Salgo del barrio del Ranero, en Murcia, con esa mezcla de ilusión y expectación que siempre acompaña el comienzo de una ruta en moto, así como de aventura. La mañana se presenta larga y exigente, por eso hemos quedado temprano, en esta ocasión a las 7,30 de la mañana, pero también prometedora: kilómetros por delante, carreteras secundarias, pequeños núcleos rurales, paisajes de montaña y, sobre todo, lugares cargados de historia que iremos descubriendo a lo largo del camino.
Tomo la autovía A-33 y avanzo durante unos kilómetros hasta alcanzar la salida número 9, donde abandono la vía rápida para incorporarme a la MU-30. Quiero llegar a la estación de servicio Gasoil Express, situada en la antigua carretera de Mazarrón, en la pedanía de El Palmar. Allí me espera Alfonso, mi compañero de viaje en esta salida de hoy.
Al llegar, paro la moto y me quito el casco. Llegan los saludos, los comentarios de rigor y esa breve conversación previa en la que repasamos, aunque sea por encima, el itinerario que tenemos por delante. Sabemos que será una mañana larga, así que, tras comprobar que todo está en orden, volvemos a colocarnos los cascos, arrancamos motores y nos ponemos en marcha camino hacia el Bajo Guadalentín.
Seguimos la carretera MU-603. Poco a poco dejamos atrás el entorno urbano y nos introducimos en un paisaje mucho más abierto y rural. Pasamos por Sangonera la Verde, Molino de la Vereda, El Cañarico, Inchola y otros pequeños núcleos que aparecen y desaparecen a nuestro paso.
Es un tramo especialmente agradable para rodar en moto. El tráfico es escaso, el firme permite mantener un ritmo cómodo y aparecen algunas curvas de trazado rápido que hacen que la conducción resulte entretenida sin llegar a ser exigente. Pero hay algo que domina nuestra atención: a nuestra izquierda, casi permanentemente, la sierra de Carrascoy nos acompaña como un enorme telón de fondo.
Rodamos tranquilos, disfrutando de la conducción, del aire, los olores del campo, el sonido de los motores y la posibilidad de contemplar el paisaje sin la sensación de aislamiento que proporciona un automóvil.
Delante de nosotros aparece el cruce con la RM-2, la carretera que comunica Alhama de Murcia con Fuente Álamo. Al atravesar la rotonda, dirigimos por un instante la mirada hacia un vestigio que parece querer recordarnos que estas tierras también fueron escenario de uno de los episodios más dolorosos de nuestra historia reciente.
En el interior de un huerto de cítricos, próximo a la rotonda, permanece un antiguo búnker de la Guerra Civil Española. Allí está, inmóvil y silencioso, convertido con el paso del tiempo en un testigo de aquel aciago periodo de España. Pasamos junto a él y, aunque no nos detenemos, su presencia no pasa desapercibida.
Continuamos por la RM-23 en dirección a Mazarrón. La carretera cambia de aspecto y nos encontramos ante una magnífica y amplia vía que invita a abrir gas. En un momento determinado, enroscamos el acelerador y sentimos cómo la moto responde con contundencia. Durante unos instantes superamos los 150 km/h, siempre conscientes y vigilantes de la vía y de las condiciones de la circulación.
La aceleración es inmediata. La moto mantiene una gran estabilidad y no transmite sensaciones extrañas; simplemente responde como esperamos de ella. Son unos segundos de intensa emoción, de notar el empuje del motor y, al mismo tiempo, esa agradable percepción de control que tanto apreciamos quienes disfrutamos de viajar sobre dos ruedas.
Pero la aceleración dura poco. La próxima salida se aproxima y toca desacelerar.
Abandonamos la RM-23 para dirigirnos hacia Cantareros y, posteriormente, El Peretón. El paisaje vuelve a cambiar. Nos adentramos de lleno en el Bajo Guadalentín y dejamos atrás las grandes vías para tomar una carretera local cuyo asfalto presenta algunos signos evidentes de deterioro: zonas rotas, reparaciones y un firme algo irregular que nos obliga a prestar mayor atención a la conducción.
Cruzamos mediante un puente elevado sobre la RM-3 y seguimos avanzando por la zona conocida como Los Guardianes. Finalmente confluimos con la RM-E27, ya a la entrada de Cantareros.
A nuestra izquierda, ligeramente elevada sobre el terreno, distinguimos la blanca ermita de San Juan Bautista. Su imagen contrasta con los tonos ocres y verdes del paisaje y nos invita a desviar la mirada durante unos instantes antes de continuar.
Seguimos por la RM-E27 y nos adentramos en la pedanía vecina de El Peretón. Aquí hacemos una parada muy especial: queremos localizar los dos búnkeres o casamatas de la guerra civil española que desde 1937 vigilan, de alguna manera, el paso de quienes recorren estas tierras
| CASAMATA LADO DERECHO DE LA CARRETERA DIRECCIÓN A TOTANA. |
| CASAMATA LADO IZQUIERDO DE LA CARRETERA DIRECCIÓN A TOTANA. |
El tiempo no ha pasado en vano. Ambos elementos defensivos presentan un estado de conservación relativo y se encuentran parcialmente semienterrados, además de haber quedado prácticamente absorbidos por las nuevas construcciones que han ido apareciendo a su alrededor.
