un tramo para disfrutar del ronroneo del motor y la paz del entorno rural, así como de algunas curvas fáciles.
Tras una de esas fáciles curvas, aparece Moratalla; un nutrido conjunto de casas que se eleva sobre las faldas del cerro de San Jorge, ofreciendo una imagen pintoresca de casas que arropan a su histórico castillo, que se encuentra vigilante sobre una atalaya, desde donde parece darnos la bienvenida, recordándonos a su vez, quién manda en estas tierras.
La carretera discurre a través de un paisaje espectacular, rodeado de pinos carrasco y un tupido sotobosque formado por matas de esparto, romero, tomillo, carrascas, etc.
A pesar de su buen estado general, el firme no es un asfalto de circuito de MotoGP, sino que es rugoso, con buen agarre pero algo “vivo”. A lo largo de este tramo encontramos algunos parches y grietas, que nos recuerda que es una carretera de montaña, así que las suspensiones trabajan de lo lindo.
Esta sucesión de divertidas curvas de radio medio y otras más cerradas, nos obligan a entrar con la mirada puesta en la salida, buscando la mejor trazada para no invadir el carril contrario y evitar desagradables momentos.
Una tras otra se sucede en una perfecta sincronía, obligándote a desplazar el peso una y otra vez, presionando con firmeza la estribera, sintiendo como el motor retiene la moto al reducir de marcha justo antes de encarar la curva; para a continuación, sentir esa aceleración progresiva al abrir gas a la salida de la misma y rápidamente prepararte para encarar la siguiente. Es la situación exacta en el que te olvidas del mundo y tan solo estás para disfrutar del momento.
A medida que ganamos altura hacia El Sabinar, el aire se vuelve más fresco y limpio, el paisaje se abre y el bosque se aleja, es la señal de que estamos entrando en los Campos de Béjar. Un lugar conocido por su tranquilidad, paisajes de alta montaña, y la floración de campos de lavanda y plantas aromáticas en verano. Aquí encontramos la pequeña ermita de San Pedro.
A la salida de esta zona, a la altura del cortijo de la Tercia Vieja, la carretera se revira, siguiendo ahora un rumbo norte (N), introduciéndose por la calada del Gallego, entre el puntal del Carreño y el Peñón de los Tormos.
Poco después hacemos una parada de descanso para poder disfrutar del entorno y de las vistas.
Tras este descanso y ya con ganas de llegar a El Sabinar para almorzar, continuamos por esta carretera y al llegar a lo alto del puerto de La Fuente de los Muertos, una zona con un entorno boscoso de pino blanco, carrasco y vegetación de ribera. A partir de aquí comenzamos un suave descenso hacia las Casicas de San Juan, donde el paisaje se abre infinito. A nuestra derecha, hacia el norte (N) vemos el Calar de la cueva de la Capilla, más al fondo El Calar de las Cuevas del Bajil, el cerro de La Fuensanta, etc., bajo nuestras ruedas el pequeño embalse de La Risca y frente a nosotros en dirección oeste (W) las amplias extensiones que forman “Los Campos de San Juan”.
Poco después hacemos una parada de descanso para poder disfrutar del entorno y de las vistas.
Tras este descanso y ya con ganas de llegar a El Sabinar para almorzar, continuamos por esta carretera y al llegar a lo alto del puerto de La Fuente de los Muertos, una zona con un entorno boscoso de pino blanco, carrasco y vegetación de ribera. A partir de aquí comenzamos un suave descenso hacia las Casicas de San Juan, donde el paisaje se abre infinito. A nuestra derecha, hacia el norte (N) vemos el Calar de la cueva de la Capilla, más al fondo El Calar de las Cuevas del Bajil, el cerro de La Fuensanta, etc., bajo nuestras ruedas el pequeño embalse de La Risca y frente a nosotros en dirección oeste (W) las amplias extensiones que forman “Los Campos de San Juan”.
Finalizado el descanso volvemos a las motos e iniciamos el segundo tramo de este recorrido por el noroeste de la región murciana.
Pasamos por la plaza del pueblo, que se encuentra presidida por una estatua taurina a escala natural y tras dejar atrás el lavadero público donde antaño se lavaba con agua del nacimiento del río Alharabe, nada más dejar atrás las últimas casas de la villa, tomamos carretera en dirección a Letur.
La carretera inicialmente atraviesa la sierra del Zacatín para poco después llevarnos a la pequeña aldea de la Fuente de la Sabina. Su asfalto se nos presenta bacheado, roto, con muchos socavones, etc., pero que con cuidado nos permite proseguir la marcha. La pista forestal asfaltada es estrecha, revirada y poco mantenida, características típicas de una carretera de montaña, que si nos obliga a estar pendiente de ella, también nos permite rodar despacio a través de una meseta de alta montaña, a más de 1200 metros de altitud, disfrutando del entorno y de los amplios paisajes que tenemos a ambos lados, con sabinas milenarias algunas de ellas retorcidas por el viento.
