lunes, 8 de diciembre de 2025

RUTA MOTERA: LETUR, CARRETERA CANAL DEL TAIBILLA, VIZCABLE, NERPIO, CAMINO FUENTE DE LA CARRASCA, CAÑADA DE LA CRUZ.

 

¡Una Épica Mañana por el Sureste!

El recorrido que se proponer para este puente de la Constitución, discurre por la zona de Nerpio y camino de la fuente de la Carrasca, como puntos más significativos, yendo por la carretera de Vizcable (camino canal de Taibilla), atravesando la sierra de la Hoya del Espino y la sierra de las Cabras a través del camino de la Fuente de la Carrasca y bajando por la localidad de Cañada de la Cruz, para volver a Murcia por la autovía del noroeste RM-15.



El buen tiempo, el rugido del motor y la promesa de kilómetros por delante marcan el inicio de una jornada inolvidable. A las 8:30 el sol empieza a asomar tímidamente, reflejándose en el cromo y la pintura de las motos que esperan impacientes en la Estación de Servicio Las Salinas. Tras el café de rigor y el último ajuste de equipaje, el grupo se pone en marcha, integrándose rápidamente en la Autovía A-30. Esta primera sección del itinerario, necesaria pero breve, permite calentar neumáticos y establecer el ritmo del grupo.

El trayecto por autovía dura lo justo hasta que el cartel de la salida 116/Ulea aparece en el horizonte. Dejamos atrás la comodidad de la vía rápida para adentrarnos en un paisaje más íntimo, el corazón de la Vega Alta del Segura. La ruta nos lleva disfrutar de la figura en el horizonte de las sierras de la Pila, de la Espada, Ricote, la Navela, etc., siguiendo la serpenteante carretera N-301, que nos lleva hacia el interior de la región murciana.

La emoción se intensifica al cruzar Cieza. Conocida por su floración espectacular si la estación lo permite, la travesía por esta localidad es cómoda y rápida, mostrándonos esos infinitos campos de frutales, que en su época mostrarán una explosión de colores. Continuamos el camino y no pasa mucho tiempo hasta que las montañas se hacen más patentes, anunciando nuestra llegada a Calasparra. La tierra del arroz por excelencia nos regala vistas de campos y huertas que contrastan con los tonos rojizos y ocres de la sierra.




A partir de Calasparra, la carretera comienza a estrecharse y el asfalto se vuelve más juguetón. Nos despedimos de la Región de Murcia por un momento y nos internamos en la provincia de Albacete, con el primer destino de descanso en mente: Socovos. Pero antes, la pequeña localidad de Tazona nos da la bienvenida con su encanto rural.

Al llegar a Socovos, el reloj marca la hora perfecta para el almuerzo. Los motores se apagan, y el silencio, roto solo por las risas y la charla motera, es un bálsamo. Un buen bocadillo y un café con porras reponen las energías para la etapa más exigente y, sin duda, la más espectacular del día.

Tras el receso, la aventura nos lleva a Letur. Este pueblo de postal, encaramado en la montaña, con sus casas colgantes y su arquitectura morisca, es un deleite visual. La carretera hasta allí es una sucesión de curvas y descensos que exigen concentración y ofrecen una recompensa paisajística inigualable.




Pronto encontramos el cruce de la carretera del Canal del Taibilla. Este tramo de carretera, sinuosa y estrecho, abrazado por las laderas de las sierras de: Los Molares y Lagos por la derecha de la carretera y las sierras de Tobar y Zalacatín por la izquierda de la misma, nos ofrece unas vistas vertiginosas y la sensación de estar cabalgando por el cielo. Nada más entrar en esta pista forestal “asfaltada”, nos recibe una pequeña y bonita poza con agua cristalina que se forma en la rambla de La Dehesa, llamada la Fuente de La Ras.

vista poza fuente de la Ras

vista rambla de la Dehesa. 

Proseguimos adentrándonos en esta carretera que se creo para hacer y mantener el canal de agua del Embalse del Taibilla, una antigua carretera a día de hoy nada mantenida.  Nos encontramos sorprendentemente con una vía muy rota, llena de baches y tramos de asfalto rayado y suelto, tramos de calzada colmatada de tierra y piedras de desprendimientos, tramos cubiertos por las acículas de los pinos, etc., en resumen; una carretera sin pavimentar, con muchos baches, falta de mantenimiento y señalización que implican cierto riesgo en la conducción.