Nos acercamos, observamos sus formas, imaginamos cómo debió de ser este lugar hace casi noventa años y hacemos algunas fotografías. De nuevo aparece esa sensación que se repite durante nuestra ruta: viajar en moto nos permite llegar a rincones que quizá pasarían inadvertidos en un recorrido convencional.
Continuamos nuestro camino y poco después alcanzamos Totana.
Totana es una localidad profundamente vinculada a la artesanía tradicional, especialmente a la alfarería y la cerámica. Por eso nuestra primera intención al llegar no es atravesar la población sin más, sino buscar uno de sus espacios más representativos: el barrio alfarero.
Nos dirigimos hacia el entorno histórico de las Ollerías, zona tradicional donde durante generaciones se concentraron talleres y oficios relacionados con la alfarería local. El barrio se extendía en torno a la rambla de La Santa y constituye una parte importante de la identidad artesanal de Totana.
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| Acueducto de San Pedro o de las Ollerías. |
Nos tomamos nuestro tiempo. Fotografías, comentarios, alguna que otra explicación y, sobre todo, la satisfacción de haber llegado hasta allí.
Después llega uno de esos momentos que hacen especial una ruta: arrancamos las motos y pasamos bajo el arco principal del acueducto. Durante unos segundos tenemos la sensación de atravesar literalmente la historia de Totana sobre nuestras motos.
Continuamos por la avenida de la Rambla de La Santa, salimos hacia la calle Mayor Sevilla y posteriormente enlazamos con la RM-C8, carretera que comunica Totana con la pedanía de Viñas-Carivete y constituye también uno de los accesos al importante yacimiento arqueológico de La Bastida.
Este tramo nos sorprende por su belleza.
La carretera comienza a serpentear entre altas paredes construidas con mampostería de piedra seca. A ambos lados aparecen huertos, cultivos, jardines y antiguas casas de labor. La conducción se vuelve pausada y placentera. No tenemos ninguna prisa; queremos disfrutar de este serpenteante camino.
Atravesamos la zona de Los Llanos siguiendo aproximadamente la dirección marcada por la rambla de los Bueyes. Frente a nosotros y a nuestra derecha aparece un pequeño relieve montañoso: el cerro de la Serrecica y Los Pedregales, con sus aproximadamente 580 metros de altitud.
La carretera se estrecha y las curvas se suceden. Es uno de esos tramos en los que la moto parece encontrar su lugar natural: poca circulación, paisaje abierto, curvas enlazadas y un entorno que obliga a levantar la mirada continuamente.
Llegamos a una zona en la que las indicaciones no son demasiado evidentes. Preguntamos a unas personas de la zona que, gracias a sus explicaciones, finalmente encontramos el camino que nos conduce hasta nuestro siguiente objetivo: Los Allozos.
La primera impresión es difícil de describir.
Ante nosotros aparece una pequeña aldea abandonada, perteneciente al municipio de Aledo y situada en la margen izquierda del barranco de Periago. El silencio es prácticamente absoluto.
Los Allozos conserva todavía la fachada de una pequeña ermita del siglo XVIII dedicada a la Purísima Concepción. El lugar posee además una historia mucho más antigua, pues en su entorno se han localizado restos arqueológicos de época tardorromana.
Durante años, apenas una decena de familias habitaron este pequeño núcleo, dedicadas principalmente a la agricultura de secano, especialmente al cultivo de la vid y los cereales. Hoy, sin embargo, aquellas viviendas permanecen vacías y el antiguo núcleo se encuentra sumido en el silencio y el olvido.
Nos movemos entre las ruinas y los restos de la aldea intentando imaginar cómo sería la vida aquí décadas atrás. Hay algo inquietante y hermoso al mismo tiempo en estos lugares abandonados. El silencio parece conservar las historias de quienes un día vivieron entre estas paredes.
Además, en las proximidades existe un nacimiento de agua que todavía hoy continúa manando de forma constante. Un pequeño hilo de vida en un lugar que parece detenido en el tiempo.
Pero el tiempo empieza a cambiar.
Mientras permanecemos en Los Allozos, observamos cómo el cielo se va cerrando. Las nubes negras comienzan a cubrir el horizonte y, de repente, escuchamos el primero de una sucesión de truenos.
Nos miramos y decidimos que hacer, si volver para Murcia o continuar el recorrido previsto.
No hace falta decir demasiado. Sabemos que no es el mejor momento para permanecer allí. La tormenta parece avanzar por delante de nosotros y decidimos colocarnos rápidamente nuestras cascos, subir a las motos y abandonar la aldea para seguir el itinerario.
Nuestro siguiente objetivo será Zarzadilla de Totana, intentando mantenernos alejados del núcleo de la tormenta y, sobre todo, evitar la descarga de agua y granizo que parece estar produciéndose más adelante.