Llegamos a la Fuente de la Sabina, una pequeña localidad de casas de piedra, donde el tiempo parece haberse detenido hace décadas. Un breve respiro, un ajuste de guantes, y encaramos la carretera en el tramo que nos llevará hacia la perla del Segura, la villa de Letur.
A partir de aquí continuamos por la carretera AB-5010, siendo una de las rutas más paisajísticas y aisladas de la Sierra del Segura, atravesando un relieve extremadamente accidentado.
Nos encontramos una zona de meseta elevada donde el paisaje es más abierto y dominado por campos de secano y pequeñas casas de labor aisladas. La carretera empieza a serpentear para salvar el desnivel de las estribaciones de la Sierra del Calar, es estrecha, sin arcenes y curvas constantes, discurriendo en ocasiones paralela a profundos barrancos.
Al cabo de unos kilómetros empiezan a aparecer huertas escalonadas, señal inequívoca de que estamos llegando a Letur.
Letur es uno de los pueblos más bellos de España gracias a su peculiar estructura urbana, herencia del legado andalusí y un fértil territorio que facilita su dinamismo agrícola. Un comentario de uno de los compañeros, nos informa que la cantante Rozalen, es natural de este histórico y bello lugar.
Intentamos entrar en esta población, pero debido a los efectos catastróficos de la Dana del 29 de octubre del 2.024, hace que algunas de las calles y avenidas principales estén cortada al tráfico, por lo que optamos por dejar la visita para mejor ocasión y proseguir el itinerario.
Tras unos 13 kilómetros de magnífica carretera, que es la distancia que separa Letur de Socovos, entramos en esta localidad albaceteña.
Socovos es una localidad con un entramado de calles que sorprende, la historia y el paisaje se dan la mano en este lugar, prueba de ello es el castillo de Socovos, primer bastión cristiano al sur del río Segura, en un territorio de inmensa mayoría morisca.
Cruzamos esta Villa y en poco menos de 8 kilómetros llegamos a Tazona, pequeña localidad de aproximadamente 532 habitantes, que se encuentra en el límite entre las provincias de Albacete y Murcia.
Seguidamente entramos en la CCAA de la región de Murcia y en pocos minutos nos encontramos cruzando la población de Calasparra, con el fin de tomar y continuar por la carretera MU-552, es una vía de segundo nivel que comunica las poblaciones murcianas de Calasparra y Mula, siendo el itinerario más corto para unirlas por carretera.
Tras salir del casco urbano y después de aproximadamente 5,7 kilómetros llegamos al cruce que nos lleva al embalse de Alfonso XIII y Cieza.
Continuamos por esta carretera que serpentea entre relieves áridos y escarpados, ofreciendo una conducción técnica y visualmente impactante por sus variados y preciosos paisajes.
Poco después comenzamos a ver el Embalse de Alfonso XIII, un espejo de agua turquesa encajado entre paredes de roca caliza que contrastan con la sobriedad del paisaje. Al avanzar hacia Cieza, el entorno se transforma: la aridez da paso a bosques de pequeños pinos carrasco, y mucho sotobosque donde predomina el albardín, la siempre viva, rosal silvestre, tarays, carrizos, etc.
Entramos en Cieza y antes de cruzar el río seguimos por el paseo ribereño que circunvala la ciudad por su vertiente oeste (W), confluyendo con la carretera MU-512 por la que seguimos en dirección a las localidades de Abarán, Blanca y Ojos. En esta última localidad cruzamos el Segura y seguimos por la carretera que nos lleva a Ulea pasando por el grupo de casas que forman La Cuna. Esta carretera que discurre por la falda de la vertiente sur de la Sierra de Las Coberteras, desde la cual obtenemos unas preciosas vistas del “oasis de Ojos”, una fértil comarca rodeada de huertos que abrazan al río Segura
Poco después alcanzamos y cruzamos el municipio de Ulea y proseguimos por una de las carreteras más hermosas, a mi parecer, de esta zona, me refiero al tramo Ulea – Archena por la carretera B-10. Una serpenteante vía que sigue paralela el curso del río Segura.
Lo que hace especial a esta vía es el entorno por donde discurre; atraviesa el precioso parque de la Marquesa, que ofrece una estampa paisajística de palmeras, árboles frutales, pinares y abundante vegetación de ribera. Es una carretera estrecha y sinuosa que invita a una conducción pausada para disfrutar del "pulmón verde" de la zona.
Una vez alcanzado la entrada a la ciudad de Archena, vamos en busca de la autovía A-30, para seguir por ella en dirección a Murcia capital, dando por finalizada la ruta al llegar a la misma.


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