El aire se siente más fresco y puro, a mitad de esta carretera llegamos una pequeña aldea denominada Vizcable, que pertenece la mitad a Yeste y la otra parte a Nerpio y es en esta parte donde se encuentra un torreón de origen árabe, dominando el valle y la rambla de Almez.


vista de la zona del Estrecho.


En los últimos kilómetros, en la zona conocida como el Estrecho el firme del camino mejora sustancialmente y, culmina en la presa del embalse del Taibilla, cuyas aguas azul turquesa contrastan con el verde de los pinares circundantes. Es un punto ideal para una breve parada de descanso, fotográfica y para absorber la inmensidad del paisaje.






Continuamos la marcha hacia el sur, adentrándonos en el corazón de la sierra. La llegada a Nerpio, donde repostamos, y el paso por el humilde caserío de Pedro Andrés nos recuerdan la dureza y la belleza de la vida en la montaña. En contrapartida con la carretera del canal del Taibilla, el tramo entre Nerpio y Pedro Andrés, nos sorprende con una conducción a través de una agradable, cómoda y sinuosa carretera, con recovecos preciosos, que va siguiendo un atractivo desfiladero formado por el paso del río Taibilla. Un poco antes de entrar en la pequeña localidad de Pedro Andrés hacemos una parada a la izquierda de la carretera, para observar y fotografiar una pequeña fortificación árabe en lo alto de un cerro. 

vista del castillo de Taibilla o de la Tercia.

 Es el Castillo del Taibilla o también conocido como el castillo de la Tercia, construido entre los siglos XI -XV, con todo un sistema defensivo de almenas y saeteras. Pero lo más destacable es la torre del homenaje, que tuvo cuatro pisos en su interior, así como un aljibe en la parte baja para aprovechar el agua de lluvia. Su importancia histórica fue fundamental para controlar el vecino Reino de Granada, de lo que se encargó la orden de Santiago desde 1242, hasta la conquista de la ciudad de Granada en 1492.






Tras cruzar la pequeña localidad de Pedro Andrés nos desviamos para tomar el camino Fuente de la Carrasca, una senda que nos devuelve a la Región de Murcia por la vía más directa y para ello lo hace atravesando la sierra de las Cabras. Este camino rural asfaltado asciende serpenteando entre nogueras y carrascas, que comienza en el cruce del camino de los Poyos. Este tramo de carretera se disfruta mucho, ya que, una vez alcanzado la parte alta de la carretera en la zona del Puntal del Sotillo, desde donde podemos contemplar una vasta zona desde las pedanías de Las Cañadas y Fuente de la Carrasca hasta la sierra de Huebras.








A partir de esta atalaya la carretera se suaviza, encontramos menos curvas y la carretera discurre por unas zonas más llanas y amplias, pudiendo disfrutar de una tranquila conducción y de las vistas que tenemos a lo largo de ella. Hacia la mitad del recorrido de este camino rural vemos pequeñas aldeas como: Cañada del Nerpio y La Hoya de Espino de Abajo, llegando poco después a La Hoya de Espino de Arriba, encontrándose esta aldea abandonada y derruida casi en su totalidad.
 




Desde aquí la carretera va tomando una dirección Sureste en dirección a la pedanía Fuente de la Carrasca. La cual se encuentra a tan solo 1,5 km del límite con la provincia de Granada y a 5 de la Región de Murcia. A penas 6 kilómetros después de cruzar esta pedanía, nos encontramos en un Trifinio subnacional de España, es decir; un punto donde convergen los límites de tres provincias y/o comunidades autónomas. Aquí, cerca de la cuerda del Mojón Blanco (1387 m.), tenemos el trifinio de las provincias de Albacete, Murcia y Granada.

Poco después y tras cruzar una zona con un firme roto, rayado y con bastantes baches, alcanzamos Cañada de la Cruz, el ambiente a civilización comienza a sentirse. 



 Proseguimos ahora por otra antigua carretera RM-B-24 bajo la atenta mirada del pico de Remolcadores y en dirección Al pueblo de El Moral, donde nos espera una merecida y amplia parada para comer.
Este recorrido a través de sierras, barrancos, carreteras buenas y otras no tanto, etc., nos han abierto del apetito.



