viernes, 28 de noviembre de 2025

MARES DE INTERIOR; LA RUTA MOTERA DE LOS EMBALSES.

 

El 27 de noviembre de este casi acabado año 2025, era una de esas fechas marcadas en rojo en el calendario del grupo motero Riders of Murcia. El proyecto no era solo devorar kilómetros, sino unir a través de un recorrido lógico y continuado, un conjunto de embalses con más o menos agua, ese elemento vital que en nuestra tierra se venera y se guarda como oro líquido. Nos proponíamos realizar la mítica “Ruta de los Embalses”, un trazado que serpentea entre las provincias de Murcia y Albacete, uniendo ingeniería, naturaleza y la más pura pasión motera.


El punto de encuentro, como manda la tradición y la logística, fue la estación de servicio Las Salinas. El aire de la mañana estaba cargado de esa mezcla de olores inconfundibles de gasolina y café recién hecho. Los saludos y el chequeo rápido de las monturas marcaron el preludio de una intensa jornada motera.


Arrancamos los motores e iniciamos el recorrido siguiendo la autovía A-30 en dirección Albacete, para abandonarla poco después en la salida 116/Ulea, e ir en busca de la carretera N-301. Esta vía, columna vertebral histórica de la región murciana, nos sirvió de calentamiento, permitiendo que el grupo se estirara y encontrara su ritmo. Rodamos con dirección a Cieza, la puerta norte de la Región, donde el paisaje empieza a cambiar, dejando atrás la huerta baja para adentrarnos en terrenos más escarpados.

Entramos en Cieza y el río Segura nos dio la bienvenida; en lugar de atravesar la ciudad por sus arterias principales, optamos por el paseo ribereño que discurre siguiendo el cauce del río, para ello cruzamos sus aguas por el Puente de Argaz, sintiendo la brisa fresca que emana del cauce. Esta elección fue un acierto sensorial; rodar bajo la imponente sombra del Pico de la Atalaya nos hizo sentir pequeños ante la geografía, escoltados por el muro de piedra a un lado y el fluir constante del río Segura al otro, el grupo avanza en busca de El Puente de Los Nueve Ojos, que se sitúa en la salida de esta localidad hacia Mula en la Carretera Comarcal C-330.


Dejamos Cieza atrás y la carretera comienza a exigir más de nosotros, curvas, carretera de montaña con un firme no muy cuidado, badenes, etc. El trazado se vuelve más técnico mientras nos dirigíamos hacia el embalse de Alfonso XIII, también conocido como el embalse del Quípar.
En sus proximidades, el paisaje se abre, es un lugar con historia, uno de los pantanos más antiguos de la cuenca y donde desembocar al río Quípar, abriendo para ello un tajo en la sierra de La Albarda, formando un barranco impresionante, que se puede apreciar desde la misma presa. 

vista del estrecho de Quipar.

 El agua de un color azul turquesa, tranquila y serena, nos invitan a contemplarla, para ello el grupo hace una primera parada.


vista del embalse de Alfonso XIII o de Quipar.





Pero la ruta no permitía largas demoras. Volvimos a las motos con intención de cruzar la localidad de Valentín. El objetivo era claro: visitar el embalse de Argos, que se encuentra muy cerca de dicha pedanía. Dejamos el embalse de Alfonso XIII y proseguimos por la carretera disfrutando de la conducción, con curvas que permiten tumbar la moto con seguridad mientras se disfruta del entorno.

parroquia de San Juan Bautista.

Cruzamos la localidad de Valentín por la carretera que transita junto a la iglesia de San Juan Bautista, su patrono. La industria del barro es la principal fuente de ingresos de Valentín con varias Tejeras o Cerámicas que han hecho de Valentín un lugar conocido por sus tejas, ladrillos y losas en toda la provincia.

monumento a la industria del barro.

Al llegar a la presa de Argos, volvemos hacer otra parada para admirar sus aguas y hacer algunas fotos. Este pantano donde desemboca el río que le da nombre, separa los términos de Cehegín y Calasparra, municipios a los que siempre ha estado muy vinculada esta localidad.

vista del embalse de Argos. 