El cambio de ritmo es inmediato. La carretera que nos conduce hacia Zarzadilla nos ofrece un magnífico asfalto, rápido y divertido, con curvas bien trazadas y bonitas panorámicas. Al mismo tiempo, seguimos vigilando el cielo.
Finalmente alcanzamos Zarzadilla de Totana, pedanía perteneciente al municipio de Lorca.
Entramos en la localidad y dejamos por unos minutos las motos para recorrer algunos de sus rincones.
Después de la visita comienza a aparecer una necesidad mucho más terrenal: es la hora de almorzar.
Buscamos un lugar donde hacerlo y encontramos nuestro pequeño remanso de paz junto a la plaza de la Constitución. Nos acomodamos en una calle estrecha y sin salida, protegidos del sol y disfrutando de la fresca.
En esos momentos parece que el reloj se detiene. Las motos descansan a pocos metros, nosotros hablamos sobre lo que llevamos recorrido, comentamos los lugares visitados y repasamos mentalmente lo que todavía nos queda por delante.
Es uno de esos momentos sencillos que terminan convirtiéndose en parte esencial del recuerdo de una ruta.
Con las fuerzas recuperadas, nos ponemos nuevamente en marcha.
Abandonamos Zarzadilla de Totana por la estrecha y sinuosa MU-503. La carretera discurre entre diferentes sistemas montañosos: a nuestra izquierda aparecen las sierras de El Cambrón y Pedro Ponce, mientras que a la derecha se levantan el Alto de Peñarrubia y el Cabezo del Sordo entre otros.
El paisaje vuelve a cambiar progresivamente. Las montañas nos acompañan, las curvas se suceden y la moto se convierte en nuestra mejor compañera para atravesar este territorio.
El tráfico es nulo y eso nos permite disfrutar especialmente de la conducción. Cada curva abre un paisaje diferente y, poco a poco, vamos ganando distancia hacia Bullas.
Antes de alcanzar la localidad hacemos una parada en uno de los rincones naturales más agradables de la jornada: el pequeño río Mula, perteneciente a la cuenca del Segura.
Nos acercamos al agua y enseguida notamos el contraste de temperatura. Sus aguas frescas y cristalinas crean un pequeño oasis en medio de un día especialmente caluroso. En este entorno encuentran refugio diferentes especies, entre ellas barbos y otras especies de fauna acuática como son cangrejos y tortugas
Después de tantos kilómetros, el simple hecho de sentarnos junto al agua, escuchar su sonido y contemplar el entorno resulta casi terapéutico. Hacemos fotografías y disfrutamos de unos minutos de auténtica desconexión.
Pero todavía queda camino y el calor aprieta. Continuamos hacia la autovía del Noroeste, la RM-15. Nos incorporamos a ella y avanzamos hasta la salida de El Niño de Mula.
Abandonamos nuevamente la autovía y nos dirigimos hacia Mula y Puebla de Mula. En este punto tomamos dirección hacia Archena y, cuando el calor comienza a hacerse realmente duro, decidimos buscar un lugar donde detenernos.
Encontramos un bar en Yéchar, donde hay un cartel que reza: “un lugar para comer de lujo, pero sin lujos”, y allí hacemos una de las paradas más necesarias del día.
El calor está alcanzando su punto álgido. Miramos el termómetro de una de nuestras motos: alrededor de 40 ºC de temperatura ambiente.
A esas alturas de la ruta, después de tantas horas sobre la moto, se nota. El cuerpo pide sombra, agua y descanso. Nos sentamos, nos refrescamos y dejamos que pasen unos minutos antes de volver a enfrentarnos al asfalto.
Cuando finalmente arrancamos y tomamos dirección a Ceutí y Lorquí. El trazado nos vuelve a regalar una sucesión de curvas bonitas y divertidas que nos permiten recuperar sensaciones sobre la moto.
Atravesamos Ceutí, continuamos hacia Lorquí y posteriormente cruzamos los polígonos industriales de Lorquí y El Saladar.
El paisaje vuelve a transformarse. Dejamos atrás las carreteras rurales y los pequeños núcleos para regresar progresivamente a un entorno más industrial y urbano.
Nos incorporamos a la autovía A-30 y dejamos que la moto ruede hacia Murcia. Ya no buscamos curvas, paisajes ni lugares que visitar. Ahora simplemente queremos llegar.
Mientras avanzamos, repaso mentalmente la jornada.
Han sido varias horas de carretera, kilómetros de todo tipo, aceleraciones, curvas, calor, tormentas amenazantes, ríos, fotografías, patrimonio, historia y pequeños pueblos. Hemos pasado junto a vestigios de la Guerra Civil, hemos conocido la tradición alfarera de Totana, atravesado antiguas zonas agrícolas, descubierto una aldea abandonada, buscado refugio ante una tormenta, descansado junto a un río y compartido un almuerzo en la tranquilidad de Zarzadilla de Totana.
¡Nos vemos en la próxima!






































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