Con la panza llena y las fuerzas renovadas, la última etapa de la jornada se afronta con otro espíritu.
Retomamos el asfalto, esta vez con destino a la histórica Caravaca de la Cruz. La ciudad, con su imponente castillo y su significado religioso, nos saluda a nuestro paso. Desde allí, el camino de vuelta se simplifica al tomar la RM-15, una autovía que, si bien es más rápida, nos permite disfrutar de las últimas panorámicas del interior de la región murciana.

El descenso es constante, dejamos esta autovía del Noroeste RM-15 en la salida 20 y continuamos pasando por Yechar y, ya en la vega media del Segura, por Ceutí y Lorquí, poblaciones que marcan el final inminente de la ruta. La jornada épica concluye al entrar en el casco urbano de Murcia, Un recorrido de casi 320 kilómetros llenos de anécdotas y de recuerdos de las curvas de los caminos del Canal del Taibilla y de la fuente de la Carrasca, los cuales perdurarán mucho más tiempo.


 



viernes, 28 de noviembre de 2025

MARES DE INTERIOR; LA RUTA MOTERA DE LOS EMBALSES.

 

El 27 de noviembre de este casi acabado año 2025, era una de esas fechas marcadas en rojo en el calendario del grupo motero Riders of Murcia. El proyecto no era solo devorar kilómetros, sino unir a través de un recorrido lógico y continuado, un conjunto de embalses con más o menos agua, ese elemento vital que en nuestra tierra se venera y se guarda como oro líquido. Nos proponíamos realizar la mítica “Ruta de los Embalses”, un trazado que serpentea entre las provincias de Murcia y Albacete, uniendo ingeniería, naturaleza y la más pura pasión motera.


El punto de encuentro, como manda la tradición y la logística, fue la estación de servicio Las Salinas. El aire de la mañana estaba cargado de esa mezcla de olores inconfundibles de gasolina y café recién hecho. Los saludos y el chequeo rápido de las monturas marcaron el preludio de una intensa jornada motera.


Arrancamos los motores e iniciamos el recorrido siguiendo la autovía A-30 en dirección Albacete, para abandonarla poco después en la salida 116/Ulea, e ir en busca de la carretera N-301. Esta vía, columna vertebral histórica de la región murciana, nos sirvió de calentamiento, permitiendo que el grupo se estirara y encontrara su ritmo. Rodamos con dirección a Cieza, la puerta norte de la Región, donde el paisaje empieza a cambiar, dejando atrás la huerta baja para adentrarnos en terrenos más escarpados.

Entramos en Cieza y el río Segura nos dio la bienvenida; en lugar de atravesar la ciudad por sus arterias principales, optamos por el paseo ribereño que discurre siguiendo el cauce del río, para ello cruzamos sus aguas por el Puente de Argaz, sintiendo la brisa fresca que emana del cauce. Esta elección fue un acierto sensorial; rodar bajo la imponente sombra del Pico de la Atalaya nos hizo sentir pequeños ante la geografía, escoltados por el muro de piedra a un lado y el fluir constante del río Segura al otro, el grupo avanza en busca de El Puente de Los Nueve Ojos, que se sitúa en la salida de esta localidad hacia Mula en la Carretera Comarcal C-330.


Dejamos Cieza atrás y la carretera comienza a exigir más de nosotros, curvas, carretera de montaña con un firme no muy cuidado, badenes, etc. El trazado se vuelve más técnico mientras nos dirigíamos hacia el embalse de Alfonso XIII, también conocido como el embalse del Quípar.
En sus proximidades, el paisaje se abre, es un lugar con historia, uno de los pantanos más antiguos de la cuenca y donde desembocar al río Quípar, abriendo para ello un tajo en la sierra de La Albarda, formando un barranco impresionante, que se puede apreciar desde la misma presa. 

vista del estrecho de Quipar.

 El agua de un color azul turquesa, tranquila y serena, nos invitan a contemplarla, para ello el grupo hace una primera parada.


vista del embalse de Alfonso XIII o de Quipar.





Pero la ruta no permitía largas demoras. Volvimos a las motos con intención de cruzar la localidad de Valentín. El objetivo era claro: visitar el embalse de Argos, que se encuentra muy cerca de dicha pedanía. Dejamos el embalse de Alfonso XIII y proseguimos por la carretera disfrutando de la conducción, con curvas que permiten tumbar la moto con seguridad mientras se disfruta del entorno.

parroquia de San Juan Bautista.