Desde este punto, el grupo compacto y coordinado, salió en busca de la carretera RM-714. El asfalto se extiende como un manto gris invitándonos a acelerar, conectando posteriormente con la RM-510. Aquí, el paisaje empezó a mutar. Los campos de cultivo dieron paso a un entorno más forestal y serrano. Pasamos por Tazona y Socovos, localidades que marcan la transición hacia la Sierra del Segura, y tras disfrutar de unas bonitas y suaves curvas, alcanzamos Letur, un pueblo que parece colgado en el tiempo y en la roca.

Ayuntamiento de Letur.
vista de parte de Letur.


Fue en este tramo entre Letur y el embalse de la Fuensanta, donde la ruta alcanzó un ritmo mayor, disfrutando tanto de la carretera como de la gran cantidad de curvas que hay en este trecho. Uno de los momentos de mayor culmen visual, fue la llegada al embalse de La Fuensanta. 

vista embalse de la Fuensanta.

No es solo un depósito de agua; es un gigante hídrico dormido entre montañas. Cruzarlo es una experiencia casi religiosa para un motero. Primero, el puente de la Vicaría nos elevó sobre sus aguas, ofreciéndonos una perspectiva aérea espectacular.
 




Muy próximo a el, encontramos un área adecuada para aparcar las motos y disfrutar de las vistas que desde este enorme puente se obtienen del embalse y su entorno. El sonido del viento en el casco y la vista del agua azul turquesa bajo las ruedas es algo difícil de describir. 


Continuamos la marcha casi bordeando el pantano por su vertiente oeste para poco después, pasar bajo los característicos arcos de piedra, para volver a cruzar nuevamente las aguas, esta vez por el puente de Palomares. La sensación de estar rodeados de agua y montaña por los cuatro costados inyectó una dosis de adrenalina y libertad en cada uno de los componentes del grupo motero de esta salida.


Con el espíritu elevado, pusimos rumbo a la pedanía de Molinicos. No podíamos pasar de largo sin detenernos para observar los paisajes. Hicimos una parada estratégica, no solo para reagruparnos, sino para dejar que la vista se perdiera en el horizonte serrano. El silencio del motor apagado permitió escuchar el susurro del viento que cruza la sierra, un contraste necesario antes de afrontar el siguiente tramo.








La aventura continuó por el camino forestal de Ayna a Molinicos. Este tramo es para los que disfrutan de la conducción pura; una carretera que exige respeto y ofrece a cambio una inmersión total en la naturaleza. Desembocamos en la carretera CM-3203, siguiendo el ritmo de las curvas hasta el cruce con la AB-4006. Esta vía, que encontramos en obras, nos hizo descender, casi como si nos sumergiéramos en la tierra, hasta el puente que cruza el mítico río Mundo. 



El sonido del agua se percibía a través del casco y su frescor se introducía por las distintas capas de la chaqueta motera.



 Seguidamente, la carretera nos elevó hasta llegar a la localidad de Liétor.


En Liétor, aparcamos las motos en la Plaza Mayor. Era el momento de estirar las piernas y hacer un poco de turismo. Nos acercamos a la fuente del Pilar de Liétor (siglo XVII), está adosada a la pared de una casa particular, cuyo sonido constante de agua cayendo parecía querer contarnos historias de este pueblo colgado sobre la hoz del río Mundo. La belleza de Liétor recargó nuestras energías mentales.



De vuelta a la carretera, tomamos la CM-3213. El siguiente destino era uno de los platos fuertes del día: el embalse del Talave. Aquí, la parada fue obligatoria y amplia. Este embalse, receptor de las aguas del trasvase Tajo-Segura, es un espectáculo de ingeniería y naturaleza. 

vista del embalse del Talave.







Aprovechamos la parada para disfrutar del contraste de colores que forma la luz solar con el agua de color azul turquesa, los bosques que lo rodena y por supuesto, para una sesión de fotos.
Las motos alineadas, con el fondo azul intenso del pantano y el cielo despejado, crearon la imagen perfecta de amistad de Riders of Murcia. Las risas y los comentarios sobre las curvas pasadas llenaron el momento.

vista del embalse del Talave desde la presa.



Pero el "conjunto" de los embalses no estaba completo. Desde el Talave, continuamos hacia el embalse del Cenajo. Este coloso, que hace de frontera natural, impone respeto. Hicimos una parada para descansar un poco la vista en sus paisajes abruptos y sus aguas profundas, aunque escasas. Es un lugar que transmite fuerza, la misma que sentíamos en nuestros puños al acelerar.

vista presa embalse del Cenajo.




La ruta prosiguió descendiendo hacia las localidades de Salmerón y Las Minas, lugar que toma su nombre de una explotación milenaria de azufre. 

vista del volcan de Salmerón
 
Aquí el paisaje se suaviza ligeramente, apareciendo los campos de arroz y los frutales, preludio de nuestra llegada al embalse de Camarillas. El tercero de los grandes pantanos de la zona nos recibió con su particular encanto, cerrando el ciclo de los grandes gigantes de agua de la jornada.

vista aérea del embalse de Camarillas.











El estómago empezaba a reclamar su parte de protagonismo. Volvimos a la carretera dirigiendo nuestras ruedas hacia la localidad de Agramón. Allí, en uno de sus restaurantes nos esperaba la ansiada comida. Este espacio de relajación fue el momento de la camaradería en estado puro. Entre platos tradicionales y refrescos, y alguna copita de vino de la zona rebajada con casera, se revivieron las anécdotas de la mañana: esa curva que se cerraba más de lo esperado, la belleza del puente de la Vicaría o simplemente la alegría de compartir mesa y ruta.

Con el cuerpo reconfortado y el espíritu satisfecho, iniciamos el regreso. Volvimos a la fiel N-301 dirección Murcia, pero la ruta aún guardaba un as bajo la manga. No queríamos una vuelta monótona, por ello y a la altura de Abarán, abandonamos la nacional para tomar la RM-514 hacia el municipio de Blanca.



El Valle de Ricote nos recibió con su explosión de verdor. Cruzamos nuevamente el río Segura, esta vez por el icónico Puente Metálico de Blanca, el cual añadió un toque industrial y nostálgico al viaje.
Pocos kilómetros después, alcanzamos el embalse de Ojós, nuestro último punto del objetivo previsto para la ruta de hoy.
A pesar de ser más pequeño que los anteriores, su ubicación en este estrecho valle lo convierte en una joya paisajística. Hicimos una última parada técnica para disfrutar de las vistas y capturar las últimas fotos con la luz de la tarde cayendo sobre el agua.

vista embalse de Ojós.








Para el tramo final, Riders of Murcia tenía preparado un broche de oro, un lugar que pocos conocen. Desde la presa de Ojós, nos dirigimos hacia el túnel situado junto al barranco del Chinte. Este paso, que discurre bajo la imponente montaña del Alto de la Navela, nos adentró en sus entrañas y nos llevó a una carretera agrícola asfaltada. Lejos del tráfico convencional, rodamos en una intimidad casi mágica, rodeados de naturaleza, sintiendo que la montaña nos abrazaba por última vez.



Esta vía casi oculta nos devolvió suavemente a la civilización, desembocando nuevamente en la carretera N-301, justo a la altura de la ermita de San Roque. Desde allí, ya con las luces de la ciudad empezando a parpadear en el horizonte, seguimos la nacional hasta entrar en la ciudad de Murcia.

Al llegar a casa y apagar el motor de la moto, el silencio no fue tal. En nuestros oídos seguía el zumbido del viento y en nuestra retina, el azul de los embalses. Habíamos completado la ruta. Cientos de kilómetros de carretera y curvas, miles de litros de agua contemplados y, sobre todo, la certeza de que el grupo Riders of Murcia no solo comparte carretera, sino una forma única de vivir la vida. 






 

sábado, 22 de noviembre de 2025

RUTA MOTERA POR LA SIERRA DE GREDOS, 6 PUERTOS.

 

Video resumen del viaje de RIDERS OF MURCIA por la sierra de Gredos, culminando 6 de los puertos más importantes de esta sierra.

Ruta en moto que bordea parte de la Sierra de Gredos recorriendo sus carreteras de punta a punta, así como ascendiendo a algunos de sus puertos de montaña más relevantes. El viaje de unos 350 km atraviesa casi toda la vertiente sur de Ávila, desde Madrid hasta Cáceres pasando por lugares de gran belleza, valles, montañas, ríos, pueblos. Durante todo el recorrido por esta sierra se disfruta del ambiente rural y turístico en cada una de sus caras.
A lo largo de esta jornada motera hemos disfrutado de distintos elementos meteorológicos, como han sido un cielo azul totalmente despejado, calor, algo de frío, viento moderado, una suave lluvia, algo de niebla, alguna nube baja, etc., y algún elemento no meteorológico, como un repentino ataque masivo de moscas negras.



viernes, 21 de noviembre de 2025

RUTA MOTERA DE ASFALTO Y SAL; HUERTA, MAR, ACANTILADOS Y PALMERAS. -FARO DE SANTA POLA-.