Cruzamos la localidad de Valentín por la carretera que transita junto a la iglesia de San Juan Bautista, su patrono. La industria del barro es la principal fuente de ingresos de Valentín con varias Tejeras o Cerámicas que han hecho de Valentín un lugar conocido por sus tejas, ladrillos y losas en toda la provincia.

monumento a la industria del barro.

Al llegar a la presa de Argos, volvemos hacer otra parada para admirar sus aguas y hacer algunas fotos. Este pantano donde desemboca el río que le da nombre, separa los términos de Cehegín y Calasparra, municipios a los que siempre ha estado muy vinculada esta localidad.

vista del embalse de Argos. 





Desde este punto, el grupo compacto y coordinado, salió en busca de la carretera RM-714. El asfalto se extiende como un manto gris invitándonos a acelerar, conectando posteriormente con la RM-510. Aquí, el paisaje empezó a mutar. Los campos de cultivo dieron paso a un entorno más forestal y serrano. Pasamos por Tazona y Socovos, localidades que marcan la transición hacia la Sierra del Segura, y tras disfrutar de unas bonitas y suaves curvas, alcanzamos Letur, un pueblo que parece colgado en el tiempo y en la roca.

Ayuntamiento de Letur.
vista de parte de Letur.


Fue en este tramo entre Letur y el embalse de la Fuensanta, donde la ruta alcanzó un ritmo mayor, disfrutando tanto de la carretera como de la gran cantidad de curvas que hay en este trecho. Uno de los momentos de mayor culmen visual, fue la llegada al embalse de La Fuensanta. 

vista embalse de la Fuensanta.

No es solo un depósito de agua; es un gigante hídrico dormido entre montañas. Cruzarlo es una experiencia casi religiosa para un motero. Primero, el puente de la Vicaría nos elevó sobre sus aguas, ofreciéndonos una perspectiva aérea espectacular.
 




Muy próximo a el, encontramos un área adecuada para aparcar las motos y disfrutar de las vistas que desde este enorme puente se obtienen del embalse y su entorno. El sonido del viento en el casco y la vista del agua azul turquesa bajo las ruedas es algo difícil de describir. 


Continuamos la marcha casi bordeando el pantano por su vertiente oeste para poco después, pasar bajo los característicos arcos de piedra, para volver a cruzar nuevamente las aguas, esta vez por el puente de Palomares. La sensación de estar rodeados de agua y montaña por los cuatro costados inyectó una dosis de adrenalina y libertad en cada uno de los componentes del grupo motero de esta salida.


Con el espíritu elevado, pusimos rumbo a la pedanía de Molinicos. No podíamos pasar de largo sin detenernos para observar los paisajes. Hicimos una parada estratégica, no solo para reagruparnos, sino para dejar que la vista se perdiera en el horizonte serrano. El silencio del motor apagado permitió escuchar el susurro del viento que cruza la sierra, un contraste necesario antes de afrontar el siguiente tramo.








La aventura continuó por el camino forestal de Ayna a Molinicos. Este tramo es para los que disfrutan de la conducción pura; una carretera que exige respeto y ofrece a cambio una inmersión total en la naturaleza. Desembocamos en la carretera CM-3203, siguiendo el ritmo de las curvas hasta el cruce con la AB-4006. Esta vía, que encontramos en obras, nos hizo descender, casi como si nos sumergiéramos en la tierra, hasta el puente que cruza el mítico río Mundo. 



El sonido del agua se percibía a través del casco y su frescor se introducía por las distintas capas de la chaqueta motera.



 Seguidamente, la carretera nos elevó hasta llegar a la localidad de Liétor.


En Liétor, aparcamos las motos en la Plaza Mayor. Era el momento de estirar las piernas y hacer un poco de turismo. Nos acercamos a la fuente del Pilar de Liétor (siglo XVII), está adosada a la pared de una casa particular, cuyo sonido constante de agua cayendo parecía querer contarnos historias de este pueblo colgado sobre la hoz del río Mundo. La belleza de Liétor recargó nuestras energías mentales.



De vuelta a la carretera, tomamos la CM-3213. El siguiente destino era uno de los platos fuertes del día: el embalse del Talave. Aquí, la parada fue obligatoria y amplia. Este embalse, receptor de las aguas del trasvase Tajo-Segura, es un espectáculo de ingeniería y naturaleza. 

vista del embalse del Talave.