 

El sol apenas comenzaba a calentar el asfalto cuando los componentes del grupo RIDERS OF MURCIA, comenzaban a llegar al punto de encuentro, la Estación de Servicio Las Salinas.
Tras los saludos, un rápido café, los ajustes en le casco, guantes, GPS y el inconfundible olor a gasolina que precede a la aventura, nos subimos y arrancamos las motos. Con los depósitos llenos y el espíritu alto, la columna de motocicletas se puso en marcha, buscando la libertad que solo se encuentra sobre dos ruedas.
Nuestro objetivo principal las vistas desde el mirador metálico del faro de Santa Pola, en lo alto de los acantilados del cabo del mismo nombre.

vista de la E.S. las Salinas (carretera de Fortuna)

La primera etapa de este fácil y tranquilo recorrido, nos llevó por la carretera en dirección a Fortuna. El grupo, rodando en formación escalonada, alcanzó pronto la icónica rotonda presidida por la inmensa bandera española, un hito visual que marca nuestro giro hacia el corazón hídrico de la zona: la presa del embalse de Santomera. 



 Allí, las aguas tranquilas reflejaban el cielo, pero no será una de las paradas previstas; la ruta continúa. Nos adentramos por el sinuoso Camino del Pantano, una vía que exige atención por su estrechez, pero que se disfruta ya que discurre entre huertos de cítricos y altos paisajes de la sierra de Orihuela. Proseguimos nuestro recorrido ahora a través del Barrio de los Mauricios y la Venta del Corregidor. El paisaje rural murciano se deslizaba a los costados de nuestras viseras hasta desembocar en la salida a la calle Tetuán, conectando brevemente con la arteria de la carretera N-340.

Avanzamos por esta nacional durante aproximadamente 3,6 kilómetros, durante los cuales cruzamos las pequeñas localidades de Raiguero de Poniente (se asocia con la zona de la Región de Murcia y la Vega Baja del Segura) y Raiguero de Levante (se asocia con la zona de la Sierra de Orihuela cerca de La Aparecida). Dejando atrás el tráfico principal, buscamos la singular Carretera de los Tubos. Este tramo, conocido por su trazado paralelo al canal del trasvase Tajo-Segura, nos guio con ritmo constante en dirección a Arneva, situada en la falda de la sierra de Hurchillo y posteriormente a Hurchillo.

Los motores rujen al unísono mientras cruzábamos la vega Baja del Segura, preparándonos para una de las mejores vistas del día.


 Siguiendo por la carretera CV-925, al coronar el ascenso y girar en una nueva rotonda hacia nuestra izquierda, nos encontramos con la aparición majestuosa y con hermosas vistas del Embalse de la Pedrera. Grandioso pantano, con sus aguas de un azul turquesa intenso, que contrastan con la tierra árida que lo rodea, un espectáculo que siempre agradece la retina del motero, por lo que hacemos una amplia parada para deleitarnos con estas increíbles imágenes.










Continuamos devorando kilómetros por la CV-945, disfrutando de las curvas hasta llegar a nuestro merecido descanso. El destino para el almuerzo no podía ser más evocador: la Old Station en el municipio de Algorfa. En esta antigua estación de tren rehabilitada, entre risas, anécdotas del recorrido y un buen almuerzo, recargamos energías. Es en estas paradas donde el grupo se consolida, donde "Riders of Murcia" deja de ser un nombre para convertirse en una hermandad.

vistas terraza de Old Station (Algorfa)



Tras dejar nuestra insignia junto a otras muchas, con el estómago lleno y el ánimo renovado, volvemos a las monturas. Cruzamos la autovía AP-7 a través del puente de la carretera CV-940, dejando atrás el interior para buscar el abrazo del Mediterráneo. Atravesamos las localidades de Rojales y Guardamar del Segura, donde el aire ya se tornaba salobre y fresco.

Proseguimos en busca de nuestro principal destino, que no es otro que el Faro de Santa Pola, pero para ello debemos aún cruzar el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola; para ello conducimos por la carretera N-332, que atraviesa dichas salinas ofreciéndonos unas vistas espectaculares de las balsas salineras y la vida silvestre que se encuentra en ellas.

vistas de algunas balsas de las salinas de Santa Pola.

A lo largo de este bello recorrido nos llama la atención una antigua y restaurada torre de vigilancia, es la conocida Torre de Tamarit. Construida en el siglo XVI, en el marco del sistema de torres de vigilancia de la costa levantina implantado por el rey Felipe II.


Nos estamos acercando a nuestro principal destino, el faro de Santa Pola, circunvalamos este municipio costero por su vertiente Norte, siguiendo la carretera en dirección Alicante, que ahora hace de frontera entre las salinas y la ciudad.
El tramo final es una larga recta que finaliza en la entrada de las instalaciones del faro y desde donde parte un camino con firme de madera que lleva hasta el Mirador de Santa Pola.



Al llegar, apagamos los motores y el silencio del acantilado nos recibe.  Desde las alturas, con la Isla de Tabarca flotando en el horizonte y el mar extendiéndose hasta el infinito, el grupo Riders of Murcia completó su objetivo.



Este faro de Santa Pola se halla emplazado en el extremo este del Cabo de Santa Pola, sobre una antigua torre vigía del siglo XVI denominada Atalayola. Fue instalado en 1858 para la orientación de los barcos que por la noche navegan por estas costas, sobre todo para los buques de la Armada, que en el año de su construcción fondeaban en la bahía de Santa Pola.


Actualmente posee un foco luminoso situado a 152 metros sobre el nivel del mar y a 15 sobre el terreno. El color de la luz es blanco y el intervalo de destello es de 20 segundos; su alcance máximo es de 16 millas y es un referente visual de gran ayuda para la navegación.





Tras disfrutar y recrearnos con las vistas que hay desde el mirador y la sesión fotográfica, nos disponemos a visitar las antiguas instalaciones militares de la Guerra Civil Española que aún quedan por las inmediaciones.

vista del grupo junto a la casamatica punto de telemetría. 

vista base asentamiento batería antiaérea. 

Volvemos a las motos, el rugido de los motores rompe el silencio en las alturas del Faro de Santa Pola. Desde este balcón privilegiado, con unas maravillosas vistas, iniciamos nuestra ruta de vuelta, ajustando los guantes y respirando la brisa fresca. Dejamos atrás la pasarela metálica del mirador para descender buscando el nivel del mar hacia el norte, en dirección a Los Arenales del Sol.



Una vez rozamos la zona de playa, encaramos el tramo más espectacular y vibrante de la jornada: la carretera del Carabassí. Rodamos justo bajo el imponente acantilado del cabo, un escenario de película donde el contraste es brutal. 



A nuestra derecha, la pared de roca vertical y sus estratos geológicos; a nuestra izquierda, las dunas vírgenes, una sucesión de playas y el azul intenso del Mediterráneo. Trazar estas curvas suaves con el olor a salitre colándose en el casco es puro placer motero.
Justo frente a la ermita de blancas paredes de la Virgen del Rosario, donde comienza la zona del Carabassi, hacemos una parada en la cala de la Madre de Dios, con el fin de disfrutar de este precioso lugar.







Miramos hacia el norte y alcanzamos a ver la ciudad de Alicante y su característico castillo de Santa Bárbara, si por el contrario echamos nuestra mirada hacia el sur divisaremos la isla de Tabarca. Enfrente de nosotros, el Mar Mediterráneo bajo un cielo despejado, a nuestras espaldas una hermosa pared montaña que sostiene como atalaya el faro de Cabo de Santa Pola cargado de historia.

Continuamos la marcha alcanzando y cruzando el casco urbano de Santa Pola, dejando su puerto pesquero en el retrovisor para poner rumbo al interior. El paisaje se transforma radicalmente mientras nos acercamos a Elche; el horizonte azul da paso al verde histórico del Palmeral, Patrimonio de la Humanidad, que nos da la bienvenida entre avenidas amplias.

Finalmente, buscamos la incorporación a la autovía A-7. Ponemos la moto en la marcha sexta y activamos la velocidad de crucero, disfrutando de una vuelta relajada. El asfalto de esta autovía nos devuelve suavemente a la ciudad de Murcia, cerrando una ruta circular perfecta que ha unido huerta, mar, acantilados y palmeras en una sola mañana.