Aprovechamos la parada para disfrutar del contraste de colores que forma la luz solar con el agua de color azul turquesa, los bosques que lo rodena y por supuesto, para una sesión de fotos.
Las motos alineadas, con el fondo azul intenso del pantano y el cielo despejado, crearon la imagen perfecta de amistad de Riders of Murcia. Las risas y los comentarios sobre las curvas pasadas llenaron el momento.

vista del embalse del Talave desde la presa.



Pero el "conjunto" de los embalses no estaba completo. Desde el Talave, continuamos hacia el embalse del Cenajo. Este coloso, que hace de frontera natural, impone respeto. Hicimos una parada para descansar un poco la vista en sus paisajes abruptos y sus aguas profundas, aunque escasas. Es un lugar que transmite fuerza, la misma que sentíamos en nuestros puños al acelerar.

vista presa embalse del Cenajo.




La ruta prosiguió descendiendo hacia las localidades de Salmerón y Las Minas, lugar que toma su nombre de una explotación milenaria de azufre. 

vista del volcan de Salmerón
 
Aquí el paisaje se suaviza ligeramente, apareciendo los campos de arroz y los frutales, preludio de nuestra llegada al embalse de Camarillas. El tercero de los grandes pantanos de la zona nos recibió con su particular encanto, cerrando el ciclo de los grandes gigantes de agua de la jornada.

vista aérea del embalse de Camarillas.











El estómago empezaba a reclamar su parte de protagonismo. Volvimos a la carretera dirigiendo nuestras ruedas hacia la localidad de Agramón. Allí, en uno de sus restaurantes nos esperaba la ansiada comida. Este espacio de relajación fue el momento de la camaradería en estado puro. Entre platos tradicionales y refrescos, y alguna copita de vino de la zona rebajada con casera, se revivieron las anécdotas de la mañana: esa curva que se cerraba más de lo esperado, la belleza del puente de la Vicaría o simplemente la alegría de compartir mesa y ruta.

Con el cuerpo reconfortado y el espíritu satisfecho, iniciamos el regreso. Volvimos a la fiel N-301 dirección Murcia, pero la ruta aún guardaba un as bajo la manga. No queríamos una vuelta monótona, por ello y a la altura de Abarán, abandonamos la nacional para tomar la RM-514 hacia el municipio de Blanca.



El Valle de Ricote nos recibió con su explosión de verdor. Cruzamos nuevamente el río Segura, esta vez por el icónico Puente Metálico de Blanca, el cual añadió un toque industrial y nostálgico al viaje.
Pocos kilómetros después, alcanzamos el embalse de Ojós, nuestro último punto del objetivo previsto para la ruta de hoy.
A pesar de ser más pequeño que los anteriores, su ubicación en este estrecho valle lo convierte en una joya paisajística. Hicimos una última parada técnica para disfrutar de las vistas y capturar las últimas fotos con la luz de la tarde cayendo sobre el agua.

vista embalse de Ojós.








Para el tramo final, Riders of Murcia tenía preparado un broche de oro, un lugar que pocos conocen. Desde la presa de Ojós, nos dirigimos hacia el túnel situado junto al barranco del Chinte. Este paso, que discurre bajo la imponente montaña del Alto de la Navela, nos adentró en sus entrañas y nos llevó a una carretera agrícola asfaltada. Lejos del tráfico convencional, rodamos en una intimidad casi mágica, rodeados de naturaleza, sintiendo que la montaña nos abrazaba por última vez.



Esta vía casi oculta nos devolvió suavemente a la civilización, desembocando nuevamente en la carretera N-301, justo a la altura de la ermita de San Roque. Desde allí, ya con las luces de la ciudad empezando a parpadear en el horizonte, seguimos la nacional hasta entrar en la ciudad de Murcia.

Al llegar a casa y apagar el motor de la moto, el silencio no fue tal. En nuestros oídos seguía el zumbido del viento y en nuestra retina, el azul de los embalses. Habíamos completado la ruta. Cientos de kilómetros de carretera y curvas, miles de litros de agua contemplados y, sobre todo, la certeza de que el grupo Riders of Murcia no solo comparte carretera, sino una forma única de vivir la vida.